El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Hernán Penagos: este es el hombre que estuvo detrás de la defensa del proceso electoral

El registrador nacional afrontó con éxito la jornada electoral más reñida y polarizada de la historia reciente. Desde que llegó al cargo, le apostó a la confianza en la democracia y a blindar un proceso que sabía iba a estar lleno de dificultades. Más allá de esa tarea, está el caldense, apasionado por el fútbol, amante de sus tres perros y devoto de su familia.

María José Medellín Cano y David Efrén Ortega

28 de junio de 2026 - 10:31 a. m.
Este es el perfil de Hernán Penagos Giraldo, registrador nacional.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
PUBLICIDAD

El miércoles 6 de diciembre de 2023, mientras en la sede principal de la Registraduría Nacional en Bogotá todavía preparaban la despedida de Alexander Vega, Hernán Penagos Giraldo entró por el sótano. Eran cerca de las siete de la mañana. Sin anunciarse, subió hasta el despacho principal, se sentó en su nueva oficina y empezó a trabajar. Cuando los funcionarios comenzaron a llegar, encontraron una escena distinta a la prevista: el nuevo registrador ya estaba instalado. La calle de honor, el brindis y los discursos quedaron en suspenso. Penagos no esperó ceremonias. Tampoco quiso posesiones multitudinarias. Su primera decisión fue casi una declaración de principios: aquí se viene a trabajar. Quienes lo conocen entendieron de inmediato que ese gesto no era improvisado, sino una forma de ejercer el poder.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Penagos estaba convencido de que la mayor amenaza para las elecciones presidenciales de 2026 no sería ni la logística ni un software. Su verdadero adversario sería la desinformación. Apenas llegó ordenó revisar contratos para depurar la planta de funcionarios y exigir su presencia en las oficinas. Luego, priorizó los contratos y lideró una campaña pedagógica con partidos políticos, gremios, observadores internacionales, académicos y organizaciones sociales. Quería que, cuando llegara el momento de votar, el país entendiera cómo funcionaba el sistema electoral y pudiera reconocer su transparencia. Había previsto casi todos los escenarios. Lo único que quizás nunca imaginó fue que la principal voz en defensa de la narrativa que pondría en duda el proceso terminaría siendo la del propio presidente Gustavo Petro.

Lea también: De la Espriella asegura mayorías en el Congreso: así se configura su gobernabilidad

Quienes trabajaron a su lado recuerdan que, desde el primer día, repetía la misma idea: había que llegar al año electoral sin improvisaciones. Porque además de esa presión política y mediática, en sus manos estuvo la ejecución de COP 5,5 billones solo para este año. Cada reunión, discurso o cronograma respondía a ese propósito. No le gustaban las decisiones de última hora. Pedía informes detallados, preguntaba por los avances más pequeños y quería conocer incluso los errores menores antes de que escalaran. Si había un problema, prefería enterarse primero por su equipo. Si una cifra cambiaba, quería entender por qué. Construyó una cultura de planeación casi obsesiva. Esa manera de trabajar terminó convirtiéndose en el sello de una administración que buscó transmitir una palabra cada vez más escasa en Colombia: confianza.

Ese estilo de trabajo hace parte también de su vida. Todos los días madruga a trotar o a montar bicicleta y quienes lo conocen dicen que gasta buena parte de sus horas leyendo sentencias, libros de Derecho y prensa. Esa disciplina no nació en el servicio público. En realidad, todo empezó en Samaná, un municipio del oriente de Caldas atravesado durante décadas por la violencia. Hijo de la maestra Rosita Giraldo, quien le enseñó a leer y escribir cuando tenía 4 años y que, cuando ella no encontraba quién lo cuidara, lo llevaba a sus clases en la escuela; y de Ramón Penagos, funcionario judicial, de quien aprendió desde muy temprano que la institucionalidad no era una palabra abstracta, sino el trabajo cotidiano de quienes mantienen abiertas una escuela o un juzgado.

Hernán Penagos Giraldo creció bajo esos dos modelos en casa. Eso sí, era tan inquieto y curioso que podía desarmar hasta un balín. En una publicación del periódico La Patria, su mamá recordó que, de niño, un día desarmó un radio para descubrir de dónde salían las voces, Su único hermano, Roger, agregó que siempre quiso hacer cosas distintas. Su camino, no obstante, no fue lineal. A los 15 años, cuando se graduó de bachiller, intentó estudiar Ingeniería de Sistemas en Bogotá, pero regresó a Samaná sin saber muy bien qué hacer. Trabajó como mensajero y luego como auxiliar administrativo en el Banco Cafetero y más tarde se instaló en Manizales para estudiar Economía por las noches, mientras montaba, junto con un primo, un pequeño negocio de ropa que compraban en Medellín y vendían para financiarse.

