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8 Dec 2021 - 5:00 a. m.

En defensa de los Consejos de Juventud

Más de un millón de jóvenes salieron a votar. Eso no es desidia, sino muestra de que hay una población sedienta de participación política y capacidad de vigilancia. / Ilustración: Getty Images
Más de un millón de jóvenes salieron a votar. Eso no es desidia, sino muestra de que hay una población sedienta de participación política y capacidad de vigilancia. / Ilustración: Getty Images
Foto: sabelskaya

Los obituarios sobre los Consejos de Juventud parecen escritos desde antes de las votaciones del pasado domingo. El consenso parece ser que la participación de los jóvenes entre 14 y 28 años fue decepcionante, que se gastó dinero institucional en un mecanismo ineficiente, que eso es muestra de que muchos de los reclamos del paro nacional se hicieron de manera irresponsable y sin compromiso con el país. Todas esas perspectivas, empero, nos lucen apresuradas. Los Consejos son una idea novedosa que, con el proceso adecuado, pueden convertirse en una herramienta clave para fomentar la participación política de una población usualmente ignorada, silenciada y aislada.

Se habla de fracaso porque solo el 10 % de los jóvenes habilitados para votar, es decir, 1’277.711 personas entre los 14 y 28 años, participaron. Voces salieron a pedir que no se gastaran recursos estatales en los Consejos de Juventud. Sentimos que hay otra lectura posible.

Aunque el número suena pequeño si se compara con, por ejemplo, la participación en las últimas elecciones presidenciales (19’643.676 votos), es necesario comprender el contexto en el que ocurrió la elección. Se trata, primero, de una figura novedosa en el país y poco conocida. Las campañas de publicidad y pedagogía fueron muy pocas y, ante todo, carentes de efectividad en los espacios donde los jóvenes del país pasan su tiempo, como las distintas redes sociales. Tan es así, que el Gobierno expidió un decreto la noche anterior a la elección autorizando el voto de menores de edad en cualquier mesa de sus municipios y, como no se conocía, hubo problemas con los jurados de votación. Además, los sufragios se celebraron en diciembre, sin ninguna otra elección en la mesa. En Colombia y en todo el mundo la participación electoral depende de la difusión y la presencia de figuras importantes, pero en los Consejos de Juventud no existían esos incentivos. La fórmula estaba servida para un desastre histórico.

A pesar de todo lo anterior, más de un millón de jóvenes salieron a votar. Eso no es desidia, sino muestra de que hay una población sedienta de participación política y capacidad de vigilancia.

Como escribió Brigitte Baptiste en El Espectador, los Consejos de Juventud son “una escuela de democracia para los líderes en ciernes que existen a lo largo y ancho del país, que están siendo capturados por las innumerables vorágines que rigen una sociedad demasiado diversa para su propio gusto”. El reto ahora es cómo potenciamos su impacto.

Hay varias ideas que deben respaldarse. En el Congreso avanza un proyecto para permitir el pago de honorarios a los consejeros. Es sentido común: si hay financiación, hay respeto por el puesto que ocupan los jóvenes. Futuras elecciones deberían atarse, cuando sean posibles, a otros sufragios grandes de modo que se fomente la participación. Por cierto, una idea por explorar es que el Congreso y la Presidencia se elijan al tiempo. ¿Se imaginan esas elecciones juntas arrastrando, también, los Consejos de Juventud?

La democracia se construye insistiendo en ella, acercando a las personas a las instituciones. Los Consejos de Juventud son una herramienta clave. No es momento de obituarios, sino de celebración.

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