El psicólogo y académico Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa, lleva años advirtiendo que el uso generalizado de teléfonos inteligentes ha contribuido a una crisis de salud mental entre los jóvenes y que las redes sociales desempeñan un papel importante en ese deterioro. Para entender su importancia, recomendamos esta columna de Julián de Zubiría en El Espectador. Sus argumentos han alimentado el debate internacional sobre la necesidad de regular estas plataformas e incluso contribuyeron a impulsar la prohibición de su uso entre menores de 16 años en Australia. Como si hicieran falta más ejemplos de que las empresas detrás de las redes sociales no son actores neutrales, documentos judiciales revelan que empleados de Meta –propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp– discutieron una estrategia para desacreditarlo: confabular académicos en su contra.
Según las actas de una reunión de marzo de 2023, la compañía contempló conseguir que otros investigadores repudiaran el trabajo de Haidt y que los medios de comunicación dejaran de considerarlo una fuente confiable. No sabemos si la estrategia llegó a ejecutarse y Meta aún no se ha pronunciado sobre las revelaciones. Sin embargo, que semejante operación se hubiera siquiera considerado ofrece un retrato revelador de la manera en que la compañía ha enfrentado las críticas a su modelo de negocio y a sus efectos sobre la salud mental. Este mismo año, en Estados Unidos, un tribunal encontró responsable a Meta por diseñar deliberadamente una plataforma con características adictivas. Entre ellas está un algoritmo que privilegia los contenidos capaces de provocar respuestas emocionales intensas. Las consecuencias del uso problemático de estas plataformas entre los jóvenes son cada vez más preocupantes y se relacionan con problemas como la ansiedad, la depresión y, en los casos más graves, el riesgo de suicidio. Jonathan Haidt ha sido una de las voces con mayor alcance en la difusión de esta realidad y por eso resulta tan incómodo para Meta.
Tras el escándalo por la supuesta manipulación de Meta sobre contenidos favorables a la campaña de Lula de Silva en Brasil, queda claro que estamos ante una compañía cuyo poder puede rivalizar con el de los propios Estados. Ninguna empresa puede estar por encima del interés público. Necesitamos marcos regulatorios actualizados y tribunales capaces de hacerlos cumplir para que el Estado de derecho también se imponga en el mundo digital. Llevamos años pidiéndolo, ante los oídos sordos de nuestro Congreso y de liderazgo político colombiano y global. ¿Qué debe ocurrir para que haya un cambio de perspectiva y nos tomemos en serio el problema?
Tal vez falta más información. Este editorial hace parte de una serie en la que le estamos siguiendo la pista a las regulaciones en torno a las tecnológicas y la inteligencia artificial. Invitamos a nuestros lectores a revisar estos editoriales previos que siguen siendo vigentes:
- Más sanciones contra TikTok, Facebook e Instagram, pero no hay regulación
- Una sanción ejemplar para Meta, pero hay dudas
- No, la IA no nos va a aniquilar, pero hay otros riesgos
- Lo que Grindr nos enseña sobre los límites de la inteligencia artificial
- Facebook (Meta) manipula y engaña a sus usuarios
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com
Nota del director. Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.