El Espectador conversó con Clémence Guetté, diputada y vicepresidenta de la Asamblea Nacional de Francia, activista progresista, responsable del programa de La Francia Insumisa y copresidenta del Instituto La Boétie.
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La entrevista se hizo en el contexto de su visita a Bogotá, donde asistió a la reunión “Nuestra América” convocada por el grupo de izquierda Internacional Progresista, que contó con la participación del gobierno colombiano y reunió a más de 20 delegados de distintos países para debatir y reflexionar sobre la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y el fortalecimiento de la narrativa de una nueva “doctrina Monroe”, impulsada por Donald Trump.
¿Cuál fue su propósito y qué objetivos tenía al asistir a la reunión “Nuestra América” el fin de semana?
Fue una reunión de urgencia convocada por una organización llamada Internacional Progresista, con la cual la France Insoumise ya tenía vínculos y relaciones. Desde lo ocurrido el 3 de enero, con el secuestro del presidente Maduro y su esposa en Venezuela, nos hemos preguntado cómo fortalecer nuestro relacionamiento con los pueblos de América Latina.
Para nosotros era importante venir por varias razones. La primera fue mostrar nuestro apoyo a los pueblos de América Latina. Llegaron alrededor de 20 o 25 delegaciones, principalmente de América Latina, pero también de Europa. En Francia, la France Insoumise está en la oposición y no estamos de acuerdo con la línea internacional del presidente Emmanuel Macron. Por eso también era importante estar aquí.
Consideramos que Trump no solo amenaza la soberanía de América Latina, sino también el derecho internacional y el sistema de Naciones Unidas. Esto representa una amenaza grave para la paz mundial y hacía necesaria esta reunión de urgencia.
¿Qué papel pueden jugar los parlamentos y otros órganos democráticos en la defensa de la soberanía del sur global?
En la Asamblea Nacional existen los llamados grupos de amistad. Por ejemplo, soy parte del grupo de amistad franco-colombiano y también integro la Comisión de Asuntos Exteriores. Estas instancias permiten pronunciarse sobre la situación internacional, expresar solidaridad e incluso interpelar a diplomáticos. Francia también es parte de la Unión Europea, lo que amplía nuestro margen de acción. Para nosotros fue un escándalo que Trump incluyera al presidente Gustavo Petro en una lista vinculada al narcotráfico (la lista Clinton).
Pero las amenazas no se limitan a América Latina: también están dirigidas a Europa, como en el caso de Groenlandia, que está bajo soberanía danesa y forma parte del espacio europeo. Esto también se observa con la guerra comercial, permitida por la economía financiarizada, que Trump está librando con cualquiera que no ceda a sus exigencias.
¿Qué balance hacen de la reunión de Nuestra América y de sus principales consensos?
Fueron dos días de debates muy intensos. Hubo un gran encuentro en el Teatro Colón, con cerca de 400 personas. Las delegaciones emitieron una declaración conjunta cuyo eje central fue reafirmar la soberanía de los pueblos y su derecho a la autodeterminación.
No se trató solo de una declaración simbólica. Se plantearon propuestas concretas, como volver a reunirse en este formato y avanzar en cooperaciones económicas y estratégicas. Hubo presencia de ministros, por ejemplo, de Honduras. Como europeos, también firmamos una declaración de apoyo junto a los españoles de Podemos y representantes británicos de Your Party.
Para nosotros esto es importante también porque en 2027 habrá elecciones presidenciales en Francia. La France Insoumise es la principal fuerza de izquierda de la oposición y aspira a gobernar. Estos espacios permiten promover una Francia no alineada, que vuelva a apostar por la ONU y que aprenda de las experiencias de los gobiernos latinoamericanos.
¿Cuál es la posición frente al manejo del gobierno francés y los pronunciamientos internacionales de Macron?
Hemos sido muy críticos de la posición internacional de Macron durante sus ocho años de gobierno. El punto de quiebre fue su falta de una postura clara frente al genocidio en Gaza y su alineamiento con Estados Unidos. Desde entonces, nuestra oposición se ha endurecido.
Fuimos de los pocos en Francia en denunciar que Trump viola el derecho internacional, tanto en Venezuela, como en sus amenazas a México y Groenlandia. Macron ha intentado mantener una relación flexible con Trump, creyendo que se puede negociar con el imperialismo. Pensamos que ahora, con el caso de Groenlandia, empieza a salir de esa ingenuidad y nuestro discurso se vuelve más audible.
La guerra en Ucrania también ha evidenciado la debilidad de la voz francesa, que ha sido marginada en las negociaciones. Esta actitud de humillación es típica del imperialismo, que también se expresa cuando Trump ridiculiza a Macron públicamente.
Recientemente calificó a Trump como la versión más violenta y grosera de siglos de agresiones contra América Latina. ¿Podría profundizar en eso?
Como movimiento de izquierda radical, admiramos profundamente la resistencia latinoamericana frente a la colonización europea y al imperialismo estadounidense. Trump es una caricatura del imperialismo y el neoliberalismo, pero no trae nada nuevo. Esta lógica viene desde la Doctrina Monroe, se endureció con Roosevelt y hoy se refuerza con lo que podríamos llamar un “corolario Trump”. Eso significa que los Estados Unidos solo sirven y siempre han servido a sus propios intereses.
En la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos se reafirma el control sobre toda América y también sobre Europa. Groenlandia es vista como un punto estratégico en su conflicto con Rusia y China y una reserva de tierras raras. Para Trump, los pueblos europeos y latinoamericanos son piezas de una estrategia expansionista y extractivista.
¿Cómo debe articularse la respuesta entre movimientos progresistas europeos y latinoamericanos?
Creemos en la presión popular y en la coordinación internacional. Cuando dirigentes latinoamericanos llaman a manifestarse, eso es clave. Crear redes entre responsables políticos progresistas nos da más fuerza.
También es fundamental reinvertir políticamente en la ONU. Francia tiene derecho a veto en el Consejo de Seguridad. No convocamos reuniones tras lo ocurrido en Venezuela, ni hemos impulsado suficientemente el reconocimiento del genocidio en Gaza. Además, Francia es miembro de la OTAN, una alianza militar diseñada a medida para y por los Estados Unidos. Entonces, Francia debe salir de la OTAN.
Estados Unidos intenta marginar a la ONU con iniciativas como su supuesto “Consejo de Paz”, integrado por gobiernos autoritarios. Esto hace aún más urgente reorganizarse.
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