Le puede interesar: ¿Funcionó la paz total? Estudio concluye que cese al fuego fortaleció gobernanza criminal

Cuando parecía haber encontrado un rumbo volvió a cambiar de planes. Sin decirle a su familia, abandonó la carrera cuando ya iba por la mitad, se radicó en Medellín y empezó a estudiar Derecho en la Universidad Cooperativa de Colombia. Solo confesó cuando ya estaba cerca de graduarse. Era, recuerdan quienes lo conocen, un hombre dispuesto a empezar de nuevo cuantas veces fuera necesario. Esa inclinación por estudiar más aparece una y otra vez en los testimonios de quienes han trabajado con él. Antes de cada intervención, prepara personalmente apuntes, subraya conceptos, corrige palabras y memoriza cifras. Sus colaboradores recuerdan que lee con disciplina militar los documentos técnicos y rara vez llega a una reunión sin haber repasado antes los antecedentes.

No ad for you

Tiene una memoria poco común para recordar fechas, normas y conversaciones. Muchos lo describen primero como un jurista y después como un político. Habla poco, escucha bastante y evita levantar la voz, incluso en medio de las discusiones más tensas. No es un hombre que cultiva el protagonismo. En reuniones largas suele permanecer en silencio hasta que considera que tiene todos los elementos para intervenir. Cuando lo hace, va directo al punto. El expresidente de la Corte Constitucional, José Fernando Reyes, amigo cercano del registrador, cree que posee “estatura de magistrado”. Mauricio Pava, otro amigo y colega, sostiene que su mayor virtud es su carácter para sostener decisiones difíciles. Alfredo Deluque, congresista del Partido de la U, agrega que siempre fue serio y disciplinado.

Hernán Penagos en su etapa como representante a la Cámara.
Foto: EL ESPECTADOR - GUSTAVO TORRIJOS

Aunque varios de sus amigos coinciden en que Penagos es un hombre de leyes, su trayectoria siempre ha estado en un péndulo entre la administración pública y la política de los votos y negociaciones. A los 28 años, y para estrenar su título de abogado, empezó a trabajar en el año 2000 como asesor jurídico de alcaldías y entidades públicas en Caldas y Tolima. Luego, se dedicó a caminar Samaná organizando jornadas comunitarias. En 2007 rechazó la posibilidad de aspirar a la alcaldía de su municipio porque consideraba que aún no estaba preparado. Poco después aceptó una candidatura a la Asamblea de Caldas. Su aterrizaje en la arena política se explica, en buena medida, por la cercanía que estableció con los alfiles del uribismo en Caldas, para ese momento agrupados bajo la sombrilla del Partido de la U.

No ad for you

Por ejemplo, Óscar Iván Zuluaga, entonces ministro de Hacienda de Álvaro Uribe, era quien movía los hilos en ese departamento y su principal ficha política era la congresista Adriana Gutiérrez. Penagos tenía poca experiencia electoral, pero apadrinado por ellos, sorprendió con una votación que lo llevó, apenas un año después, a presidir la Asamblea y a derrotar a liberales y conservadores, que tradicionalmente habían controlado el poder departamental. Sin embargo, no alcanzó a cumplir ni la mitad de su periodo como diputado cuando sus jefes políticos le vieron potencial para saltar al poder legislativo. En 2009, Jaime Alonso Zuluaga, primo de Óscar Iván Zuluaga, emprendió la carrera para llegar al Senado y al buscar entre sus bases una fórmula para la Cámara, casi que al unísono la dirigencia uribista cantó el nombre de Penagos.

En las elecciones del año siguiente, que también marcaron la llegada de Juan Manuel Santos a la Casa de Nariño, La U fue el partido más votado en Senado y Cámara, con lo cual logró 28 y 48 curules, respectivamente. Ambos resultaron electos y el hoy registrador, con más de 20.000 votos propios, pegó un salto de la política regional al escenario nacional. Antes de la victoria, muchos dentro de su propio partido creían que se estaba apresurando, pero, como lo reconocen sus amigos más cercanos, la movida fue otra muestra de su gusto por asumir riesgos. En el Capitolio demostró capacidad para moverse entre sectores enfrentados. Llegó como uribista, pero ante la división entre Uribe y Santos, él se mantuvo en el ala de La U, partidaria del nuevo presidente, mientras Zuluaga y compañía armaron toldas aparte con el naciente Centro Democrático.

No ad for you
Juan Manuel Santos y el entonces representante a la Cámara Hernán Penagos.

