En cualquier diálogo con Jorge Giraldo Ramírez (Jardín, Antioquia,1957) la rigurosidad del catedrático compite con la gracia del buen conversador; sin embargo, la que vence a ambos es la mirada del pintor que observa el paisaje con detenimiento antes de atreverse al boceto, al primer brochazo sobre el lienzo.
Hablar de las perspectivas del centro político en Colombia con Giraldo Ramírez, doctor en Filosofía de la Universidad de Antioquia, exdecano de la Escuela de Humanidades y profesor emérito de la Universidad Eafit, es revisitar sus columnas de El Colombiano, Contexto y el blog Amaranto y algunos de sus libros como Las ideas en la guerra (Debate, 2015), La tercera realidad (Sílaba, 2015), Populistas a la colombiana (Debate, 2018) o Democracia y libertad (Comfama, 2020).
Antes de dibujar el panorama del centro político en Colombia, el profesor traza tres figuras clave de los años ochenta:
1) Luis Carlos Galán, un hombre vehemente y de plaza pública, con claridades programáticas: honestidad y enfrentamiento al narcotráfico y la influencia del mismo en la política —«que fue muy evidente en el gobierno [Julio César] Turbay y en el de [Alfonso] López», enfatiza—.
2) Belisario Betancur, político conservador que fue estigmatizado como populista, y cuya presidencia (1982-1986) fue marcada por la simbología, su cercanía al sector cultural y «una política de centro reformista, a pesar de ser un gobierno impopular, con la élite y el Ejército en contra, empieza los procesos de paz. ¡El primer proceso de paz en América Latina!». Así mismo, aprobó el Acto Legislativo 01 del 9 de enero de 1986 («Todos los ciudadanos eligen directamente […] Alcaldes»).
3) El movimiento Firmes, «una especie de secuela de la izquierda liberal que representaba Gerardo Molina, y que se juntó con movimientos socialistas, representaba una frescura programática».
Colombia fue la única democracia en América Latina que mantuvo los mismos partidos tradicionales desde el siglo XIX, aquellos que fueron incapaces de generar un movimiento al centro y cuyo mayor alcance fue la Constitución de 1991: «Era una constituyente partida en tres pedazos, había que negociar con la Alianza Democrática sí o sí».
"Casi toda la tecnocracia colombiana es anticonstitucional: Alberto Carrasquilla, Juan Carlos Echeverry, Mauricio Cárdenas, cuyo conocimiento es de economía, creen que la Constitución es un despropósito".
Jorge Giraldo Ramírez
De la Constitución de 1991 se desprendió un paradigma político: Antanas Mockus. La “Ola Verde”, su alcaldía y campaña presidencial inspiraron al centro político por su «profundidad ideológica, capacidad simbólica y pedagogía». El profesor Giraldo aclara que «probablemente era más lo que había por debajo que en su liderazgo, una inconformidad con lo que yo llamo el uribato. Mockus recogía esa inconformidad, con mucha ventaja, por encima del Polo, de una figura como Carlos Gaviria».
Con este marco, Jorge Giraldo Ramírez pinta el panorama del centro político en Colombia:
¿La Constitución del 91 tuvo la intención de buscar el centro político?
