Fedesarrollo: 50 años

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Esta semana ocurrió un hecho sobresaliente en un país donde, con frecuencia, sus instituciones son efímeras: Fedesarrollo, fundado en 1970 por Rodrigo Botero, cumplió 50 años. Y no lo hizo como un organismo anquilosado, sino como una entidad dinámica, llena de vida, animada por el entusiasmo de sus investigadores, jóvenes y veteranos, empeñados en muchos proyectos, organizando seminarios, conferencias y publicaciones, enfocados en el análisis de las políticas necesarias para superar la crisis de la pandemia y acelerar el desarrollo del país en esta década.

La fortaleza de las bases sobre las cuales se construyó Fedesarrollo se aprecia en el hecho de que, con el paso de los años, ha crecido su prestigio en el país y en el exterior. La Universidad de Pensilvania, una entidad que analiza permanentemente la producción de los centros de pensamiento de todos los continentes, acaba de calificar a Fedesarrollo como el primero de América Latina y el número 59 en el mundo.

Entre las razones de su larga vida se pueden mencionar la calidad de sus trabajos, la diversidad de sus fuentes financieras, la estructura de su gobierno corporativo, sus relaciones internacionales y el prestigio que le permite atraer a los mejores profesionales y recibir invitaciones a realizar los más variados estudios. Sin embargo, hay un consenso de que una de las claves de su longevidad, derivada del ejemplo de su fundador, consiste en que sus directores no se atornillan en sus puestos: se van cuando cumplen su ciclo (lo mismo que sucede con sus subdirectores y muchos de sus jóvenes investigadores). De esta forma, la entidad se somete periódicamente a un refrescante proceso de renovación.

Esta flexibilidad le ha permitido a Fedesarrollo modernizarse y examinar con nuevos lentes la evolución de las políticas públicas de las últimas décadas (algún consultor petulante diría que evitó así el llamado síndrome de Peter Pan). De esta manera, ha podido adecuarse a lo largo de los años a los nuevos tiempos y superar algunas posturas que han sido harto controvertibles, según lo describe el interesante ensayo de Roberto Steiner en el libro que conmemora este aniversario.

A lo largo de tanto tiempo, los ejes de su continuidad institucional se han mantenido gracias a las tradiciones que comenzaron en los mismos días de su fundación. Una de ellas ha sido su independencia frente a los gobiernos. Si bien Fedesarrollo ha colaborado en estudios, misiones y proyectos convocados por el sector público (cuyas recomendaciones no siempre han sido acogidas), también en numerosas oportunidades ha sostenido posiciones críticas frente a decisiones de las autoridades económicas.

A lo largo de estas cinco décadas, Fedesarrollo ha cumplido uno de los objetivos que se fijó Rodrigo Botero cuando se embarcó en la aventura de crear un centro de investigación económica. Esta entidad ha contribuido a la formación de la tecnocracia económica colombiana, comprometida con las instituciones democráticas, un elemento fundamental de la modernización del país desde 1970. De acuerdo con analistas del país y del exterior, este ha sido uno de los factores que pueden explicar por qué la economía colombiana, en medio de los golpes de la violencia y el narcotráfico, ha podido exhibir la estabilidad y el crecimiento que se le reconocen en el ámbito latinoamericano.

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