“Robledo quería ser el jefe único, y así no se puede”: presidente del Polo

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Una semana después de la separación del MOIR y Jorge Robledo del partido de oposición, su presidente, Álvaro Argote, rompe el silencio y revela el intríngulis de por qué esa facción terminó montando rancho aparte. “Siguen con el fantasma de Petro metido”, alega.

Hace casi una semana, justo el sábado pasado, una amplia mayoría del Polo Democrático Alternativo votó sí y le hizo una concesión al senador Jorge Robledo y toda el ala del MOIR (Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario) para montar rancho aparte. El golpe no es menor, pues se trata del senador más votado de la colectividad. Si bien hasta ahora el presidente del Polo, Álvaro Argote, había guardado un silencio prudente sobre el intríngulis detrás de la escisión, en diálogo con El Espectador se destapa y da cuenta de los detalles que precipitaron el divorcio.

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Aunque admite que fue una sorpresa y no lo esperaban, alega que Robledo y su combo tenían desconfianzas internas, se anticiparon e irrespetaron un acuerdo previo para hacer una gran consulta en la que, incluso, tenía cabida el senador Gustavo Petro, quizá el mayor detonante de la separación. Dice además que Robledo puso condiciones que no podían aceptar, que las curules deberían ser de los partidos y no de los candidatos, y que Dignidad (el movimiento que lanzó el senador escindido) se enfrenta a un sin salida jurídico “muy duro”.

¿De cuándo datan las diferencias con Robledo? ¿Él se levantó bravo un día o eran de hace tiempo?

Esas diferencias son históricas. No son de ahora. Tan históricas son que datan del origen mismo de la izquierda en Colombia, que ha estado pegada a unas líneas internacionales: la soviética y la china. La primera se expresó en la lucha armada con las Farc y en la desarmada con el Partido Comunista. De la segunda salió el maoísmo, que se expresó en la lucha armada con el EPL y en la desarmada en grupos como el MOIR y otros.

Estos son los partidos más viejos en la historia de la izquierda colombiana. Son grupos que jamás se habían juntado. En 2003, cuando se fundó el Polo Democrático Independiente, ellos no estaban en el partido. Pero cuando nos prendimos como una esperanza en Colombia, ambos miraron que el Polo podría ser una alternativa e ingresaron a finales de 2005. Pero sus contradicciones las trajeron al seno del Polo. Y desde allí han existido. Se ha tratado de llevarlas, pero en las coyunturas electorales presidenciales afloran con mucha fuerza.

Las habituales pujas de poder por quién es el candidato…

En la coyuntura de Carlos Gaviria en 2006 hubo mucha unidad, pero en 2010 comenzó a aflorar la diferencia. En ese momento hubo dos precandidatos: Gaviria y Gustavo Petro. Tuvimos que hacer una consulta y al interior del cada quien se alineó con alguno. Ganó Petro y hubo sectores que no gustaban mucho de él. Desde allí comenzó a abrirse la discrepancia, porque el sector gavirista –del que hacía parte Robledo– no era muy afecto a que Petro fuera el candidato, tan es así que la diferencia entre los votos que sacó Gaviria en 2006 (2,6 millones) y Petro en 2010 (1,3 millones) fue abismal: más de la mitad.

Luego vino 2014, con la candidatura de Clara López, que logró unificar un poco a estas dos corrientes. Ella subió la votación respecto a Petro (1,9 millones), pero también emigró. Llegó 2018 y –sino por unanimidad, pero la mayoría–, decidimos que había que buscar un camino más al centro y apoyamos a Sergio Fajardo. Como Robledo fue el precandidato del Polo, pues su voz influyó mucho y él fue más proclive a Fajardo que a Petro.

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Apoyamos a Fajardo en primera vuelta, pero había unos líderes importantes que no eran muy afectos a eso, como Iván Cepeda. En la segunda vuelta la dirección del Polo discutió y decidimos que había que apoyar a Petro, pero el grupo de Robledo se salió de la fila y dijo “votamos en blanco”. Eso acabó de darle duro a esa contradicción. Ahora, vuelve la coyuntura presidencial y Robledo quiere ser candidato, con justo mérito. Es un líder importante en el país, muy reconocido, distinguido como el mejor senador que ha pasado por el Congreso y es un cuadro importante que ayudó mucho al Polo. Pero este sector del Polo vuelve a prever que la coyuntura en 2022 será la misma: que Petro va a estar ahí.