Creo que la Constitución del 91 debería ser el programa del centro. Primero, porque tiene los elementos programáticos: estado social de derecho, protección de los derechos humanos -tema muy sensible en los noventa, ahora más—, la lucha de Carlos Gaviria con el libre desarrollo de la personalidad. En el reciente Encuentro de Honda [23/01/2026: “El problema territorial”, organizado por la Fundación Acordemos y El Espectador], el premio Nobel James Robinson dijo que en Colombia se habían presentado unas oportunidades para la solución de problemas graves del país, entre esas la Constitución del 91 y los Acuerdos de La Habana. En la primera intervención que hice en ese foro, hacía la pregunta retórica de si en Colombia teníamos una visión compartida alrededor de la Constitución o de los Acuerdos [la visión compartida evoca la intervención en dicho encuentro del profesor Jean-Michel Blanquer]: entre los murmullos, los asistentes decían: no tenemos una visión compartida. El caso de La Habana es clarísimo. El caso de la Constitución del 91, para un ciudadano promedio puede parecer extraño, pero casi toda la tecnocracia colombiana es anticonstitucional: Alberto Carrasquilla, Juan Carlos Echeverry, Mauricio Cárdenas, cuyo conocimiento es de economía, creen que la Constitución es un despropósito. Los temas que llamamos culturales (minorías, mujeres, preferencias individuales, libre desarrollo de la personalidad, etcétera) son polémicos en el mejor de los casos de Álvaro Uribe para abajo, pasando por el alcalde de Medellín [Federico Gutiérrez], el gobernador de Antioquia [Andrés Rendón] o [Carlos Fernando] Galán, el alcalde de Bogotá. Hay líderes importantes, partidos importantes del país, que están en contra del aborto, por ejemplo; cada vez que hablan es con Dios por delante, en contra del estado laico preconizado en la Constitución; la manera como se habló de Francia Márquez, el racismo: ¡la Constitución no es una visión compartida! Una defensa de la Constitución debería ser una bandera del centro, pero los líderes del centro tampoco hablan de la Constitución como un programa político, se da por supuesto que es la ley vigente y efectiva. No es ni tan vigente y, sobre todo, no es muy efectiva.
“Háblele usted a un empresario colombiano promedio de estado social de derecho, recítele los artículos económicos de la Constitución: ¡No están de acuerdo! Eso después lo gestionan con el estado burocrático, con los fallos de los jueces, con lo que hacen o dejan de hacer los gobiernos".
Jorge Giraldo Ramírez
Y quienes proponen una Asamblea Constituyente…
Ahorita la derecha está muy preocupada porque la izquierda plantea una Asamblea Constituyente, pero en el siglo XXI el primero que habló de Asamblea Constituyente fue Álvaro Uribe. Eso expresa políticamente un malestar —está bien que lo expresen— con la Constitución, que a su vez es vergonzante: ninguno dice estamos en contra de la Constitución, pero eso es lo que se expresa todos los días en la sociedad colombiana. Es en parte el signo de los tiempos: los políticos renunciaron a ser mejores que su base electoral, quieren expresar los peores sentimientos y pensamientos de sus bases. En una columna escribí que en Colombia era mejor el estado que la sociedad, creo que la Constitución del 91 es mejor que lo que cualquier ciudadano puede pensar de cualquier tema. Háblele usted a un empresario colombiano promedio de estado social de derecho, recítele los artículos económicos de la Constitución: ¡No están de acuerdo! Eso después lo gestionan con el estado burocrático, con los fallos de los jueces, con lo que hacen o dejan de hacer los gobiernos.
“Uno de los problemas del centro hoy es que no quiere pisar callos. A Galán lo mataron. Belisario lo pasó muy mal”.
Jorge Giraldo Ramírez
¿Cuáles son los principales defectos del centro político?
Trato de contrastarlos con las fortalezas que veía en ese centro disperso de los ochenta: no hay la vehemencia de Galán, la moderación política se confunde con falta de vehemencia y de emocionalidad. Claudia López trata de suplir un poco eso, la vehemencia, la expresión de las ideas, la combatividad. Hay un problema filosófico, conceptual, terminológico con la moderación: originalmente en la filosofía moral el término que se usa para la moderación es la templanza, ¡eso no tiene nada que ver con la tibieza! La templanza implica carácter, equilibrio racional, capacidad de diálogo, pero también ideas claras, plantearlas y que pisen callos. Uno de los problemas del centro hoy es que no quiere pisar callos. A Galán lo mataron. Belisario lo pasó muy mal.
“El partido de los economistas” fue de los que más duro jugó en este gobierno porque perdieron el poder»
Jorge Giraldo Ramírez
¿Claudia López no «pisa callos»? ¿Qué es «pisar callos»?
