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17 Dec 2020 - 12:00 p. m.

En la ciudad tunecina donde estalló la Primavera Árabe nada cambió

Hace diez años el vendedor ambulante Mohamed Bouazizi se inmoló en la ciudad tunecina de Sidi Bouzid. Un gesto que cambiaría al mundo, pero que dejó igual el epicentro de la revolución más importante de la última década en los países árabes.

Ricardo Abdahllah, desde Sidi Bouzid (Túnez)

Hace diez años estalló el movimiento social más importante de los últimos tiempos en el mundo árabe en la ciudad tunecina de Sidi Bouzid.
Hace diez años estalló el movimiento social más importante de los últimos tiempos en el mundo árabe en la ciudad tunecina de Sidi Bouzid.
Foto: Ricardo Abdahllah

Sobre la avenida principal de la ciudad de Sidi Bouzid, en el centro de Túnez, pueden verse el monumento en piedra que representa la carretilla de un vendedor ambulante, un poco más allá el retrato de un hombre que cubre toda la fachada de la oficina de correos y a dos pasos, un edificio de estilo tradicional que las hierbas han empezado a tragarse.

El 17 de diciembre del 2010, el hombre del retrato estaba vivo, la carretilla le servía para mantener a sus seis hermanos y el edificio era la sede de la gobernación, que representaba en la ciudad al gobierno de Zine el-Abidine Ben Ali, que para entonces llevaba ventitrés años, un mes y diez días, a la cabeza de un país que manejaba, con mano firme, como su feudo personal.

El 17 de Diciembre del 2010, desesperado por una nueva confiscación de su carretilla (la del monumento de piedra) , el hombre del retrato (su nombre era Mohamed Bouazizi, su familia lo llamaba Basboussa, tenia 26 años,) decidió no pagar un soborno más a los policías, dirigirse a la gobernación y poner una queja.

Los testimonios varían sobre si solo lo sacaron de la gobernación a empujones o además una funcionaria le dio una bofetada. El caso es que Bouazizi regresó horas después, se roció con gasolina y se prendió fuego. El 17 de Diciembre del 2010 ocurrió aquí el hecho más importante de lo que va del siglo XXI.

El incendio que fue chispa

Por supuesto los atentados del 11 de septiembre del 2001 o el momento en el que el COVID-19 saltó entre especies para infectar por primera vez a un ser humano son serios competidores , pero el gesto de Bouazizi, que sobrevivió tres semanas a pesar de sus quemaduras, no sólo representaría el final del reino de Ben Ali. Menos de un mes después, el levantamiento popular egipcio obligaría al presidente Hosni Mubarak a abandonar el país que dirigió durante casi tres décadas. El reinado de cuarenta años de Muamar Gadafi en Libia sobreviviría apenas hasta agosto del año siguiente.

Los patrulleros que confiscaron la mercancía de Bouazizi en medio del invierno tunecino no podían imaginar que daban inicio no sólo a la “Primavera Arabe” sino a las sucesivas olas de migraciones desde el África Subsahariana hacia Europa que, aprovechando el vacío de poder en Libia tras al muerte de Gadafi , aún están lejos de detenerse .

Además por supuesto de la Guerra Civil en Siria desatada por la represión de Bashar al-Asad contra las movilizaciones populares y sin la cual no se hubieran producido ni el éxodo masivo de la población del que fuera una de los países más estables del Medio Oriente ni el surgimiento del Estado Islámico, causa a su vez de decenas de atentados en todo el mundo y de la consolidación de los populismos de extrema derecha en Europa.

El nuevo mercado, los viejos problemas

Como cada año en la víspera del aniversario, los pobladores de Sidi Bouzid aún discuten si la palabra “mártir” , que adorna el retrato de la fachada de la oficina de correos es precisa; en cambio están de acuerdo en que Bouazizi fue el símbolo de un momento de esperanza, que ahora comienza a parecerles lejano.

La situación de los vendedores de frutas, por ejemplo, no ha mejorado. A pesar de que a un par de calles de la antigua gobernación , y gracias en parte a fondos europeos , se ha construido un mercado cubierto, los comerciantes prefieren estacionarse en las calles aledañas.

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“Simple, es por ahí por donde pasan los clientes” dice uno de ellos “y como la gente compra apenas lo del diario, no se van a meter a los corredores del mercado. ¿Sabe por qué hay tantos puestos de ropa de segunda? Porque ya ni ropa nueva podemos comprarnos”

“Sidi Bouzid es una región de agricultores, pero es tanta la plata que se pierde en intermediarios, que ellos ni siquiera pueden comprar la comida que producen sus vecinos” " dice la activista local Monira Bouazizi “para hombres y mujeres es igual de difícil y ahora el Coronavirus se ha convertido en la excusa perfecta del gobierno para desentenderse de todos nuestros problemas”.

“De todas maneras, en Túnez no le tenemos miedo al COVID” dice Moez, quien a pesar de haberse graduado de la universidad lleva desde el 2016 sin conseguir trabajo.

“Cada año la gente viene aquí para recordar la revolución, pero en el fondo la situación está tan mala que mucha gente ha terminado por extrañar la vida como era antes”

Para conmemorar los diez años de la revolución , Moez realizará un performance en la carretera que lleva de Sidi Bouzid a la ciudad de Sbeitla.

“La idea es usar falsas esposas y cadenas para mostrar que a pesar de la Revolución nos falta mucho para ser libres” explica .

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Lo acompañaran decenas de jóvenes como el, que no se resignan a renunciar a sus carreras para entrar en la “Hadhira”, un sistema creado por Ben Ali y aún en funcionamiento, en el que los desempleados reciben alrededor de cien dólares mensuales a cambio de estar disponibles para trabajos de construcción o jardinería al servicio del estado.

“No queremos aceptar que las únicas opciones que nos deja el país son la Hadhira, el hambre o el exilio” dice una de sus acompañantes.

En la tarde del miércoles , bajo el retrato en la fachada de la oficina de correos, junto al monumento de la carretilla de frutas, a dos pasos de la antigua Gobernación, tres hombres preparan la tarima para las celebraciones oficiales. Habrá tiros de salva en honor de Bouazizi, discursos de las autoridades locales y en la tarde conciertos de rap y música tradicional. Un grupo de hombres con la edad que Bouazizi tendría si siguiera vivo reparte volantes con el programa.

“Esta celebración no es nuestra” dice un pasante que afirma que diez años atrás comenzó a protestar “antes robaba solo una familia y ahora diez. No sólo hasta la revolución nos la robaron, sino que ahora nos siguen haciendo pagar el precio de haber participado en ella”.

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