¿Hay diferencias fuertes y hasta irreconciliables entre figuras tan destacadas como Cepeda y Robledo?

Históricas sí, por sus orígenes. Pero en lo personal no. Ni en lo personal entre nosotros ha habido maltrato.

¿No era mejor llegar a acuerdos con Robledo, en lugar de dejar ir al senador más votado por estar detrás de Petro, que abandonó hace rato las banderas del Polo?

El Polo no ha tomado la decisión de Petro. Todo lo contrario. Venimos de hacer un evento en el que participó Robledo y su grupo. Nombramos una comisión política, con participación de Robledo y su gente, para hacer un amplio diálogo en el país, con todos, incluso gente de centroderecha que no está de acuerdo con el establecimiento (liberales, conservadores independientes, la U, Roy Barreras y hasta Rodrigo Lara).

Fue una declaración que, incluso, está firmada por ellos. Pero a los 8 o 10 días, nos plantearon que no creían que eso fuera a concluir en algo y pidieron la escisión. Para nosotros no dejó de ser una sorpresa. No estábamos esperando eso. La idea era darnos un plazo de un año, es que esto no está definido.

Creían que el Polo, a lo mejor, repetiría la historia (inclinarse por Petro). Les dijimos, ‘aquí no hemos decidido nada’. Seguimos hablando, pero me plantearon que definitivamente consideraban que son otro proyecto histórico en Colombia y creen, eso es legítimo, que separándose del Polo les puede ir mejor. No hay gente interna que los esté repudiando.

Entonces estaban bien, ¿y de un momento a otro Robledo tomó su decisión?

Por supuesto, tanto que él era precandidato presidencial del Polo, en disputa con Iván Cepeda y Alexánder López. La idea era volver a hacer una consulta, pero eso tampoco le gustó mucho a Robledo. Él no tiene mucha confianza en eso y decía que si la hacíamos los de afuera metían mano. Él tiene cierto prejuicio y nuestros estatutos indican que si hay más candidatos internos debe haber consulta.

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Siempre ha habido eso. Ellos dicen que cuando Petro le ganó a Gaviria alguien metió la mano. No creían que Gaviria, que tenía muchas simpatías, hubiese perdido esa consulta. No creo que otros partidos sean capaces de meterle mano a otro partido. Esas dudas también les ayudaron a tomar esa decisión. Es una desconfianza interna.

Como presidente del Polo, ¿qué piensa de que uno de los dirigentes más importantes crea que al partido le puedan meter mano y ser manoseado por terceros?

Esta historia, como le digo, tiene sus raíces y ojalá las nuevas generaciones pudieran olvidar eso. Es como las memorias de los matrimonios que están a punto de separarse y se sacan todo. Eso no sirve para nada. Tiene incidencia también la aspiración legítima que tiene Robledo de ser candidato y no tiene la suficiente confianza que todo el Polo, que viene de distintos orígenes, lo puede apoyar.

¿Entonces la escisión fue una pataleta o rabieta de Robledo por no tener mayorías?

No pataleta, ni rabieta. Siento que es también una decisión desde el sentido pragmático de la política. La política también tiene que ver con los años que uno tiene y si uno aspira y ve que se le está haciendo tarde... Es un problema generacional también. Es ahora y la mejor oportunidad para Robledo es ahora. Para 2026 serían otras las circunstancias.

Habla de que había un acuerdo con Robledo, pero a él al final no le gustó. ¿En qué términos era?

Eran tres puntos: uno, seguir combatiendo el régimen y dando la pelea contra el gobierno Duque; dos, llamar a un gran acuerdo democrático nacional sin exclusiones –esa palabra está subrayada–, y tres, preparar nuestro congreso interno, que es a voto limpio. Ahí hay que hacerse elegir: son 500 delegados y van por todo el país a que la gente los elija. Ellos querían que la decisión fuera muy temprano y esta pandemia no nos dejó hacer el congreso. Insistimos en esperar, ¿por qué tiene que ser ahora? Si las inscripciones para presidente inician en febrero de 2022.

