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15 Jan 2022 - 2:00 a. m.

¿Se le acabó la fiesta a Boris Johnson? Los conservadores ya le buscan reemplazo

El Partido Conservador estudia cómo salir del primer ministro británico, cuyos escándalos comienzan a ser un peso de cara a las elecciones.
Camilo Gómez Forero

Camilo Gómez Forero

Periodista Mundo
Boris Johnson tiene el 23 % de aprobación, uno de los peores índices en la era moderna de Reino Unido.
Boris Johnson tiene el 23 % de aprobación, uno de los peores índices en la era moderna de Reino Unido.
Foto: AFP - AFP

El escenario de la fiesta, el baile y la vida nocturna ha evolucionado bastante en Reino Unido durante los últimos 40 años. En la década de los ochenta, todos querían ir a Manchester y su club The Haçienda, que se convirtió en el centro más cotizado del momento, subsidiado por el temprano éxito de bandas como New Order o The Smiths. Pero al apodado “Palacio del pueblo” le llegó su reemplazo una década más tarde con la aparición de Cream en Liverpool, que pronto se convirtió en una especie de meca para los fanáticos de la música dance.

Ahora, ante la desaparición de estos legendarios recintos, ha surgido en 2022 un lugar en el que las nuevas generaciones de jóvenes británicos sueñan con ir a pasar una buena noche de diversión: el número 10 de Downing Street en Londres. De todos, hasta ahora, es el que tiene el nombre más llamativo para un club. La sede del gobierno de su majestad, residencia oficial y oficina de trabajo del primer ministro de Reino Unido, ha sido el escenario de las fiestas más atrevidas y “escandalosas” en los últimos años en el país, y esto es porque han sido protagonizadas por miembros del gobierno cuando se suponía que todos debían estar encerrados en sus casas y aislados debido a la pandemia de coronavirus.

El 10 de Downing Street ha sido objeto de burlas, memes y comparaciones con los clubes del pasado, desde que en diciembre de 2021 comenzaron a difundirse los rumores de posibles reuniones en la residencia que iban en contra de las regulaciones por el covid-19. El Daily Mirror fue uno de los primeros medios en referirse a la controversia como el “Partygate”, y denunció que por lo menos 10 empleados del gobierno celebraron reuniones en la residencia oficial entre noviembre y diciembre, después de que su fiesta de Navidad fuera cancelada por la pandemia.

Luego de las revelaciones del Mirror, el canal ITV News filtró un video en el que Allegra Stratton, exsecretaria de prensa de Downing Street, sugiere que sí hubo una fiesta en diciembre, pese a que los portavoces del gobierno insistieron por días en que no hubo reuniones por las pautas del covid-19. La filtración dio paso a un escrutinio más amplio sobre el comportamiento del gobierno.

The Guardian publicó una foto, con fecha del 15 de mayo de 2020, en la que se observa al primer ministro, Boris Johnson, compartiendo una tabla de quesos y copas de vino en el jardín de su residencia con miembros de su equipo. Para ese momento las pautas indicaban que no se podía salir de casa sin una excusa razonable y que se debía obedecer el distanciamiento social. En la foto no se observa distanciamiento entre Johnson y sus colegas.

La última gran controversia estalló el miércoles de esta semana, cuando ITV News filtró un correo de mayo de 2020, en el que se ve a un funcionario del gobierno invitando a un centenar de personas al jardín de la residencia oficial para compartir bebidas luego de un período “increíblemente ocupado”.

“¡Tare tu propia bebida!”, se lee en el correo.

A la fiesta acudieron alrededor de 30 a 40 personas y Johnson dijo haber asistido durante solo 25 minutos pensando que era “un evento de trabajo”. Aunque el primer ministro se disculpó por lo sucedido, sus palabras únicamente sirvieron para enojar más a la oposición. El líder del Partido Laborista, Keir Starmer, señaló que la defensa de Johnson era “tan ridícula”, que en realidad era ofensiva, y pidió la renuncia a su cargo. “La fiesta se acabó”, tuiteó Starmer.

