La Casa Blanca no calculó bien la guerra contra Irán. No solo lo dicen opositores del presidente Donald Trump e integrantes de su gobierno, sino que así ha quedado demostrado tras dos semanas de ofensiva contra la República Islámica, cuya respuesta igualmente ha tomado por sorpresa a Washington.
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Los objetivos, al inicio, aunque diversos, parecían claros e incluso alineados con los de Israel. Según lo que dijo el presidente Donald Trump en su primer discurso, el plan era aniquilar la capacidad militar y nuclear de Teherán, considerada por Estados Unidos y las autoridades en Tel Aviv como una amenaza existencial, pero asimismo lo era un cambio de régimen.
Hoy, aunque Trump ha dicho que es “temprano” para hablar de eso, la administración estadounidense no descarta otros objetivos como tomar control de los recursos petroleros de Irán. Mientras tanto, la duración de la guerra es incierta. El presidente republicano ha dicho que la tarea está prácticamente completada, pero también que la ofensiva podría extenderse o que Estados Unidos “seguiría adelante más decidido que nunca”.
Entretanto, el mercado mundial sufre los efectos: los precios de la energía se han disparado en medio del bloqueo del estrecho de Ormuz, que separa al golfo Pérsico del de Omán y por donde transita cerca del 20 % del petróleo del mundo. Irán ha amenazado con atacar a cualquier barco que navegue por allí. Más preocupante todavía es que Estados Unidos parece no tener ninguna respuesta para esto.
El pasado martes, después de una sesión informativa a puerta cerrada de funcionarios de Trump con miembros del Congreso, el senador demócrata Christopher Murphy escribió en su cuenta de X que la administración “no tiene un plan” para Ormuz: “No saben cómo volver a abrirlo de forma segura”.
Trump levantó sanciones al petróleo ruso, lo que para Ucrania y Europa es una “cachetada”, en palabras de Rafael Piñeros, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Externado. Y aunque el petróleo venezolano se ha mostrado como una alternativa para paliar el problema, lo cierto es que su industria petrolera requiere de dispendiosas inversiones para recuperarse y sacar su potencial. Como señala el docente, Caracas “no puede aumentar sustancialmente su producción para suplir a Irán. De hecho, ante la situación, los demás estados de la Agencia Internacional de la Energía tuvieron que sacar al mercado reservas estratégicas”.
“Dentro del gobierno, algunos funcionarios se muestran cada vez más pesimistas por la falta de una estrategia clara para terminar la guerra. Pero han tenido cuidado de no expresárselo directamente al presidente, quien ha declarado repetidamente que la operación militar es un éxito total”, informaron Mark Mazzetti, Tyler Pager y Edward Wong para The New York Times en un artículo basado en 10 entrevistas con funcionarios.
El senador Murphy, por otro lado, también destacó que en el contenido que se les presentó no figuraba el objetivo de destruir la capacidad nuclear de Irán ni un cambio de régimen. “Van a gastar cientos de miles de millones de dólares de los contribuyentes, provocar la muerte de un montón de estadounidenses, y un régimen de línea dura —probablemente más antiestadounidense— seguirá al mando”, acotó el legislador sobre la reputación que precede al nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenéi, hijo del fallecido ayatola.
El senador apuntó así a un punto clave que puede estar urgiendo a la Casa Blanca a terminar con la guerra: el efecto doméstico. Según datos citados por el Times, a comienzos de semana la gasolina alcanzó un precio de USD 3,48 por galón, casi un 17 % más respecto a los niveles previos al 28 de febrero, cuando se inició la guerra.
Trump, que en el discurso del estado de la Unión el pasado 24 de febrero se jactó de los bajos precios del combustible durante su administración, ha reconocido que la gasolina ha subido, pero “artificialmente”. Ha prometido que volverá a bajar, mientras que la Casa Blanca defiende que es un sacrificio necesario para los “beneficios” de largo plazo que implica doblegar al régimen de Teherán. Sin embargo, es claro que el impacto de la guerra en el costo de vida dificultará poner a la economía como un argumento a favor de cara a las elecciones de medio término de noviembre próximo.
Manuel Camilo González, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de San Buenaventura, apunta además que las “supuestas amenazas para el suelo estadounidense hacen que haya mayor inseguridad para los ciudadanos en Estados Unidos”. En efecto, Trump informó que el FBI está investigando supuestos planes iraníes para atacar desde el mar objetivos en California, en el oeste del país.
Entre los electores seguramente también hay varias preguntas. Por ejemplo, por qué si en campaña Trump se comprometió a no involucrar al país en guerras exteriores está ahora librando una que en apenas los primeros seis días le costó al erario más de USD 11.300 millones. Eso, de acuerdo con informes del Pentágono al Congreso revelados el miércoles por el mismo diario neoyorquino.
Joe Rogan, el popular presentador de pódcast que fue clave para impulsar la campaña de Trump hacia la Casa Blanca, lo criticó en los últimos días calificando la guerra contra Irán como una “locura”. Según él, los estadounidenses se sienten “traicionados”: “Su campaña consistía en no más guerras: acabar con estas guerras estúpidas y sin sentido. Y luego tenemos una que ni siquiera podemos definir con claridad por qué la hicimos”.
Más preocupados todavía están los aliados de Trump en Oriente Medio. “Se preguntan si Estados Unidos los puede proteger si continúan los ataques de Irán. Una cosa es convivir 47 años con un régimen opresivo que estimula el terrorismo, que lo han manejado más o menos. Pero otra es que las acciones de Estados Unidos e Israel conduzcan a acciones desesperadas de ese régimen y que eso genere mayor desestabilización regional”, comenta Piñeros, sin olvidar el impacto en otros sectores clave para países como Emiratos Árabes, Arabia Saudita o Catar, como el turismo.
“Que se ataque a Irán ha hecho emerger la posibilidad de que resurja el eje de resistencia (liderado por Irán y Hezbolá)”, agrega González. Según él, se quería erradicar un problema, pero le están saliendo más raíces: “Esto resulta en un vecindario inseguro, pese a que el operativo se vendió como una solución de seguridad para Israel y los vecinos árabes”.
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