Con pisar callos me refiero a temas programáticos importantes. Por ejemplo, estamos en un momento en que la geopolítica mundial volvió a ser tan importante como a principios de los sesenta en Colombia —excepto la revolución cubana, la crisis de los misiles o el inicio de la II Guerra Mundial, porque en Colombia hubo partidos que simpatizaban con los nazis, pero la geopolítica los obligó a hacerse contra el Eje—. Hoy, ¿quién habla de cómo juega Colombia en las relaciones con Estados Unidos? ¿Qué dijeron la izquierda, la derecha, el centro, respecto al tema de [Nicolás] Maduro? ¿Y al ataque de Estados Unidos a lanchas colombianas donde murieron colombianos? ¿Qué hacer con la Unión Europea (UE)? ¿Qué hacer con los chinos? ¡De frente! El primer ministro de Inglaterra [Keir Starmer] acaba de llegar de China con un acuerdo; los brasileros pueden hacer eso; incluso [Javier] Milei acaba de firmar un tratado con la UE, dentro de una estrategia económica de la UE para repartir las cargas en sus relaciones económicas. El tema ambiental está en un 70 % en una encuesta mundial de valores; la gente responde que prefiere el medio ambiente sobre el desarrollo: ¡Eso es pisar callos! Lo demostró el ministerio de Irene Vélez, hasta el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, se asustó: ¡Colombia no es un país petrolero bajo ningún estándar! El centro no dice ese tipo de cosas porque es pelear con la tecnocracia que tiene más poder del que uno cree. Independientemente de todos los errores de [Gustavo] Petro, esta tecnocracia viuda del poder por primera vez en sesenta años sintió el golpe duro. “El partido de los economistas” fue de los que más duro jugó en este gobierno porque perdieron el poder.
“Cuando ves el plebiscito y la consulta anticorrupción, uno dice, esta es una sociedad que tiene problemas graves: es capaz de votar <i>no </i>a un acuerdo de paz y no es capaz de superar el umbral de votos para decir resolvamos el problema de la corrupción".
Jorge Giraldo Ramírez
Revisemos el centro en lo programático.
Por ejemplo, yo me metí a la página de Claudia López, a la de Juan Daniel Oviedo, estuve en una reunión con Sergio [Fajardo], conozco los puntos de sus programas. El que más habla del tema social es Oviedo. Claudia ha sido alcaldesa, es PhD en Ciencia política. Sergio ha sido candidato tres veces. Uno le nota a Oviedo que no estuvo vagando en el DANE, él tiene una radiografía, por lo menos cuantitativa y tiene unas sensibilidades, claramente no sólo es un hombre de centro, sino en algunas cosas programáticas es mucho más audaz que Sergio. Claudia en su tercer capítulo de programas tiene el tema social. En Sergio está muy diluido. Pisar callos es hablar del Acuerdo de La Habana, no necesariamente se tiene que decir “hay que cumplir el acuerdo” (esa es la tónica de Sergio ahora): ¡Son cosas que este país tiene que hacer! Bolivia resolvió el problema agrario en 1952, ¡no es Suiza ni Dinamarca! Parece que este gobierno ha avanzado en el tema de tierras, del catastro; pero ¿alguien que salga y diga “esto del catastro hay que hacerlo”? ¡Hasta Carlos Enrique Moreno dice eso hay que hacerlo! No se dice porque todos sabemos lo que pasó en el Congreso con la Ley de Tierras. Siempre hay esa caricatura con respecto a lo que es la tierra y sus dueños, como si sólo fueran latifundistas los de la costa que andan descalzos pelando el ombligo, pero uno de los grandes terratenientes de este país es el grupo Ardila Lülle. En la universidad hicimos el estudio del predial en Antioquia: la primera persona natural —no empresa— con más tierra en Antioquia se llama Luis Pérez Gutiérrez.
“De la Espriella representa lo más atávico de la sociedad colombiana, es la reacción política: anticonstitucional, antipaz, antipluralista, por eso creo que está por fuera del marco democrático”.
Jorge Giraldo Ramírez
Nos da paso a hablar del lugar de la corrupción en el discurso del centro.
