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Termina el “gobierno del cambio” de Gustavo Petro y se inicia la “Patria milagro” de Abelardo de la Espriella.
Es un comienzo con luces y sombras.
Por ahora nos ocuparemos de las sombras… a propósito de ellas, dice un editorial de El Espectador sobre la orden del nuevo presidente para excluir de la lista de invitados a su posesión a los expresidentes Ernesto Samper y Juan Manuel Santos –además, premio Nobel de Paz–: “Un muy mal comienzo en los símbolos (...) Vetar a expresidentes de la posesión es decir que a ese acto solo pueden asistir los amigos del presidente entrante (…) [Se] personaliza así un rito que es, por definición, común para el país entero”.
Y ese, justamente, es el mal presagio: que no obstante que el presidente electo dijo en su discurso del triunfo que gobernaría para todos los colombianos, incluidos los casi trece millones que votaron por Iván Cepeda, lo que se observa hasta ahora es que en él prevalecen rasgos de personalidad que indicarían su inclinación a la autocracia, sistema que, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua define como “forma de gobierno en la cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley”. La exclusión de los expresidentes Santos y Samper es muy grave porque implica que el nuevo presidente les cerrará la puerta (¿o perseguirá?) no solo a Petro y a Cepeda, sino a todo el que simbolice el pensamiento liberal, progresista, o incluso de centroderecha y hasta de derecha. Ese es el caso del expresidente Álvaro Uribe, quien debe estar muy molesto, pues ha sido objeto de desplantes de asesores cercanos del presidente electo. Es evidente que De la Espriella se propone acabar con el Centro Democrático, atraer la mayor cantidad de uribistas y llevarlos a militar en su nuevo partido, Defensores de la Patria, con lo cual dejaría a Uribe con el solo cascarón.
Pero eso no es tan fácil, y si sigue practicando esa política innecesaria e inconveniente de exclusión y autocracia, el nuevo presidente va a estrellarse de narices por varias razones: primero, porque así no se diga en voz alta, su principal contendor será el expresidente Uribe, quizás el político más hábil que ha tenido el país, quien además lidera en el congreso la segunda bancada, después de la del Pacto Histórico. Segundo, porque, aunque el nuevo presidente lo niegue, así busque atraer a los congresistas uribistas a punta de mermelada, lo más probable es que muchas de sus iniciativas no se aprueben porque se den alianzas puntuales entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico, como ocurrió con la elección del presidente del Senado. Y tercero, porque también puede ocurrir, como lo dejó ver otra excluida de la lista de invitados a la posesión de De la Espriella, la excandidata y pupila de Uribe, Paloma Valencia, al decir que el Centro Democrático no era un partido de derecha, que Uribe y un sector del Centro Democrático se estén inclinando hacia el centro para dejarle la extrema derecha a De la Espriella y captar ellos a tantos colombianos de centro dejados a la deriva por la incapacidad política de sus líderes. Y esa posición, aunque parezca increíble, puede tener futuro: Uribe puede acabar consagrado como el líder del centro-derecha y hasta del centro. Incluso, ya hasta ha tenido coqueteos con voceros del pensamiento progresista...
Con sentimientos encontrados digo: ¡Chao, Petro!
@patricialarasa