Es decir, se juntó todo: afán, desconfianza y viejas rencillas...

Para mí, más que desconfianza, es inseguridad del sector de Robledo de no tener la fuerza interna suficiente para ser el candidato del partido. Pero también había otro punto que no podíamos aceptar: decían que en el evento en el que Robledo fuera el candidato, sería autónomo para tomar la decisión en caso de eventuales alianzas. El Polo reivindicó que quien tomará esa decisión final es el partido y no el candidato.

¿Está de acuerdo con la escisión? Lo pregunto por esa tesis de que las curules son de los partidos y no de las personas.

Las curules son de los partidos. Las curules las ganan los partidos, con excepciones como lo de Álvaro Uribe o Antanas Mockus. De resto nadie. Robledo no habría salido al Senado sin el concurso de todo el partido. La ley electoral no ha dejado que las curules sean de los partidos, que el que se va deje la plaza. Hay que organizar la política, no puede ser una empresa personal o individual.

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¿Cree que Robledo debió renunciar a la curul y seguir su legítimo camino?

Sí, eso debiera ser. Es algo muy personal, individual, no me atrevo a decir que haya mezquindad. A la inmensa mayoría de los congresistas no les gusta que las curules sean de los partidos, porque hay algunos a los que les gusta que la política sea al detal e incluso, cada tanto hay una reforma a la que le meten el articulito del trasfuguismo para poderse de cambiar de partido sin perder la curul.

¿Intentaron hablar con Robledo y convencerlo de que se quedara?

Sí, claro. Hasta creamos una comisión de diálogo de cuatro personas: el secretario general del Polo, Gustavo Triana, que es el secretario del MOIR; Iván Cepeda; Jaime Dussan, y yo. Exploramos una salida alrededor de un mes.

Dialogamos todo septiembre y parte de octubre, y ellos insistieron en que tenían discrepancias de táctica electoral y seguían con el fantasma de Petro metido. Insistimos en que no habíamos tomado una decisión y que habíamos salido unificados tras el acuerdo, y teníamos un año para decidir estas cosas. Estuvimos muy cerca de llegar a un acuerdo. Incluso, sugerí a Robledo que, para no inhabilitarse, renunciara a su curul y siguiera en el Polo. Quien lo remplazaría hasta es amigo de ellos.

¿A qué atribuyen que para aprobar la escisión hubo una mayoría tan aplastante (417 de 422 votos) a favor de la salida de Robledo?

Porque estábamos de acuerdo todos y esa votación no significa que haya descontento con Robledo. Ya es tarea de ellos pelear ante el Consejo de Estado o el Consejo Nacional Electoral (CNE) para que les den derechos políticos. Si bien nuestros estatutos contemplan la escisión, los derechos que tienen los escindidos no están reglamentados en Colombia. La Constitución dice que la única manera de tener personería jurídica es con las elecciones al Congreso.

Es decir, ¿no le atribuye mucho futuro al movimiento Dignidad que lanzó Robledo?

Tienen una opción, pero personería jurídica no les pueden dar. Van a pelear para no quedar inhabilitados. Están en un sin salida jurídico muy duro. Ojalá no queden inmersos en inhabilidades y hasta lo hablamos: si mañana las autoridades electorales nos llaman a dar un concepto, no estamos para que los castiguen.

El Polo no va a ser un palo en la rueda para este movimiento…

No, al contrario. Expresamos en la resolución de la escisión que ellos se van y no molestan al Polo, ni su personería jurídica ni nada. Eso está escrito. Es una decisión política.

Del 100 % que es el Polo, ¿cuánto representaba Robledo y su gente?

Entre un 27 % y 30 %. Es un grupo disciplinado y organizado, esa es su gran virtud. Tenemos cinco senadores, Robledo el más votado, pero los otros cuatro están en el Polo.