Mockus era muy claro en contra de la corrupción. El tema de la corrupción se aguó en la campaña de Sergio. Claudia lo mantiene un poquito más, después de que hace cuatro años se hizo una consulta anticorrupción con doce millones de votos, la cual frenó Iván Duque (hubiera podido montarse, pero él era el que es). Es parte de las visiones compartidas. Cuando ves el plebiscito y la consulta anticorrupción, uno dice, esta es una sociedad que tiene problemas graves: es capaz de votar no a un acuerdo de paz y no es capaz de superar el umbral de votos para decir resolvamos el problema de la corrupción. Uno de los asuntos que emergieron en la reunión de Honda, a donde todos llegamos en últimas, y me sorprendió sobre todo en [James] Robinson, es cultural: una sociedad muy impregnada, más que nunca en su historia, por los valores del narcotráfico, es la música, es la gestualidad, es la forma de vestir, es lo que discurre, es lo que opera en la cotidianidad de la sociedad colombiana. No es gratuito que aparezca un candidato como Abelardo de la Espriella representando eso que incluso le genera algunos pudores a Uribe, lo cual ya es muy diciente. De la Espriella representa lo más atávico de la sociedad colombiana, es la reacción política: anticonstitucional, antipaz, antipluralista, por eso creo que está por fuera del marco democrático. Es el candidato de la inhibición, del desafuero. La expresión impúdica de la eliminación del contrario, del desafío a los valores constitucionales y, como tal, una expresión de la nebulosa fascista que planea en algunos sectores de una sociedad colombiana, que hace concejales a ciudadanos que salen con armas y bates a intimidar a quienes protestan.
«Signos de nuestro tiempo»…
«Pero tiene la virtud de que es un signo de la política de estos tiempos: estos políticos no se enmascaran, saben que pueden decir lo que dijo [Donald] Trump: me puedo parar en la mitad de la Quinta Avenida, dispararle a alguien y no perdería votantes. Es un signo también importante: a veces vemos la política muy provincianamente, estamos más alineados con la política global que nunca.
“Yo tengo la impresión de que, en Colombia, probablemente en todo el mundo, lo que hemos vivido en los últimos treinta años es un corrimiento hacia la derecha de todas las fuerza”.
Jorge Giraldo Ramírez
¿Qué alternativas ve frente a las consultas?
Ahí tenemos una de las tragedias colombianas, en la politología se llama problemas de acción colectiva. El pequeño centro llega dividido porque quien gane la consulta se tiene que lanzar y Sergio no va a renunciar. La decisión del CNE divide a la izquierda del centro-izquierda. La derecha va a llegar dividida porque hay una gente que tiene el pudor de no entregarse a De la Espriella, y quien salga de la Gran Consulta por Colombia está obligado a ir a primera vuelta. Con ese tipo de fraccionamiento quedamos sujetos a una cosa bastante azarosa, unas líneas de fuerza que pesan: las bodegas, la plata para las campañas y la incidencia externa, que no será la primera vez que ocurra, pero ahora es más probable: no sabemos cómo se va a mover Estados Unidos en campaña. Este tipo de poderes indirectos pueden jugar mucho, una segunda vuelta se puede definir por dos o tres puntos: no es lo mismo si pasa a la segunda vuelta el ganador de la Gran Consulta por Colombia o De La Espriella, o Sergio o Claudia. Todo el mundo está partiendo de la base de que [Iván] Cepeda estará en la segunda vuelta o el potencial candidato al Frente Amplio. Vamos a tener a dos derechas, dos centros y dos izquierdas compitiendo en la primera vuelta.
“Me impresiona que en un país en el cual hace ochenta años hubo rector comunista de la Universidad Nacional, un país en el que el Partido Comunista apoyó a Gabriel Turbay y a Alfonso López Michelsen en las elecciones, todavía haya gente asustándose de que haya un señor que no sé si es del Partido Comunista (sé que lo fue en su juventud)”.
Jorge Giraldo Ramírez
Sobre la Gran Consulta por Colombia uno esperaría que los aspirantes se corrieran hacia el centro político y por el contrario se nota una radicalización.
