Notas al vuelo

Un nuevo destino

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La industria turística, enredada en la más profunda crisis de su corta historia, empieza a recorrer un largo camino hacia la recuperación, con la gradual reapertura de las actividades en el país. El semestre de parálisis que hasta ahora lleva sumado, consecuencia de la pandemia que azota al mundo, acarreó billonarias pérdidas económicas, quebró millares de empresas y cobró miles de empleos. La afectación alcanza tales dimensiones, que su impacto en el producto interno bruto podría superar la cifra del 1,5 por ciento.

Pasará tiempo para la reactivación total del sector y nuestras ciudades, en particular las grandes capitales en las que se recoge la mayor tajada del flujo turístico, tendrán demorado su regreso a los niveles de viajeros de los últimos años, cuyas cifras venían en creciente proyección. Los centros urbanos, amenazados por las aglomeraciones, se tornan menos atractivos y seguros, y el temor, como una barrera, alejará a los visitantes, al menos mientras se comercializa la vacuna salvadora.

Este escenario nada alentador para las ciudades podría aprovecharse, sin embargo, para marcar una disrupción en la oferta turística nacional, que permita dirigir la mirada más allá del producto urbano hacia uno más competitivo, en el que el país tiene sobradas fortalezas, y con el que podría generar polos de desarrollo local que permitan redimir a la provincia marginada.

La industria turística en Colombia es muy joven, necesita madurar en su desarrollo y asumir los desafíos que se avecinan, entre ellos volcarse hacia un modelo sostenible. El país, uno de los más megadiversos del planeta, incluido en la lista preferencial de Conservation International y el cuarto por número de especies endémicas, posee una oferta competitiva, que planificada y organizada adecuadamente contribuiría a apalancar el crecimiento económico y social en estos tiempos difíciles y de compleja recesión.

El presidente Duque recordaba hace poco ante la comunidad internacional, en el foro de las Naciones Unidas, que el país cuenta con el 50 por ciento de los páramos del mundo, es el segundo con mayor biodiversidad por kilómetro cuadrado y dispone de numerosos parques naturales con “atractivo para el ecoturismo”. Colombia, en efecto, como hace tres años lo dijera el papa Francisco, tras su recorrido por estas tierras, es una nación bendecida de naturaleza pródiga que produce admiración por su belleza e invita al respeto de su biodiversidad. Y cuenta, además, con un amplio arsenal de ofertas turísticas ignoradas, susceptibles para el ejercicio de un turismo controlado.

Con claridad sobre el potencial que existe, debería aprovecharse la pausa a la que obliga la crisis sanitaria para adoptar en el turismo colombiano un modelo que le marque el nuevo norte a seguir, orientado hacia una actividad sostenible e inteligente, encauzada al desarrollo rural, que dinamice los numerosos territorios desparramados sobre la geografía nacional con vocaciones inexplotadas. Entre ellos, algunos hermosos parajes de riqueza natural y cultural que quedaron visibles tras el proceso de paz con las Farc y que siguen ocultos por la escasa disposición en el cumplimiento de los acuerdos firmados en 2016.

Es la oportunidad de girar hacia un esquema diferente al que se ha impulsado durante medio siglo, en el que entre en juego la innovación y una visión más alineada con los desafíos sociales y ambientales, a fin de darle impulso a un turismo de espacios abiertos, de naturaleza, de salud y de bienestar, modalidades terapéuticas ideales para épocas de pospandemia. Vertientes como las del ecoturismo, el turismo de aventura, el rural y el comunitario, en las que Colombia es un jugador de primer orden global, son banquete para los turistas y motor de desarrollo para las comunidades.

El ecoturismo, un subproducto del turismo de naturaleza, con su oferta de avistamiento de aves, flora y ballenas; el turismo rural, a través del agroturismo; el de aventura, con actividades que van desde el montañismo y la espeleología hasta el buceo y el parapente; el gastronómico y el cultural, extendido al valioso patrimonio étnico, con identidades y tradiciones diversas, son una parte de la vocación turística que se asoma entre los pliegues del territorio colombiano.

Dentro de un escenario que tendrá cambios permanentes, las nuevas condiciones del mercado exigen fijar otros objetivos y planificar alternativas novedosas que respondan a los hábitos de consumo que dan curso a las nuevas tendencias. Es la hora de desarrollar proyectos turísticos sostenibles que generen economías locales, les den valor a sus tradiciones y estilos de vida, conserven y protejan los recursos naturales y culturales y motiven la llegada de una clase de viajero responsable, comprometido y rentable económicamente.

Para lograr el cometido será necesario extender la presencia del Estado en las regiones. Estimular emprendimientos e invertir en obras de desarrollo, de infraestructura vial, educación, salud y servicios básicos. La falta de carreteras secundarias y terciarias afecta gravemente la conectividad del sector rural, dificulta el turismo y lo priva de competitividad.

Importante será escuchar a la Organización Mundial del Turismo (OMT) que, con motivo de la reciente celebración del día conmemorativo dedicado a esta actividad, hizo un llamado a los gobiernos sobre la importancia de defender, fortalecer y desarrollar las áreas rurales para mejorar las condiciones de vida y elevar el nivel de bienestar de las comunidades que habitan en estas zonas.

Abrir el territorio para generar un desarrollo turístico juicioso, planificado y concertado con las comunidades debe ser la apuesta a seguir. En la nueva realidad el turismo de naturaleza tiene gran potencial, porque las tendencias se encaminan hacia los viajes sostenibles, que prioricen espacios abiertos para conectar con el medio ambiente y con las tradiciones. Que la pandemia nos enseñe a ser creativos para trazar las pautas de un nuevo destino, ojalá, con pretensión de convertirse -macondianamente- en el primer antivirus turístico del mundo.

Posdata: El turismo de naturaleza es el segmento que más crece en el mundo. Se estima que lo hace en 5% anual frente a 3,9% del turismo total y tiene un nivel de gasto promedio de US$3.100, el doble de un turista de eventos y reuniones.

gsilvarivas@gmail.com

@Gsilvar5

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