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El fútbol colombiano se juega en canchas al borde del colapso

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Luis Fernando Montoya
06 de febrero de 2026 - 12:27 p. m.
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Columna semanal del profe Luis Fernando Montoya para El Espectador, esta vez sobre el estado de la gramilla de el estadio El Campín.

Aspectos del estadio durante el compromiso entre Santa Fe y Llaneros
Aspectos del estadio durante el compromiso entre Santa Fe y Llaneros
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos

“La motivación no dura para siempre, por eso es importante trabajar en ella todos los días”, Novak Djokovic.

Los jugadores, los árbitros e incluso los cuerpos técnicos de los equipos profesionales de nuestro país necesitan canchas dignas para desarrollar su juego con todas las garantías que requiere un balompié profesional, y no lo que estamos viendo fecha tras fecha: terrenos desgastados, maltratados y con un cuidado insuficiente.

Tener un terreno en excelentes condiciones significa poder desplegar un fútbol adecuado y, al mismo tiempo, preservar la salud física y mental de los protagonistas. Un campo en pésimo estado obliga al jugador a disputar cada balón con temor a lesionarse, limita su capacidad de juego, aumenta el riesgo de dañar a un compañero y eleva su fatiga física y mental.

Las entidades responsables del mantenimiento de los estadios deben comprender esta situación y asumir con seriedad el compromiso de darles un cuidado óptimo: corte, abonos, desagües, demarcación, placas… todo lo que concierne al buen estado de la gramilla para preservar el espectáculo. Solo así los cuerpos técnicos podrán exigir a sus jugadores un rendimiento deportivo acorde con la competencia.

Nuestros equipos jugarán torneos internacionales y, si no se mejora, seguramente habrá problemas con la Conmebol. Incluso algún club visitante podría negarse a disputar partidos en estadios que no cumplan con los estándares, lo que afectaría la imagen del fútbol colombiano en el exterior.

Lo ideal sería contar con estadios diseñados exclusivamente para jugar fútbol, pero sabemos que en nuestro país aún no es posible. Por eso se deben buscar estrategias para garantizar el cuidado de la gramilla cuando los escenarios se arrienden para otras actividades: acordar tiempos de entrega, evaluar con profesionales el estado del terreno y pensar en techar algunos escenarios para protegerlos del clima. Además, aprovechar cada intervención para mejorar la infraestructura y ofrecer a los aficionados espacios cómodos y seguros.

El fútbol colombiano merece escenarios que estén a la altura de su pasión. Preservar las canchas es preservar la salud de los protagonistas y la dignidad del espectáculo. No podemos seguir jugando en terrenos que restan confianza, ritmo y prestigio. Es hora de que las autoridades actúen con firmeza: el balón pide respeto, y el país también.

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