En cuestión de un par de años se ganó la confianza del jefe de Estado, quien en 2013 le dio la bendición para dirigir la plenaria de la Cámara, silla que sería clave para el trámite de sus apuestas de paz. En su primera etapa como congresista hizo parte de la Comisión Segunda, donde abanderó debates sobre la situación de los cafeteros o la economía de su región. En 2014, probó que había ganado experiencia y cuero político, pues no solo aumentó su votación a 28.000 para un nuevo período, sino que pasó a la Comisión Primera, usualmente reservada para los congresistas de mayor perfil en cada bancada por su foco en asuntos constitucionales. Quienes compartieron con él lo describen como un hombre de posiciones firmes, pero poco dado a la confrontación estridente.

Todos sus colegas y amigos que hablaron para esta publicación coincidieron en que, definitivamente, Penagos siempre está más cómodo explicando una norma que pronunciando un discurso de plaza pública. José Fernando Reyes recuerda que durante las discusiones para promover las leyes que le dieron vida al Acuerdo de Paz con las Farc, el hoy registrador terminó actuando como una especie de traductor jurídico entre la Cámara y el Senado, porque conocía al detalle cada artículo. Su papel durante esa época del fast-track, el mecanismo para agilizar y acortar a la mitad los tiempos para tramitar, debatir y aprobar las leyes y reformas necesarias para implementar el Acuerdo, lo perfiló como un hombre clave para el gobierno Santos y lo consolidó como un hombre cuyo capital político siempre fue más técnico que ideológico.

No ad for you

Otros excongresistas resaltaron otra virtud: podía sentarse a conversar con dirigentes de ideologías opuestas sin convertir cada diferencia en una batalla personal. Su carrera, sin embargo, también conoció derrotas. La más visible fue la elección al Senado de 2018, cuando quedó por fuera del Congreso pese a que muchos daban por descontada su curul. Lejos de desaparecer de la vida pública, ese mismo año encontró otro camino como magistrado del Consejo Nacional Electoral (CNE). Desde allí empezó a construir una reputación distinta: menos asociada al dirigente político y más al funcionario encargado de proteger las reglas del juego democrático. Esa transición terminó siendo decisiva para el momento en el que altas cortes lo eligieron registrador nacional en noviembre de 2023.

No se pierda: “No hay circunstancia que pueda dar lugar a cambiar resultados”: registrador a Petro

No ad for you

Al cargo llegó sin figurar entre los favoritos, pero con una hoja de vida que generaba pocas resistencias. Incluso, fuentes cercanas a esa elección explicaron que la Casa de Nariño vio con buenos ojos su nombre para ocupar el cargo. Aunque en la prueba de conocimientos y competencias terminó de octavo, su entrevista marcó la diferencia, inclusive por encima de personajes con mayor respaldo político de parte del saliente registrador Alexánder Vega y del excontralor Carlos Felipe Córdoba. Su posesión ocurrió el 1 de diciembre de 2023 en una sobria ceremonia en el CNE en la que ni siquiera invitó a sus amigos, pero sí a su familia. Cinco días después madrugó a su primer día y entró al edificio por el sótano.

En medio de su disciplina y estudio, también hay tiempo para otra faceta fuera de las oficinas que, de hecho, es la que más disfruta. Es aficionado del fútbol y seguidor, claro, del Once Caldas. Incluso, cuando todavía estaba en el colegio, se dio a conocer como un hábil delantero del equipo de Samaná. Escucha baladas, salsa y vallenato. Tiene tres perros, un akita, un rottweiler y un border collie, que ocupan buena parte de sus conversaciones cuando logra desconectarse del trabajo. Sus amigos aseguran que posee un humor negro que pocos imaginan detrás de su expresión siempre fría para evitar especulaciones. También cuentan que, cuando comparte con ellos, suele convertirse en el primero en llamar la atención si alguien se excede con el licor. “Es nuestro propio prefecto de disciplina”, recalcó uno de sus más cercanos colegas.

No ad for you

Hay, sin embargo, un aspecto sobre él que, quienes lo conocen, coinciden sin dudar: la protección de su familia. En 2006 se casó con Norma Beatriz Mesa Botero, hermana del excongresista Jorge Hernán Mesa Botero, y tuvieron un hijo que hoy estudia en el exterior. Sacarlo del país fue una decisión que tomaron con dolor, pero también con el valor de dos padres de familia entregados a la protección de su hogar. Querían que estuviera lejos de la exposición pública y de los riesgos que supone ocupar cargos de alta sensibilidad. Penagos evita hablar de ellos en entrevistas y compartir aspectos de esa vida familiar que atesora. Ese blindaje de su vida íntima también lo ha trasladado a sus relaciones con amigos, con quienes se vio obligado a dejar de compartir cafés o almuerzos para evitar especulaciones infundadas.

