Lea la primera entrega de este especial sobre medicamentos: Las farmacéuticas les dieron COP 2,3 billones a actores de la salud en Colombia: se abre un debate.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Hace más de una semana Merck y Moderna hicieron uno de los anuncios más importantes en salud del 2026. Presentaron los resultados preliminares de lo que han llamado una “vacuna” contra el cáncer, aunque no es, propiamente, una vacuna ni tampoco es para todos los tipos de cáncer. La noticia de esas primeras señales del ensayo fase 3 causó emoción en el mundo oncológico, donde ya sabían que varios estudios estaban en marcha para poner a prueba esa tecnología.
Pero la promesa de entrar en la era de la inmunoterapia personalizada (al menos, en melanoma) también llegó cargada de preguntas sobre su precio. ¿Cómo lograrán pagarlo los sistemas de salud? ¿Cuál es el camino para costearla —reflexionaba el oncólogo Luis Eduardo Pino en una columna para El Espectador— cuando, en principio, nos moveremos en un escenario de incertidumbre sobre su efectividad real? Tal vez, sugería Pino, es hora de hablar de financiación de precisión.
Su valor, por el momento, es desconocido, pero intismeran autogene, como llamaron al nuevo tratamiento, fue administrado junto con un viejo conocido de la medicina que puede dar algunas pistas de lo que viene en camino: el pembrolizumab (o Keytruda, su nombre comercial), que es la “gallina de los huevos de oro” para MSD, el nombre de Merck en nuestro país.
En Colombia, este medicamento siempre ha estado en el top de medicinas que más dinero le han costado al país. Un año después de haber entrado al mercado en 2017 fue el que tuvo el mayor crecimiento en ventas en todo el sistema, según un reporte de la época del Ministerio de Salud. Entre ese año y el 2018 sus ventas crecieron 265%.
Desde entonces, hasta el 2024, el sistema de salud colombiano pagó más de COP 2 billones por él. Es un monto 6,7 veces el presupuesto que el Gobierno actual quiere destinar al Ministerio de Ciencias para el 2027. Claro: COP 2 billones es una suma que se queda corta sin la fotografía del 2025 y del 2026, cuando, al menos, en el primer trimestre, generó ventas por COP 164.000 millones.
“Es el San pembrolizumab de MSD”, bromea un oncólogo colombiano que prefiere no aparecer con nombre propio (y que, en adelante, llamaremos el Dr. H). Dice que si va a hablar del medicamento estrella de uno de los pesos pesados de la industria, no quiere enemistarse con la compañía.
MSD, como contamos en este artículo, ha sido la farmacéutica que más dinero le ha dado a diferentes actores del sistema de salud colombiano, como hospitales, médicos, asociaciones científicas o asociaciones de pacientes. Para ser precisos, COP 301.589.553.332 entre 2019 y 2025 como parte de las “transferencias de valor”. Eso quiere decir: más de trescientos mil millones de pesos, más del doble de lo que invirtió Novartis, el segundo laboratorio que más desembolsó dinero (más de COP 119 mil millones).
Los montos más altos fueron para centros de salud, según los registros que El Espectador solicitó al Ministerio de Salud (durante el gobierno anterior). Como lo muestra una de las gráficas que acompaña este texto, el “top” lo lidera la Clínica de la Costa, en Barranquilla, que recibió más de COP 24 mil millones. Fueron, responde esa institución, para “llevar a cabo estudios clínicos de nuevas moléculas que aún no han sido aprobadas”. Los convenios, añade, gozan de cláusulas de confidencialidad.
Oncomédica SA fue el segundo centro que más recursos recibió de MSD. Desde Montería, donde está su sede, contestan que los más de COP 20 mil millones que le dio la farmacéutica fueron para realizar estudios clínicos que han estado supervisados y regulados por el Invima y hechos “bajo estrictos principios éticos y de transparencia, garantizando la independencia del criterio médico”.
Una respuesta similar nos envió la Fundación Valle del Lili, en Cali, que como las cinco de esa lista, es enfática en señalar que cuenta con una política de transparencia y ética empresarial, “enfocada en prevenir y controlar posibles conflictos de interés en concordancia con el respeto a la autonomía médica”.
