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Pedro Sánchez volvió luego de que lo forzaran a salir de su propio partido, llegó al poder con una moción de censura y conservó el Gobierno en 2023 pese a perder en votos. Así se ganó la fama de un líder capaz de sobrevivir a todo. El lunes, el presidente español decidió poner a prueba su suerte de nuevo.
Menos de 72 horas después de que el Congreso tumbara sus decretos para afrontar la crisis de vivienda, Sánchez disolvió las Cortes y convocó elecciones generales para el 29 de noviembre, más de medio año antes de lo previsto. Es la tercera vez en ocho años que adelanta los comicios.
La pregunta que se hacen muchos por fuera de España es por qué un líder que carece de popularidad y que acaba de perder una votación clave decide ir a las urnas. La respuesta está en lo que pasa en las calles.
La crisis de vivienda española
Sánchez llama a elecciones en plena ola de protestas tras el desalojo de Maricarmen Abascal, una madrileña de 87 años que tuvo que dejar el piso donde vivió siete décadas. Para intentar calmar las manifestaciones, el presidente español buscaba prorrogar por dos años los contratos de alquiler y el renovar de forma automática e indefinida una vez cumplido el plazo mínimo legal.
En las calles hay rabia por lo que está pasando en el marco de la vivienda. En junio, el alquiler llegó a 15,3 euros por metro cuadrado, el máximo histórico en España, y la tasa de esfuerzo ya ronda el 38 % del salario medio, muy por encima del 30 % que los expertos consideran sano.
Sin embargo, el Congreso no quiso aprobar el remedio que propuso Sánchez. El primero decreto cayó por 178 votos contra 172 y el segundo por 184 contra 166, con el rechazo de Partido Popular, Vox, Junts y UPN. Es decir, de toda la derecha.
De Ceuta a la vivienda: el cambio de guion
Pero hasta hace diez días, la conversación era otra. El Gobierno estaba contra las cuerdas por la gestión de la crisis migratoria en Ceuta, donde aún intenta trasladar a cientos de migrantes que entraron de forma irregular. A eso se sumaban los escándalos judiciales en su entorno. Sin embargo, la caída de los decretos le cambió el guion al oficialismo.
"Ha encontrado aquí una ventana de oportunidad", dijo a CNN el politólogo Pablo Simón, de la Universidad Carlos III.
La vivienda le permite no hablar solo de inmigración, un terreno cómodo para la derecha, y le da la oportunidad de pelear en uno donde la oposición del PP y Vox votaron en contra de medidas populares entre el votante.
De hecho, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Sánchez ya tiene eslogan para las próximas elecciones: votar con V de vivienda o B de buitre.
El facotr del tiempo era clave para cambiar el guion ahora. Según Javier Lorenzo, también profesor de la Carlos III, la movilización ciudadana beneficia a Sánchez ahora, pero en tres o cinco meses el escenario sería mucho más difícil.
"Ese momento de movilización de tu propio potencial electorado te beneficia en un momento de alto desgaste”, le dijo Lorenzo a CNN.
Por esto mismo, el Gobierno volverá a aprobar los decretos este martes y los llevará a la Diputación Permanente del Congreso, donde la izquierda junto al PNV sí tiene mayoría y no necesita a Junts.
¿Es una buena estrategia llamar a elecciones ahora? Bajo la lógica que manifiestan los expertos, sí. Los números no le alcanzan a Sánchez. El barómetro de septiembre del Centro de Investigaciones Sociológicas le da al PSOE el 31 % de los votos, suficiente para ganar, pero no para gobernar. El Partido Popular tendría el 25,5 % y Vox el 16,6 %, una suma que les permitiría formar gobierno.
Simón insiste en que el adelanto sirve para minimizar el daño que podría causar una elección en el plazo que fijaba antes el calendario. Unas elecciones en más de seis meses dejarían la puerta abierta a que los escándalos de la izquierda volvieran a ocupar la agenda noticiosa, por encima de la crisis de vivienda como en la actualidad.
Cabe destacar que Sánchez ya hizo esta jugada en 2023, cuando adelantó elecciones tras perder casi todo el poder regional. El PP ganó en votos, pero él conservó el Gobierno gracias a sus pactos. Aunque esta vez la maniobra tiene un factor de alto riesgo.
“A quien perjudica (este adelanto electoral) es a los partidos a la izquierda del PSOE, que están desarticulados”, dice Simon.
El sistema electoral español reparte los escaños por provincias, y en muchas de ellas solo se eligen dos, tres o cuatro diputados. Con tan pocos puestos en juego, los partidos pequeños necesitan un porcentaje alto para entrar, y los votos que no alcanzan se pierden. Por eso la izquierda paga caro presentarse dividida. Ya ocurrió en las elecciones de noviembre de 2019, cuando Podemos y Más País compitieron por separado y se restaron votos en las provincias pequeñas.
Esa lección llevó a Yolanda Díaz a crear Sumar en 2023, una plataforma que reunió en una sola lista a Podemos, Izquierda Unida, Más Madrid y otros partidos regionales. Pero unidad ya se rompió. Si sus herederos llegan a noviembre sin candidato ni una lista común, el bloque de Sánchez puede perder diputados aunque no pierda votos.
Los partidos de Sumar se reagruparían como Frente Amplio, pero de momento no tienen candidato. Si a la izquierda de Sánchez no hay candidato ni estructura, muchos votantes progresistas pueden concentrarse en el PSOE como voto útil. Convocar ahora, con Sumar desarmado, le permite a Sánchez además capturar ese electorado antes de que el Frente Amplio se organice.
Pero Sánchez no puede gobernar solo. En 2023 necesitó a Sumar más los nacionalistas e independentistas para llegar a la mayoría. Es decir, un PSOE más grande con un socio hundido puede no sumar lo necesario para que Sánchez siga en el gobierno. El futuro de la izquierda española dependerá entonces de los acuerdos en el Frente Amplio que se puedan dar en las próximas semanas.
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