24 Oct 2021 - 2:00 a. m.

Colombia y Venezuela: destinados a vivir juntos

Aunque muy distintas, hay campañas electorales en los dos países. ¿Facilita o perjudica ese panorama la normalización de las relaciones?

Rodrigo Pardo*

Venezuela's self-proclaimed interim president Juan Guaido waves alongside, from left, Guatemala's President Jimmy Morales, Colombia's President Ivan Duque and Panama's President Juan Carlos Varela as they gather for a group photo after attending an emergency Lima Group meeting concerning Venezuela, in Bogota, Colombia, Monday, Feb. 25, 2019.  As it struggles to find new ways to boost Guaido after an effort to deliver humanitarian aid to the economically devastated nation faltered amid strong resistance from security forces who remain loyal to Venezuela's President Nicolas Maduro, the Trump administration announced new sanctions on Maduro's allies. (AP Photo/Martin Mejia)
Venezuela's self-proclaimed interim president Juan Guaido waves alongside, from left, Guatemala's President Jimmy Morales, Colombia's President Ivan Duque and Panama's President Juan Carlos Varela as they gather for a group photo after attending an emergency Lima Group meeting concerning Venezuela, in Bogota, Colombia, Monday, Feb. 25, 2019. As it struggles to find new ways to boost Guaido after an effort to deliver humanitarian aid to the economically devastated nation faltered amid strong resistance from security forces who remain loyal to Venezuela's President Nicolas Maduro, the Trump administration announced new sanctions on Maduro's allies. (AP Photo/Martin Mejia)

No es nuevo. El tema de las relaciones con Venezuela vuelve a surgir en una campaña electoral en Colombia. Esta semana los Congresos de los dos países manifestaron su intención de intervenir para abrir un diálogo bilateral que no parece viable, pero que demuestra que en ambos lados de la frontera hay voces que claman por un cambio. El Senado de Colombia planteó normalizar los vínculos bilaterales y el Congreso venezolano respondió de una forma rápida y afirmativa que inequívocamente demuestra su acuerdo —o, al menos, su simpatía— con la iniciativa.

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Pero una cosa son los congresos y otra los gobiernos, y son estos quienes por naturaleza ejercen el manejo de la diplomacia y de los asuntos externos de un Estado. Y el presidente Iván Duque, en medio de la visita de Antony Blinken, secretario de Estado estadounidense, reiteró su posición: la reapertura de las relaciones debe estar precedida por un regreso de la democracia en Venezuela. Y allí, el gobierno de Nicolás Maduro (no reconocido por la oposición ni por varios países, entre ellos Colombia) anunció una reapertura —aún por verse en la práctica— de la frontera terrestre.

¿Está cambiando el rumbo? ¿Cuál podría ser el camino de la normalización? ¿Y cuál sería su alcance? En otras palabras: ¿habrá que esperar al cambio de gobierno en Colombia para modificar el estado de los vínculos binacionales?

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No es la primera vez que una situación crítica en los lazos Bogotá-Caracas coincide con un proceso electoral o un cambio de gobierno. De hecho, en estas coyunturas suele abrirse una ventana de oportunidad para cambiar el rumbo. Ocurrió en 1989, cuando Carlos Andrés Pérez fue reelegido y las relaciones entre Bogotá y Caracas estaban afectadas por las secuelas del incidente de la corbeta Caldas.

En el período de transición del gobierno se dieron los pasos para un rediseño del esquema institucional de la relación bilateral: se crearon comisiones especializadas, se diversificó el lenguaje y se normalizó la burocracia migratoria. Un esquema que produjo estabilidad durante varios años y permitió un momento de cooperación y buena comunicación.

Desde luego, no se puede exagerar la comparación entre las dos coyunturas —la de 1989 y la de hoy—, porque las diferencias son muchas y de gran calado. Sobre todo, por el complejo e impredecible proceso interno de Venezuela y por las indescifrables características de su sistema político. Pero es cierto que los momentos de campaña (más aún si coinciden en las dos naciones) ofrecen oportunidades para abrir canales de comunicación y diversificar la agenda. Lo dice la historia (y no importa que tengan razón quienes afirman que el presente no se parece en nada a la historia).

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Mientras tanto, la situación en la frontera, que nadie sabe si está abierta o no, solo empeora: la producción de cocaína está disparada, cada tanto nos enteramos de una nueva masacre o un nuevo asesinato indignante y las trochas ilegales para cruzar al otro país ya son como una institución formalizada.

El presidente Iván Duque ha reiterado que, para su gobierno, la recuperación de la normalidad democrática en Venezuela debe ser paso previo a cualquier modificación del statu quo en las relaciones bilaterales y mantiene el reconocimiento como jefe de Estado a un Juan Guaidó debilitado por el paso del tiempo, su propia debilidad, la falta de coherencia de las fuerzas de oposición y la creciente percepción de que sus iniciativas de cambio no tenían piso firme.

Un Maduro más aferrado al poder de lo que se creía en los momentos de la irrupción de Guaidó se apresta a enfrentar unas elecciones que serán claves para interpretar realmente en qué está su país. Las propias fuerzas de oposición en Venezuela están divididas sobre cómo encarar el proceso electoral: van desde quienes consideran factible lograr avances hacia un regreso a la normalidad democrática hasta quienes consideran que no habrá ninguna garantía y que, en consecuencia, no vale la pena participar. La oposición moderada —para muchos, “colaboracionista”— que participará en los comicios buscará dar un golpe de opinión inesperado, del estilo de las parlamentarias de 2015. Pero, como entonces, tiene el tablero y, peor, las reglas inclinados en su contra.

La gran pregunta, entonces, es cuáles son las opciones que tiene en sus manos la diplomacia colombiana. ¿Existen posibilidades para una reconstrucción? ¿Pasan las dos naciones, sí o no, otro momento en el que unas elecciones próximas abrirán espacios para reconstruir alguna comunicación? ¿Conviene que un asunto tan complejo forme parte del debate electoral? Preguntas complejas. La competencia electoral, aquí y allá, no podrá mantenerse al margen ni eludir responderlas.

*Periodista y excanciller.

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