Todas también responden que, de ninguna manera, esa relación contractual con MSD ha incidido en la prescripción del pembrolizumab. “No existe ninguna relación entre la participación institucional en estudios clínicos y las decisiones de prescripción médica en nuestra clínica. La selección de tratamientos responde exclusivamente a criterios clínicos, científicos y regulatorios, así como a las características individuales de cada paciente”, agregan desde la Sociedad de Oncología y Hematología del Cesar, la cuarta institución que más recursos ha recibido en Colombia de la multinacional.
Como las anteriores, la Asociación de Exalumnos y Profesionales del Instituto Nacional de Cancerología recibió recursos de MSD para poner en marcha ensayos clínicos (más de COP 13 mil millones). De acuerdo con Álvaro Quintero Posada, subdirector del Instituto, esa asociación se creó hace varios años para que esa entidad, que es estatal, no tuviera un relacionamiento directo con la industria farmacéutica.
“La asociación es la encargada de hacer el contrato, pero el Instituto es el que recibe esa transferencia y son nuestros especialistas y oncólogos los que supervisan el ensayo clínico”, explica.
Justamente, en el Instituto Nacional de Cancerología están tratando, junto con el Centro Javeriano de Oncología del Hospital Universitario San Ignacio, de abrir un camino para usar de otra manera el pembrolizumab.
Lo que sugieren hacer es optimizar la dosis de pembrolizumab de acuerdo con el peso de los colombianos en lugar del peso de los estadounidenses, y de paso, ahorrarle unos buenos pesos al sistema. Después de todo, dice Raul Murillo, el director del Centro Javeriano de Oncología, si los grupos clínicos no ponen sobre la mesa soluciones para lograr un sistema más sostenible, “el boomerang de la crisis de la salud” puede regresar y tocar sus puertas.
Pero a MSD no le gusta para nada esa idea.
La revolución del pembrolizumab y la revolución contra el precio del pembrolizumab
A mediados de abril de este año, publicamos un reportaje liderado por el International Consortium of Investigative Journalists, que unió a periodistas de varios países. Uno de los hallazgos de ese trabajo, titulado “Merck hizo de este medicamento un éxito, pero su precio es inaccesible para muchos pacientes”, era que la compañía había logrado USD 163 mil millones (dólares) en ventas de pembrolizumab. Eso le había permitido destinar USD 75 mil millones en dividendos a sus accionistas.
Mientras los directivos globales de la empresa habían señalado que Merck había invertido USD 46 mil millones en investigar, desarrollar y fabricar esa medicina, otros análisis sugerían un cálculo diferente. Public Eye, una organización sin fines de lucro con sede en Suiza que aboga por la rendición de cuentas de las empresas, indicaba que los costos en investigación y desarrollo no superaban los USD 1.900 millones. Si sumaban el valor de los ensayos clínicos fallidos, la cifra ascendía a USD 4.800 millones.
No hay oncólogo que no crea que el pembrolizumab ha sido “revolucionario”. Junto con otros tratamientos, abrió la puerta de la era de la inmunoterapia. “El primer estudio se hizo en un tipo de cáncer de piel que se llama melanoma (el mismo de la actual “vacuna”). Fue publicado en The New Journal of Medicine y revolucionó el tratamiento en oncología”, recuerda Ricardo Brugés, oncólogo del Hospital San Ignacio y del Instituto Nacional de Cancerología. “Antes, cuando hacía metástasis, la gente no vivía más de un año. Pero, a partir de la inmunoterapia, más del 50% de esas personas tienen una supervivencia mayor a 5 años”.
“El pembrolizumab revolucionó el tratamiento en oncología”.
Ricardo Brugés, oncólogo del Hospital San Ignacio y del Instituto Nacional de Cancerología
“Significó una revolución: se empezaron a tratar pacientes que ya no tenían opción terapéutica. Ya habían pasado por todas las líneas de tratamiento y su tumor había seguido progresando. Esos pacientes comenzaron a mejorar su supervivencia; a prolongar su vida”, agrega el médico Raúl Gil Hoyos, líder de la Unidad de Terapias Avanzadas del Instituto Distrital de Ciencia, Biotecnología e Innovación en Salud.
