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En medio de la desolación del terremoto y de los incendios, el editorial del 26 de agosto de El Espectador celebra el retorno del conocimiento con el Gobierno de Abelardo de la Espriella, en vez de lamentarse por el retorno de la caverna del entendimiento y de la disminución dialógica.
Esta casa periodística afirma sin ruborizarse que “la mayoría de ministros seleccionados, así como sus subalternos, son personas con amplio conocimiento de los sectores que entrarán a regular y, ante todo, tienen disposición de diálogo, algo que faltó en los cuatro años de Gobierno de Gustavo Petro”. En el primer mes, ADLE armó un gabinete “que es un monumento al nepotismo y a la exclusión” porque les dio a Miguel Gómez y a Nicolás Gómez los puestos de los nunca. Otros consentidos fueron los Char, a quienes les dio dos ministerios, y les abrió la puerta a grupos político-religiosos como el que representa el investigado ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, “quien pudo irse de vacaciones mientras miles de colombianos estaban a la intemperie y sin casa”. Además, hubo puestos para activistas inexpertos, para los socios del bufete del presidente, para su primo, que ahora es el capellán de Palacio, y hasta para su exesposa. Ah, y la disposición de diálogo que tuvo el expresidente Petro es innegable; otra cosa es que la férrea oposición despiadada y el establecimiento siempre quisieron imponer su voluntad política.
Preocupa mucho del editorial el silencio sobre la entrega de la soberanía colombiana a EE. UU., un hecho histórico que supera con creces otras embarradas históricas de algunos expresidentes. Afortunadamente, deja entrever una crítica a los ministerios que entran en la agenda de la guerra cultural que lidera la ministra de Educación. Morales anunció una persecución contra maestros e instituciones educativas a los que acusó de estar propagando la ideología de género, concepto crítico y político que acuñó el Vaticano en los noventa para “combatir el avance del feminismo y de las políticas con enfoque de género. Su propósito es el de crear una narrativa que satanice los avances en materia de los derechos de las mujeres y de la población LGTBIQ+, y se acabe el aborto y la adopción para las parejas gays. Pero, sobre todo, busca asentar la falsa tesis de que hablar de derechos sexuales es un acto ideologizador que atenta contra la niñez y la familia tradicional” (Duzán, 2026).
En fin, la celebración de El Espectador es un desacierto garrafal que lo acerca a convertirse en un periódico áulico. Sin duda, ADLE y su gabinete quieren devolvernos a la caverna del conocimiento, disminuir o cerrar los canales dialógicos, excluir e invisibilizar a la comunidad LGTBIQ+. Obvio que el servicio público hay que entenderlo “como un esfuerzo por debates de altura y con conocimientos profundos en cada tema”: amanecerá y veremos.
Dairo Elías González Quiroz
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Claudia(5915)•Hace 1 horaadhiero a todo lo que dice este lector, yo como lector de este períodico también estoy más que sorprendida, en mucho disgusto de ver cómo pasaron de ser acérrimos contradictores de Petro a serviles a Abelardo ante tanto desastre