Había una vez en América

Noticias destacadas de Opinión

Nunca en sus 244 años de historia Estados Unidos había caído tan bajo. Ese payaso arrogante, dueño de casinos, acosador de mujeres, enriquecido a fuerza de seis bancarrotas fraudulentas y de oscuros negocios inmobiliarios, ese racista arrogante que a todos menosprecia llegó al poder hace casi cuatro años con la promesa de “make America great again”, de devolverle a Estados Unidos su grandeza, y lo que ha logrado es un país más polarizado y dividido que nunca, enfermo de racismo, enfurecido en las calles e invadido por mentiras, seudociencia y delirios en el manejo desastroso de la pandemia. La más grande potencia del mundo es el mejor ejemplo de lo que no debe hacerse. Y las consecuencias se ven en términos de contagiados, muertos, desempleados y crisis económica. Trump, que recibió de Obama un país grande, entregará un país en hilachas, si es que lo entrega, pues hasta eso está en duda. Ahora que se ve perdido se está preparando para lo peor y lo más grave: destruir el método democrático o pasar por encima de él.

Trump es capaz de llegar hasta los extremos más sucios y fraudulentos para no salir humillado del poder. Desde ahora mismo, mediante argucias y trampas, está haciendo hasta lo imposible para impedir el voto popular, y especialmente el voto de las minorías negras y latinas. Reduce los sitios de votación en los estados que domina; hace hasta lo imposible para impedir el voto por correo, fundamental para las personas más vulnerables en tiempos de epidemia. Intimida a los votantes que no sean blancos. Difunde incluso la infamia de que la nueva candidata demócrata a la vicepresidencia, Kamala Harris, no es una estadounidense legítima, por ser hija de inmigrantes. La misma mentira que repitió una y otra vez sobre Obama, diseminando la falsedad de que no había nacido en Estados Unidos.

 

Comparte en redes: