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Japón, guía de cómo prepararse para terremotos: ¿qué hace diferente al resto?

Japón tuvo tres terremotos fuertes esta semana y cero muertos. Así se convirtió en un ejemplo de preparación para todo el mundo.

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Camilo Gómez Forero
26 de junio de 2026 - 09:31 p. m.
Japón conmemoró en abril el décimo aniversario del sismo precursor de los terremotos de Kumamoto de 2016.
Japón conmemoró en abril el décimo aniversario del sismo precursor de los terremotos de Kumamoto de 2016.
Foto: EFE - JIJI PRESS
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El mismo día en el que Venezuela fue sacudida por dos poderosos terremotos de 7,2 y 7,5 en menos de un minuto, Japón también registró un potente sismo de 7,3 en la prefectura de Fukushima. Un día después, otro movimiento de 7,2 hizo sonar las alarmas. Este viernes, otro más, de 5,8, se sintió con intensidad. Pero, a diferencia de las escenas que se viven en La Guaira y el norte del territorio venezolano, no hay pérdidas humanas y los daños son limitados. La receta ha sido la de décadas de prevención.

Terremoto en Japón: así se preparan

Japón no es un país con menos riesgo sísmico que Venezuela. Según datos de las autoridades locales, se llegan a experimentar unos 1.500 terremotos perceptibles al año. Por eso mismo, la decisión del gobierno hace décadas fue prepararse para lo peor.

Las primeras normas de construcción antisísmica llegaron tras el terremoto de 1923, que mató a más de 140.000 personas, según recogió la revista National Geographic. Para Keith Porter, ingeniero jefe del Instituto para la Reducción de Pérdidas Catastróficas de Canadá, “la mejor manera de prepararse para los grandes terremotos suele ser una tarea ardua, basada en los conocimientos adquiridos en catástrofes anteriores”, como le contó a la revista.

Desde entonces, los códigos se han actualizado de forma constante, con una reforma clave en 1981 que exige que edificios, hospitales, colegios y puentes soporten sismos de enorme intensidad. La ley japonesa, explican los expertos, dice que el edificio simplemente no debe derrumbarse. El objetivo principal es no escatimar gastos en la seguridad, reconociendo que la protección de la estructura acarrea costos más elevados.

“El edificio se considera un éxito si no se derrumba ni mata a nadie, aunque los daños sean tan grandes que no puedan repararse económicamente”, explica Porter.

Vea también: La ruina de los bomberos en Venezuela: piden celulares prestados para alumbrar los rescates

Los edificios se fortifican con vigas, pilares y muros más gruesos. También se instalan materiales como caucho en la base de los cimientos para amortiguar el impacto del movimiento propio de la estructura, o se pone un acolchado grueso que sirve como capa de separación entre el edificio y la tierra.

“Muchos edificios, sobre todo hospitales y estructuras críticas importantes, se apoyan en estos (cojinetes) de goma para que el propio edificio pueda balancearse”, explicó Miho Mazereeuw, profesora asociada de Arquitectura y Urbanismo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), a CNN.

Luego del terremoto mortal de 1995, el país cambió de objetivos: ya no solo se trataba de construir nuevos edificios con medidas de protección, sino de adaptar la arquitectura antigua para que también resistiera.

A esto se suman las estrategias tecnológicas y blandas como un sistema de alerta temprana que envía avisos a millones de teléfonos celulares segundos antes de que lleguen las ondas sísmicas, tiempo suficiente para detener trenes de alta velocidad y paralizar procesos industriales, según destaca el medio Mundiario.

Las medidas de prevención se fomentan desde temprano. Los niños participan en simulacros de evacuación desde la escuela. Las familias mantienen kits de emergencia con agua, alimentos, linternas y medicamentos. De hecho, cada 1 de septiembre se celebra el Día Nacional de Prevención de Desastres, con ejercicios en todo el país.

El profesor Toshitaka Katada, de la Universidad de Tokio, dijo que “probablemente no haya ningún pueblo en la Tierra tan preparado para los desastres como los japoneses”, según la agencia AP.

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Venezuela, en cambio, se encontraba con infraestructuras envejecidas, edificios vulnerables y una capacidad de respuesta inmediata muy limitada. Las labores de rescate se han visto dificultadas por los daños en carreteras, hospitales y servicios básicos, mientras miles de personas tuvieron que dormir en la calle por miedo al colapso de los edificios que seguían en pie.

“Conceptualmente, todo se reduce a la idea de que, en lugar de resistirse al movimiento de la Tierra, hay que dejar que el edificio se mueva con ella”, explicó Mazereeuw, autor del libro “Diseño antes del desastre”, quien agrega que la clave japonesa, más allá de la innovación, fue aprender de sus desastres pasados. Una lectura que puede calar hoy entre la impactada sociedad venezolana que ya exige cuentas al gobierno por la falta de preparación.

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