Por: Arlene B. Tickner

Reverberaciones del conflicto Estados Unidos-Irán

Aunque es difícil anticipar lo que sigue en la tensa interacción entre EE.UU. e Irán, las reverberaciones de este conflicto se alcanzan a apreciar. Desde que Washington anunció, en 2018, el retiro estadounidense del acuerdo nuclear suscrito con Teherán, los dos países han participado en un tit for tat (toma y daca) consistente en un ciclo de sanciones, retórica agresiva y provocaciones mutuas que llegó a su pico con el asesinato del general Qasem Soleimaní, jefe de la fuerza élite Quds y arquitecto de la expansión iraní en Medio Oriente. El iluso plan de Trump de torcer el brazo iraní para luego reunirse con el ayatolá Khamenei (o el presidente Rouhani), firmar un nuevo acuerdo y ganar puntos de opinión pública no solo generó resentimiento en Irán y un rápido deterioro en la relación bilateral, sino que envalentonó al régimen en cuanto a su proyecto hegemónico en la región. Empero, este se equivocó al presumir que Trump no reaccionaría a sus crecientes provocaciones en medio del contexto electoral y el juicio político en EE.UU.

Además de acercar a los dos países a una confrontación bélica —que de todos modos es poco probable— y de amenazar con nuevas violaciones iraníes a sus compromisos nucleares, la muerte de Soleimaní puso a tambalear la norma internacional según la cual no es dable asesinar a un representante de otro Estado sin la existencia de pruebas irrefutables de un ataque inminente. El que Washington no haya sabido justificar su decisión y Trump haya tuiteado que realmente no importa dado el pasado horrible del general iraní, fija un precedente peligroso. Por no mencionar que la abierta violación de la soberanía de Irak, donde tuvo lugar el asesinato con drones, pone en apuros al cuestionado gobierno de ese país en cuanto a la permanencia militar de Estados Unidos allí.

La difícil situación que se vive en Medio Oriente también tenderá a complejizarse con los hechos recientes. El bombardeo de Irán a dos bases estadounidenses en Irak fue más teatro que acción retaliatoria genuina y hace preguntar qué represalias equivalentes al asesinato de Soleimaní vendrán ahora. Si bien la crisis económica provocada por las sanciones de Trump restringe el margen de maniobra iraní, no hay que subestimar su capacidad de realizar ataques a través de sus proxys en Afganistán, Irak, Líbano, Palestina, Siria y Yemen. Por su parte, el imperativo de sobrevivencia del régimen, sumado a la explosiva situación interna —que se alborotó con el derribo accidental de la Guardia Revolucionaria del avión comercial de Ucrania y los intentos iniciales por encubrirlo— hace impredecible el uso de la crisis con EE.UU. con fines políticos. Igual que en Irán, el gobierno iraquí enfrenta un creciente desprestigio y protestas sociales que tenderán a empeorar.

Lamentablemente, si lo que en el fondo querían EE.UU. e Irán era llevar con sus acciones a una nueva negociación que permitiera satisfacer sus respectivos intereses —en el caso estadounidense, suscribir un acuerdo nuclear con mayores condiciones, restringir la expansión iraní en la región y forzar una transición política, y en el iraní, remover las sanciones con miras a superar la crisis económica y recuperar algo de legitimidad internacional—, en la coyuntura actual esto oscila entre lo improbable y lo imposible.

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2020-01-14T21:00:00-05:00

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