Yo tengo la impresión de que, en Colombia, probablemente en todo el mundo, lo que hemos vivido en los últimos treinta años es un corrimiento hacia la derecha de todas las fuerzas, hablando en términos geométricos (no me gusta el término derecha). Liberales, como César Gaviria llevan cuatro meses tratando de ganarse interlocución de Uribe. En el uribismo, todos se van corriendo, María Fernanda Cabal se sale del Centro Democrático y corre para De la Espriella. O, por ejemplo, Cepeda es un tipo que está en la democracia, por donde usted lo mire. ¿Qué le puede reprochar usted a Cepeda? ¿Qué es hijo de papá que era comunista? Me impresiona que en un país en el cual hace ochenta años hubo rector comunista de la Universidad Nacional, un país en el que el Partido Comunista apoyó a Gabriel Turbay y a Alfonso López Michelsen en las elecciones, todavía haya gente asustándose de que haya un señor que no sé si es del Partido Comunista (sé que lo fue en su juventud), pero cuando lo conocí en 1992 ya no era un comunista en el sentido estricto de la palabra. Mi punto es: Cepeda está en el campo democrático; De la Espriella, no.
“Cuando vos sos el tercero y llegás dividido, ya estás jodido... Uno debe votar por quien represente sus valores y convicciones, y estoy convencido de que hoy en Colombia, solo el centro se siente cómodo con la Constitución de 1991, y que solo el centro podría propiciar un cambio sin patear el tablero”.
Jorge Giraldo Ramírez
¿Esta vez tampoco será el turno del centro político?
Esto es como los equipos de fútbol que llegan a dos fechas antes de que termine el campeonato y no dependen de sí mismos. Hace tres meses yo creía que la opción del centro era la esperanza de conciencia en los sectores más conservadores de la dirigencia nacional, que dijeran: tenemos a Paloma [Valencia], a Mauricio [Cárdenas], a David Luna, entre los tres no salen los votos para elegir un concejal. Entonces cuando Uribe dijo: entre De la Espriella y Fajardo… esta derecha dice: vamos a perder, no vamos a poder gobernar, pero la pasamos menos mal con Fajardo, ese es el resultado que tendría que ocurrir en la otra cancha. Pero volvemos a las peleas de hace cuatro años con la coalición Centro Esperanza, [César] Gaviria no puede ver a Fajardo porque Gaviria es como es. Y Fajardo es como es. ¿Quién lo creyera? sería más probable en el uribismo (uno ve cierto pudor, pero ya están a punto de pecar). Cuando vos sos el tercero y llegás dividido, ya estás jodido. Una consulta de unidad hubiera posicionado mejor al centro. Creo que la pregunta sobre la viabilidad no es la que debe hacerse el votante consciente. Uno debe votar por quien represente sus valores y convicciones, y estoy convencido de que hoy en Colombia, solo el centro se siente cómodo con la Constitución de 1991, y que solo el centro podría propiciar un cambio sin patear el tablero.
Una pincelada final: ¿el triunfo de De la Espriella podría verse como la materialización del declive de Álvaro Uribe?
Uribe desató fuerzas que después se salieron de su control. Cuando uno ve la biografía de Uribe, su carrera política, puede entender (muchos analistas lo entendieron así): en los últimos veinticinco años, el comportamiento político de Uribe en gran medida fue orientado por el pragmatismo. Lo que funcionó como una operación pragmática para agregar intereses y llevar a cabo su proyecto político, terminó convirtiéndose en un credo fuerte de un sector duro del uribismo que ahora se expresa en Abelardo de la Espriella. Es como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde o el Dos Caras de Batman. Estoy segurísimo de que Uribe debe considerar que es una vergüenza que De la Espriella sea presidente de la República. Pero esos son los hijos que crio, son los cuervos que crio. Claramente veo diferencia entre Paloma Valencia y María Fernanda Cabal: una señora conservadora que es capaz de hablar decente cuando le toca y una señora que evidentemente está en otra cosa. Para decirlo de un modo caricaturesco: cuando Uribe llegó a la presidencia tenía que zafarse de los pedrojuan [Moreno], De la Espriella es un Pedro Juan recargado. Y juega por la libre. Y no necesita Uribe. Y es probable que, si gana, lo haga sin deberle nada a Uribe.
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