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Pero los problemas para Johnson, en lo que ha sido la semana más desastrosa para su gobierno, no habían terminado allí. El viernes, el Daily Telegraph publicó que el personal de Downing Street sostuvo otra fiesta el 17 de abril de 2021, en pleno pico de contagios, por la partida de dos colaboradores: James Slack, quien ahora es el subdirector de The Sun, y uno de los fotógrafos personales de Johnson. El mayor lío con esta reunión fue que se dio no solo en medio de la emergencia sanitaria, sino en un período de luto nacional, pues el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, acababa de morir, y su esposa, la reina Isabel II, asistía a su funeral mientras el personal estaba de fiesta. Inmediatamente después de que se supo esta última revelación, Johnson tuvo que presentarle disculpas a la monarca por los festejos en la víspera de su marido.

Para rematar lo anterior, los usuarios de internet revivieron durante esta semana un clip de Johnson, aparentemente de la época cuando era alcalde de Londres, bailando al ritmo de “All Night Long” de Lionel Richie con una mujer que está portando un sable de luz de Star Wars. “Everyone’s dancing their troubles away (Todos bailan sus problemas)”, como dice la canción.

¿Se le acabó la fiesta a Johnson?

El gobierno de Johnson enfrenta cada vez más presión debido a los eventos celebrados durante los cierres. En total se habla de por lo menos cuatro a cinco fiestas. Pero esto, cabe resaltar, no es lo que pone a tambalear al primer ministro. La sordidez para atender las necesidades de los ciudadanos, los problemas económicos y la traumática operación de salida de la Unión Europea han marcado el hartazgo de la gente con Johnson, cuya popularidad ha caído por debajo del 30 %. Esto es remarcable, considerando que el Partido Laborista tiene ahora la mayor ventaja sobre los conservadores desde diciembre de 2013, con 10 puntos de diferencia. Y, según expertos, la popularidad de Starmer continuará creciendo.

El bajón en la popularidad de Johnson se traduce en la falta de respaldo de su partido, que además de condenar el comportamiento de Downing Street, sabe que el liderazgo del primer ministro puede causarle una gran derrota electoral a los tories. El descalabro ya se vio en las elecciones especiales en el distrito de North Shropshire, donde los tories perdieron un escaño que defendían hace casi 200 años.

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Las conversaciones sobre derrocamientos en el Partido Conservador, es bien sabido, son tan viejas como sus escándalos. Tan pronto como asume el cargo, el primer ministro ya se enfrenta a los planes de sus propios colegas para reemplazarlo, y esta no es la excepción. En el sonajero están Rishi Sunak, actual ministro de Economía, quien lidera las apuestas para suceder a Johnson, seguido por Liz Truss, secretaria de Relaciones Exteriores, y Michael Gove, secretario de Vivienda. También se ha hablado de Jeremy Hunt, exsecretario de Salud y actual presidente del Comité de Salud de los Comunes, aunque todas son especulaciones por el momento.

La cuestión, luego de las revelaciones de esta semana, ya no es si Johnson se va, sino cuándo y cómo. Como decía el exprimer ministro Harold Wilson, “una semana es mucho tiempo en política”, y cada minuto perjudica más a los tories de cara a las futuras elecciones, pues Johnson ya no es un hombre para ganar. El historial indica que Johnson tiene con 23 % el peor índice de aprobación de la lista de líderes conservadores modernos antes de que estos decidieran renunciar. Detrás de él, aunque muy cerca, está Margaret Thatcher, quien tuvo el 26 % de aprobación en su último mes de gobierno antes de renunciar en 1990. En otras palabras: anteriores políticos se han ido del cargo en mejores circunstancias de las que está Johnson. Ahora que sus problemas políticos comienzan a arrastrar a su partido, solo resta por ver si renunciará por su cuenta, por una presión informal de los líderes tories o esperará a que le hagan una moción de censura en el Parlamento. La fiesta para él se ha acabado.

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