20 Sep 2021 - 3:00 a. m.

Una acusación inmerecida contra la alcaldesa Claudia López

Gustavo Fonseca Bueno

En respuesta al editorial del 20 de agosto de 2021, titulado “La seguridad no se mejora con xenofobia”.

Hace más de medio siglo soy fiel lector de El Espectador y, viva en el país o por fuera, siempre he profesado un gran respeto y cariño por el diario, sus directivos y periodistas. Mucho me dolieron los terribles acontecimientos de 1986, viviendo entonces en Asia.

Don Fidel Cano me merece la mayor consideración, admiración y sentimiento fraterno de compatriota y aunque siempre me identifico con el contenido de sus editoriales, esta vez me siento totalmente en desacuerdo con ustedes, al acusar de xenofobia a la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, por la propuesta que hizo de censar a los inmigrantes extranjeros y tener de ellos un registro, en particular para poder identificar a los muy pocos delincuentes que hay entre ellos, algunos de muy alta peligrosidad, así como de integrar un bloque de búsqueda de los delincuentes venezolanos, ya que no se tiene ningún conocimiento de ellos. Insisto, que son muy pocos.

Por otra parte, no podemos olvidar que la campaña a favor de la inmigración venezolana del Gobierno colombiano, más que un acto humanitario (dudo que en el partido de gobierno existan tales nobles intenciones), obedece a una campaña de la derecha internacional de tumbar a Maduro mediante estrategias poco honestas disfrazadas de “cerco democrático” y demás marrullas en las que son expertos en el ámbito de Uribe. Así, según me lo han dicho algunos venezolanos con quienes converso en la calle (cuando les contribuyo con algo, pues le parte a uno el alma ver a esas familias con niños aguantando hambre y frío en la calle), vivieron a Colombia porque pagaron por eso y con muchas falsas promesas de ayudas estatales estando ya aquí. Eso me suena a demagogia y a trata de seres humanos.

En cualquiera de los casos, señores, y a pesar de que ya sufrí un atraco con puñalada incluida, por parte de unos jóvenes venezolanos que se pasan la mayor parte del tiempo cerca al centro comercial Sorpresas, en el norte de Bogotá, yo estoy por el bienestar de ellos. Sin embargo, por el bien de la mayoría decente de ellos, sí estoy de acuerdo con que se les empadrone, se registren y se prevenga el delito proveniente de unos pocos de ellos mediante su identificación. Insisto, de la que son una pequeña minoría entre ellos.

En los países que he vivido, por ejemplo, en Japón, antes de una semana después de haberse pasado uno a vivir a un apartamento o casa, viene la policía a averiguar cuántos miembros en la familia hay, qué ocupación tienen, qué necesidades tienen, de salud, de educación, de seguridad personal, etc. Por supuesto, los Estados de Asia nororiental son paternalistas, como lo es el sueco o el noruego, en menor grado, y los ciudadanos que lleguen a su suelo, siendo de dónde sean, mientras no cometan faltas que contempla su ley, son de la responsabilidad del Estado. Aun si cometen faltas, su regreso obligado a su país de origen también corre por cuenta de esos estados.

En fin, soy amigo de que se empadronen, se registren, se les ayude, pero también de que se detecte a los delincuentes que vienen entre ellos, y no creo que la alcaldesa merezca tantos reproches por haber propuesto lo comentado.

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