El hecho de que el pembrolizumab hubiese encontrado un camino para manipular el sistema inmune para que reconociera las células tumorales, algo impensable décadas atrás, fue algo “disruptivo”, dice Murillo. Gracias a ese éxito terapéutico, poco a poco, MSD fue ampliando el abanico de indicaciones para los que se podía formular el tratamiento. En Colombia, señala el Minsalud, ya hay 23 indicaciones oncológicas aprobadas por el Invima, entre las que están cáncer de pulmón, cáncer colorrectal, de mama y de esófago.
A los pacientes que lo han requerido se los han administrado con un esquema de 200 miligramos cada tres semanas o uno de 400 miligramos cada seis semanas. Pero a medida que lo formulaban, algunos oncólogos —acostumbrados a administrar tratamientos según el peso de cada paciente y no una dosis única para todos— empezaron a hacerse una pregunta: ¿Se requiere esa dosis para lograr un efecto terapéutico? ¿Podría ser menor?
“Por allá en 2020 o 2021 ya era vox pópuli en la comunidad oncológica que esas dosis que planteaba MSD eran muy altas. Comenzamos a conocer evidencia de que se podía usar una dosis menor, pero nadie se atrevía a bajarlas en Colombia. No hay que olvidar que MSD patrocina buena parte de la educación continuada”, dice el Dr. H.
Reconoce que, mientras que en algunos lugares esas inquietudes tomaban fuerza, también había colegas a los que poco les importaba que el pembrolizumab estuviera en el top de gasto del sistema de salud por medicamentos.
En otros países la discusión, en cambio, sí tomó fuerza. El caso que todos recuerdan es el de Países Bajos, donde decidieron explorar otro camino. “MSD espera, por ejemplo, tener aproximadamente sesenta registros en 2028 para el uso de pembrolizumab en pacientes con cáncer”, dijo en 2022 Roelof van Leeuwen, entonces farmacéutico de uno de los hospitales más conocidos de ese país, el Erasmus MC de Rotterdam. “Nos dirigimos hacia una situación en la que ya no podremos costear la inmunoterapia y otros agentes oncológicos costosos. Debemos adoptar un enfoque proactivo y examinar críticamente lo que estamos haciendo, por ejemplo, con respecto a las dosis”.
Junto con otros 39 hospitales, el Erasmus MC de Rotterdam emprendió un estudio en el que analizaron lo que sucedía al tratar a 1.966 pacientes con “cáncer de pulmón de células no pequeñas”. A 1.362 de ellos le dieron, entre enero de 2021 y marzo de 2023, la dosis estándar que sugería MSD. A otros 604 les administraron una dosis alternativa basada en el peso.
Sus resultados, publicados en 2024 en la revista especializada Lung Cancer, sugerían que la efectividad del tratamiento no variaba al usar un esquema de dosificación alternativo de pembrolizumab y, además, reducía los costos del tratamiento. “Nuestro estudio respalda la hipótesis de que las dosis actuales de pembrolizumab son probablemente más altas de lo necesario para la máxima eficacia y el régimen de dosificación alternativo mantendría la eficacia”, escribieron.
Especialistas de otros países ya se habían planteado esa posibilidad. En 2022, en un breve documento de recomendación de política pública, publicado en el Indian Journal of Medical and Paediatric Oncology, especialistas de India hacían un llamado a utilizar una dosis de 2 miligramos de pembrolizumab por cada kilo del paciente cada tres semanas, pues la evidencia que habían recopilado sugería que no variaba la supervivencia.
La identificación de regímenes que tengan resultados similares con dosis reducidas y pautas menos intensivas debería ser una prioridad para los médicos"
“Más allá de las aprobaciones regulatorias, la identificación de regímenes que tengan resultados similares con dosis reducidas y pautas menos intensivas debería ser una prioridad para los médicos y los responsables políticos en el proceso de selección para identificar medicamentos eficaces a nivel nacional y mundial” pidió en marzo del 2025 otro grupo de especialistas en un comentario en The Lancet Oncology, entre los que se encontraba Ian Tannock, del Princess Margaret Cancer Centre y la Universidad de Toronto, y Lorenzo Moja, del grupo de Políticas y Estándares de Productos de Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
De hecho, el último informe del Comité de Expertos de la OMS sobre los medicamentos esenciales, publicado el año pasado, resaltó el valor terapéutico del pembrolizumab y recomendó que se incluyera en ese listado para algunas indicaciones específicas. El otro consejo que le daba a los países frente a las medicinas de inmunoterapia era que usaran “estrategias para mejorar el acceso, particularmente en entornos con recursos limitados”.