El registrador Hernán Penagos ya piensa en la organización de elecciones atípicas y las territoriales de 2027.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos

Durante los meses más tensos de la confrontación con el gobierno, fueron inevitables los momentos de estrés. No era para menos. El presidente Petro lo acusó en varios mensajes de X de estar consintiendo “un fraude electoral” por el manejo de los sistemas de conteo y escrutinio. Detrás de cámaras, los nervios a ratos trataron de consumirlo. “¡Esto es imposible!”, lo escucharon decir en voz alta varias veces desde su despacho ante esos trinos. “Solía acelerarse para encontrar rápido una salida. Y no siempre el mundo a su velocidad”, recordó uno de sus asesores. “Cuando se pone nervioso, no deja de mover las manos y le aparecen un montón de tics”, señaló uno de sus más cercanos amigos. Pero en medio de esa tormenta, nunca hubo un mal trato ni ofensa personal, y mucho menos una confrontación con el jefe de Estado.

No ad for you

Aunque es difícil que sus más cercanos colaboradores hablen de sus puntos débiles, hay uno que lo intenta desestabilizar. No son las críticas políticas ni las conjeturas. Son los señalamientos sobre su integridad o cualquier insinuación de corrupción. Ninguna ha prosperado ante la justicia, pero lo afectan tanto que incluso sus amigos señalan que podría ser un efecto para que continúe en la arena política. Pero él sabe más que nadie los efectos de esas acusaciones. Hernán Penagos Giraldo ha construido toda su carrera alrededor de una reputación de funcionario técnico y siente que esa es la única herencia verdaderamente importante. Y ni siquiera ahora que logró superar su mayor reto profesional, Penagos está pensando en parar. Tampoco en descansar.

Al día siguiente de que el CNE le entregó las credenciales de presidente electo a Abelardo de la Espriella, Penagos citó a su equipo a primera hora para enfocarse en las elecciones atípicas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina para elegir a su gobernador en julio de este año y luego vendrán las regionales de octubre de 2027. Aunque él sigue con su cabeza en la Registraduría, ya muchos especulan sobre su futuro. “Después de lo que tuvo que enfrentar en estas elecciones, Penagos ya se graduó de estadista”, expresó el exmagistrado Reyes. A su turno, Juan Sebastián Gómez, representante de Caldas, señaló que “su éxito no es nuevo. Los que lo conocemos desde hace años sabíamos de su talante”. Y Jorge Rojas, alcalde de Manizales, sostuvo que su amigo ahora podrá llegar a donde quiera.

No ad for you

“Procurador. Contralor. Fiscal General. Miembro de cualquier alta corte. Incluso, en cargos de elección popular. Penagos tiene todo el camino por delante”, recalcó Rojas. Él, y muy a su estilo modesto, no ha dicho qué sigue. Ante todas las felicitaciones por su gestión, su respuesta siempre es la misma: “Gracias”. Nada más. Hoy, quienes frecuentan su despacho dicen que conserva la misma rutina con la que llegó aquella mañana de diciembre. Sigue madrugando, revisa personalmente los documentos importantes y los fines de semana los dedica a su familia y a sus perros Moncho, Milán y Apolo. Penagos parece trabajar siempre con un horizonte más adelante que el resto. Quizá porque aprendió hace mucho que las crisis no se enfrentan cuando estallan. Se preparan en silencio, bastante antes de que el país siquiera intuya que vienen.

👁‍🗨 Conozca “Futuro en Pausa”, un proyecto multimedia de El Espectador sobre los relatos escondidos de la vida en seis regiones del país

No ad for you

👉 Lea más sobre el Congreso, el gobierno Petro y otras noticias del mundo político.

✉️ Si tiene interés en más temas políticos o información que considere oportuno compartirnos, por favor, escríbanos a cualquiera de estos correos: hvalero@elespectador.com; aosorio@elespectador.com; dortega@elespectador.com; mbarrios@elespectador.com; lmejia@elespectador.com; ntorres@elespectador.com o jsperez@elespectador.com.

Por María José Medellín Cano

Estudió comunicación social en la Javeriana. Hizo sus prácticas en El Espectador y luego se desempeñó durante dos años como reportera judicial, desarrollando temas relacionados con las altas cortes y escándalos de corrupción como el de Odebrecht. Actualmente, es la editora de la Sección Judicial.@Majomedellincmmedellin@elespectador.com

Por David Efrén Ortega

Periodista de la Universidad Javeriana. Tiene experiencia en el cubrimiento de política, paz y memoria. Premio CPB en la categoría de Medios Digitales.@davidortegasodortega@elespectador.com
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.