¿Qué implica para el Polo que se vaya Robledo, el senador más votado del partido y con él, figuras decisivas como Jorge Gómez (segundo representante más votado) o Manuel Sarmiento (el segundo concejal de Bogotá más votado)?

No puedo decir que no pasa nada. Eso crea una debilidad. La ida de Robledo es dura, como fue la ida de Clara López o Petro, pero tengo la confianza de que con los dirigentes que quedan vamos a permanecer. No vamos a seguir siendo lo que fuimos en la mejor época, como el ombligo de la izquierda, pero tendremos mucho que ver con eso.

¿Cómo explicar esa tendencia de que al Polo le renuncien sus grandes dirigentes? No solo Robledo, en el pasado Lucho Garzón, Antonio Navarro, Clara López, el mismo Petro...

Pasa en el Polo y en los demás partidos. No hemos logrado que la política se organice y que lo que se posesione entre la gente sean los partidos y no las personas. Eso no lo hemos logrado y el caudillismo cobra fuerza, porque hace parte de alguna manera del libre mercado. Ya los líderes no se quieren someter a las decisiones de los partidos y hacen rancho aparte. Los líderes nacen en los partidos, se desarrollan, crecen, se reproducen y se van.

Hay un poco, sino de autoritarismo, sí de bonapartismo. Lucho se fue por eso. Él fue alcalde del Polo, volvió y dijo ‘soy el jefe del partido’ y estaba Gaviria, y él también dijo que quería ser jefe. Tomamos la decisión interna y no favoreció a Lucho, entonces dijo me voy.

¿Se está repitiendo la historia con Robledo?

Robledo de alguna manera quería ser el jefe único del Polo y así no se puede, sobre todo en estos partidos de izquierda.

¿Qué gana y qué pierde el Polo con la partida de estas personas?

El Polo gana consolidándose más monolíticamente, con un pensamiento más unificado. O nos consolidamos o acabamos esto. No se puede vivir de escisión en escisión, de separación en separación. Eso no es serio. Hasta me llamaban personas que han tenido viejas peleas con el MOIR y me decían que hiciera un llamado a que gentes que se fueron del Polo regresen, porque tenían sus peleas con el MOIR. Hasta la misma Clara estaría interesada.

Pero perdemos sobre todo en el reconocimiento y la figura que ha ganado Robledo y su grupo. Nos toca estructurar orgánicamente al Polo, en eso nos vamos a dedicar todo noviembre.

¿Tendrán candidato propio?

Sí. Vamos a trabajar intensamente y trataremos de contribuir a ver si podemos lograr ese acuerdo democrático nacional.

¿En ese acuerdo tiene cabida Petro y el mismo Robledo?

Cabe Petro, Robledo, Fajardo, Roy Barreras y todos estos sectores que se manifiestan para rebelarse contra el establecimiento.

¿Confían en que para las elecciones al Congreso de 2022 mantengan el umbral y las mismas curules?

Tengo la confianza de que allí vamos a estar. Hay sectores importantes del país que ven que somos gente buena y que donde hay una lucha, ahí estamos.

Robledo lanzó Dignidad, ¿cómo ven otro grupo de izquierda en puja?

A la gente no le gusta eso, porque los de a pie no entienden las diferencias históricas y dicen que la izquierda lo que hace es dividirse y dividirse, en lugar de unirse. No es un buen mensaje para ninguno. De la división no se cosecha mucho. Es posible que logren algunos afectos de sectores productivos que a nosotros nos tienen miedo por todo el tema del capital.

Para las próximas elecciones podrían llegar a lanzarse autónomamente y aspirar a un umbral. Para el MOIR, que tiene 60 años, sería histórico tener su casa propia, así fuera raspando. No buscarán ser pues el ombligo, como fue el Polo en su época gloriosa. Si bien Robledo tiene un reconocimiento y su techo, también tiene cierto estigma en la izquierda, que es el MOIR. La gente de la izquierda no va a coger para el MOIR o para Dignidad. Ojalá les vaya bien. Ojalá no sea una separación definitiva, sino un hasta luego. Si dicen ‘nos equivocamos y queremos volver’, las puertas están abiertas.

jgonzalez@elespectador.com

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