10 Aug 2020 - 5:01 a. m.

El derecho a discrepar, ¿de quién?

Manuel Pérez

En respuesta al editorial del 9 de julio de 2020, titulado “Por el derecho a discrepar”.

En el editorial “Por el derecho a discrepar’’, El Espectador anunció su apoyo a los firmantes de la “Carta sobre la justicia y el debate abierto”, publicada en la revista norteamericana Harper’s este mes. A pesar de que sus buenas intenciones son evidentes, al arrojarse a la defensa de la carta sin haber realizado antes una lectura crítica de la misma, el editorial ignora su contenido maliciosamente ambiguo, así como el contexto cultural e intelectual en el que fue publicada. El resultado es que, por querer defender el derecho a debatir y presentar ideas contrarias, el editorial ha terminado poniéndose del lado de los poderosos que esgrimen un discurso deshonesto con el fin de marginar las voces de aquellos que menos visibilidad tienen. Que la evidencia concreta de censura sea pobre, o que quienes más se quejan de la “cultura de cancelar” sean precisamente quienes más poder e influencia tienen (y pueden perder) parece no importar.

La carta original está construida para poner un grito en el cielo y a la vez no decir nada. La ambigüedad reina en el escrito: acusaciones de censura son presentadas sin referencias, precisamente porque si se proveyesen sería evidente que la tal censura no es lo que parece. No es cierto, como pretende la carta, que editores hayan sido despedidos, ni libros cancelados, solo como resultado de su contenido controversial –el libro aludido se ha convertido en un best-seller y el editor en cuestión fue despedido después de admitir que no había leído una violenta columna antes de publicarla–. Que los autores de la carta usen estos ejemplos incompletos demuestra su mala fe. De esta manera logran presentar una narrativa donde el “sano debate” es víctima y ellos los defensores de la libertad. Por su ambigüedad la carta es tan incontrovertible, que se vuelve perfectamente inútil.

Por otro lado, en tanto que la carta defiende el status quo, es una llamada reaccionaria por parte de las élites intelectuales que ven en los avances recientes de los sectores progresistas una amenaza a su poder y privilegio.

Si a los autores de verdad les importara la libertad de expresión, estarían más preocupados por denunciar los abusos que silencian de manera mucho más implacable a las personas menos visibles -mujeres, LGBTQ+, poblaciones indígenas, afros y latinas-. Como dicen en otra carta como respuesta más de 160 periodistas y académicos: “[La] carta no lidia con el problema del poder: quién lo tiene y quién no. Harper’s es un institución prestigiosa que ha decidido otorgar su plataforma no a personas marginalizadas, sino a un grupo de gente que ya tiene un gran número de seguidores y oportunidades para hacerse oír. Irónicamente, estas personas influyentes luego usan esa plataforma para quejarse de que han sido silenciadas”. En su analogía a la cacería de brujas, a El Espectador se le olvida que fue la poderosa Iglesia católica la que cometió la Inquisición.

@ManuelFdoPA

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