Por: Beatriz Miranda

El giro (¿obligado?) del Grupo de Lima

Después de varios intentos para acelerar la salida del presidente Nicolás Maduro del Palacio de Miraflores, del fracaso del 30 de abril, de la casi toma de la base aérea La Carlota, de la liberación de Leopoldo López y del débil cálculo del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, y sus aliados, el Grupo de Lima decidió cambiar de táctica.

La decisión se da por el peso de los hechos, por las victorias sucesivas de Nicolás Maduro, la renuencia de los altos mandos militares a traicionarlo y la inexpresiva movilización ciudadana a pesar de los pesares. La certeza de la campante victoria de hace unos meses va dando lugar a un sinsabor táctico y estratégico que lleva al Grupo de Lima a repensarse.

En una larga reunión a puertas cerradas, sin el furor de los tuits y redes sociales, dirigidos y monitoreados por Washington, los cancilleres del Grupo de Lima se reunieron en Perú para reiterar su apoyo a la oposición venezolana y ratificar sus protestas en contra del gobierno de Maduro.

En un tono más realista y golpeado por sus falsas ilusiones de una salida inmediata de Nicolás Maduro, el Grupo de Lima pone los pies sobre la tierra, retira de la mesa la prisa y la ansiedad de los que no negocian por una causa sino en beneficio propio y empieza a contemplar lo que debería haber sido una prioridad en su agenda con Venezuela: una salida negociada.

Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela suscribieron el comunicado conjunto. Durante el encuentro había la expectativa de que Mike Pompeo se contactaría con los cancilleres, pero debido a “problemas técnicos” esto no ocurrió. Algo inusitado, en una reunión en donde se discutiría un tema tan relevante para la Casa Blanca. Sin embargo, en estas tierras de Macondo, “los problemas técnicos” podrían significar un cambio de estrategia, lo que entre líneas se reflejó en la declaración final.

En el punto 5 “acuerdan proponer al Grupo de Contacto Internacional una urgente reunión de representantes de ambos grupos para buscar la convergencia, con el propósito común de lograr el retorno a la democracia en Venezuela”.

Es la primera vez que el Grupo de Lima vislumbra una aproximación con este grupo, conformado por Uruguay, México, Bolivia, Costa Rica, Portugal, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Suecia y Unión Europea, que desde la agudización de la crisis venezolana ha abogado, responsablemente, por el diálogo entre las partes. ¿Un intento de retorno a la diplomacia clásica y a la mínima sensatez?

En el punto 11 “deciden hacer las gestiones necesarias para que Cuba participe en la búsqueda de la solución a la crisis en Venezuela”. Difícil pensar que Washington aceptará la inclusión de Cuba en los posibles diálogos. ¿Esto marcaría el inicio del distanciamiento entre el Grupo de Lima y Estados Unidos en un momento en que el embargo en contra de Cuba se profundiza?

En los próximos días, Estados Unidos y Rusia hablarán sobre Venezuela. Ambos países aún tienen en sus manos piezas importantes de este juego estratégico para neutralizar la posibilidad de una intervención militar en Venezuela con el objetivo de restaurar la democracia e implementar un plan de reconstrucción del país. Este discurso falaz y utilitario ha subestimado el dolor de millones de venezolanos, víctimas una crisis humanitaria, en medio de una encrucijada geopolítica, sin saber por qué, qué democracia, para qué y para quién.

Ojalá el cambio de estrategia trace la ruta de la paz regional.

*Profesora de la Universidad Externado de Colombia.

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