El 20 de julio a las 11:03 p.m., en el recinto del Senado se rompió una tradición política. Por primera vez en décadas, el presidente de esa corporación en su primer año no fue el bendecido por el mandatario entrante. En esta ocasión, Honorio Henríquez (Centro Democrático) logró conseguir las mayorías en la cámara alta con el apoyo de sus habituales rivales políticos, el Pacto Histórico; con 56 votos se impuso sobre Alfredo Deluque (Partido de La U), quien pese a tener el guiño de Abelardo de la Espriella, solo consiguió 45 sufragios a su favor.
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Esta alianza entre rivales eternos se cocinó con la motivación de que el partido del expresidente Álvaro Uribe Vélez reclamara este puesto, pues consideraban que al ser la bancada de gobierno mayoritaria, era su derecho tener la presidencia del Senado en el primer año. Por otra parte, fue la manera que halló el petrismo para ponerle una primera zancadilla a la administración entrante. De allí que, en un pulso del exmandatario para demostrar la vigencia de su partido frente a una nueva derecha que intentaba borrarlo del mapa, demostrara cómo las “abejitas laboriosas” picaron al “tigre”.
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Para ello se alió con el partido del presidente Gustavo Petro, quien, tras su último discurso en plaza pública, en el que anunció que tomaría la jefatura del Pacto Histórico, les prohibió a sus senadores votar por el candidato del gobierno entrante. Y a partir de un acuerdo inédito, apoyaron a sus rivales naturales para enfrentar a un mal que consideran mayor. Al punto de que la nueva oposición interpretó la votación como un triunfo.
De hecho, los congresistas del Pacto celebraron el desenlace efusivamente, incluso junto a algunos integrantes del Centro Democrático. “El fascismo no pasará”, coreaban los senadores petristas.
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“Miren cómo se pueden juntar los opuestos para trabajar de la mano. Y eso es lo que yo espero; ojalá podamos que el presidente Abelardo radique sus iniciativas del gobierno y entre todos busquemos los acuerdos y los consensos”, dijo el nuevo presidente del Senado tras su triunfo, en un mensaje donde tendía puentes con la oposición y con De la Espriella.
Sin embargo, parece que al nuevo jefe de Estado le importa poco que su candidato no haya conseguido la votación esperada, pues felicitó a los nuevos presidentes de las dos cámaras del Congreso y destacó la independencia de cada corporación, donde espera encontrar “puntos de encuentro para impulsar las iniciativas que necesita Colombia y hacer realidad la Patria Milagro”.
Destacó que su intención inicial era apoyar una candidatura del senador de Salvación Nacional, Enrique Gómez, pero tras desistir de esa idea, apoyó al senador de La U, pero al margen de la elección: “le dije (a Deluque) ‘consíguete los votos, construye los apoyos necesarios y cuenta conmigo’. Lo mismo le dije al presidente Álvaro Uribe cuando conversamos sobre el tema. Le dije: ‘Presidente, estamos en democracia, que cada candidato se rebusque sus votos’”. Esto en un intento de desligarse de su primera derrota en el legislativo.
“A mí, lejos de preocuparme, esa situación me llena de optimismo, porque es la demostración de que existe una auténtica independencia entre el poder legislativo y el ejecutivo”, mencionó De la Espriella, en un momento donde Rodrigo Lara, su ministro del Interior designado, mostró dificultades para controlar el timón del Legislativo. Y esto se evidencia en los acuerdos logrados por los compromisarios de los partidos la semana pasada, donde el Gobierno no consiguió meter a sus congresistas en comisiones clave para la continuidad del Ejecutivo. A pesar de esto, al nuevo mandatario no se le pasa por la cabeza sacar a Lara de su cargo, pues sería reconocer una derrota el pasado 20 de julio.
“Lara es un excelente ministro, no le van a cobrar ninguna cabeza a nadie porque está haciendo su trabajo y me parece que lo está haciendo bien”, señaló el senador Germán Rodríguez de Salvación Nacional.
Dentro de las filas de los partidos más cercanos a De la Espriella se siente poca comunicación entre el ministro Lara y los congresistas de esas bancadas. Uno de ellos le dijo a El Espectador que el enlace con el presidente electo era Nicolás Gómez, pero tras asumir la jefatura de gabinete, esta distinción debió pasar a Lara, quien poco los contacta y los mantiene al margen de las intenciones del ejecutivo en el legislativo. Una acción que juega en contra cuando el 60 % del nuevo Congreso ocupa por primera vez una silla en esa corporación.
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Otras voces dentro de los partidos de gobierno contactadas por El Espectador comentaron que a De la Espriella le importa poco tener una relación constructiva con el Congreso; de hecho, por ello Lara le ofreció poco a los congresistas durante las reuniones de compromisarios, pues las únicas cuatro prioridades de esta administración en el primer año del legislativo serán su posesión en una guarnición militar, el Plan de Desarrollo, el Presupuesto General y su reforma fiscal.
Así lo anunció también Germán Calderón, quien fue designado para dirigir la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado. Desde su cuenta de X, mencionó que serán pocas las leyes que la nueva administración trámite en el Congreso.
En esta misma línea va el mismo Lara, quien señaló que “el presidente ha dicho que hay demasiadas leyes. La agenda legislativa de este gobierno es escueta; aquí no nos creemos grandes reformadores”.
Y mientras en la derecha se reponen de su derrota en el legislativo y se distancian de este, la oposición aprovecha su victoria para presentar su agenda de reformas, que intenta continuar con los cambios que no lograron adelantarse en la administración del saliente Gustavo Petro. Entre ellos está la resurrección del marco para la Jurisdicción Agraria; una Ley contra el fracking; una nueva reforma a la salud; el declarar la educación superior como derecho; un estatuto del trabajo y un salario vital; una regulación para la Inteligencia Artificial; así como una nueva reforma tributaria del gobierno saliente.
Aun así, la carrera en el legislativo apenas comienza. Pese a que los acuerdos ya están definidos, la próxima semana se tomarán decisiones en las mesas directivas de las siete comisiones constitucionales que podrían significarle un salvavidas al gobierno entrante, a pesar de su poca intención de mantener una relación constante con el nuevo Congreso. Mientras tanto, la oposición demuestra que no es primípara en ese papel y que puede construir acuerdos incluso con sus enemigos naturales para convertirse en la piedra en el zapato del nuevo inquilino que llegará a la Casa de Nariño el 7 de agosto.
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