Entre ellas, sugería la optimización de la dosis según el peso del paciente. También les aconsejaba usar biosimilares, como llaman a los medicamentos genéricos de esos tratamientos.
¿Hora de cambiar la dosis?
En Colombia, ya se usan 62 biosimilares que han sido aprobados por el Invima, de acuerdo con la respuesta que nos envió el Minsalud. La mayoría son para enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, y para tratar ciertos tipos de cánceres. No hay ninguno del pembrolizumab. En Argentina, cuando el Laboratorio Elea fabricó PembroX, el primer biosimilar de América Latina de ese medicamento, el día antes del lanzamiento al mercado MSD bajó el precio en un 50%.
“La competencia ha dado lugar a un mayor acceso y asequibilidad”, le dijo a unos colegas argentinos Gustavo Pelizzari, director ejecutivo de Elea.
Cuando le preguntamos a MSD sobre la posibilidad de que llegue un biosimilar del pembrolizumab a Colombia, responde que debe ser una decisión que obedezca “a las políticas sanitarias, las consideraciones de seguridad de los pacientes, los resultados y la sostenibilidad del sistema de salud. La compañía cree y respalda el principio de libre y justa competencia, en la medida en que este contribuye a garantizar la disponibilidad y sostenibilidad de un amplio conjunto de opciones terapéuticas para los pacientes”.
Lo que definitivamente no le suena es la idea de un cambio en el esquema de dosis. “Los esquemas de dosificación aprobados para pembrolizumab se fundamentan en una amplia gama de datos preclínicos y en una extensa evidencia clínica (...) No puede asumirse que los esquemas de dosificación basados en el peso corporal que no han sido evaluados exhaustivamente tengan el mismo efecto terapéutico que las dosis fijas recomendadas en la etiqueta” (es decir, 200 mg).
“Para hacer un cambio en la dosificación de una terapia oncológica deben llevarse a cabo ensayos clínicos bien diseñados que evalúen su eficacia y seguridad”,
MSD
Para hacer un cambio en la dosificación de una terapia oncológica, añade, deben llevarse a cabo “ensayos clínicos bien diseñados que evalúen su eficacia y seguridad”.
En el Instituto Nacional de Cancerología y en el Centro Javeriano de Oncología del Hospital Universitario San Ignacio saben que un cambio de dosis no es un plan que le guste a la compañía y, por eso, han tratado de avanzar con extrema prudencia.
Tanto Raúl Murillo como Álvaro Quintero dicen que están planeando hacer un ensayo clínico que les permita recopilar datos. Lo que buscan, añade el oncólogo Ricardo Brugés —que reconoce ser speaker de MSD— es evaluar si pueden replicar la idea de dar una dosis de 2 miligramos por cada kilo de peso que tenga el paciente, y no 200 miligramos a todos por igual.
Por el momento, están diseñando un protocolo de cómo se haría el estudio para presentarlo al comité de ética de ambas instituciones. El siguiente paso es conseguir los recursos para llevarlo a cabo. Por obvias razones, no esperan que MSD los patrocine.
Pero al interior del Instituto Nacional de Cancerología no todos están de acuerdo en que deban recorrer ese largo camino. La abogada Carolina Gómez, que está al frente del proyecto de producción de biotecnológicos en esa entidad y dirige el Centro de Pensamiento Medicamentos, Información y Poder de la U. Nacional, cree que la evidencia disponible soporta una decisión de ese tipo. En la misma posición, cuentan ella y Quintero, están los asesores que viajaron desde el hospital Erasmus MC de Rotterdam para asesorarlos en ese camino.
De tomar esa decisión, un frasco de 200 miligramos de pembrolizumab alcanzaría para más pacientes (dependiendo de su peso) y no solo para uno. “Pero esa es una decisión que debería tomar el Gobierno para todos. Ese es el respaldo que necesitamos y en algo ayudaría a la sostenibilidad del sistema”, reclama otro oncólogo de Bogotá.
Hoy, después de que el Minsalud regulara su precio el pasado junio (bajó 27%), 200 miligramos de ese tratamiento valen COP 20.072.738, es decir, un poco más de veinte veces el valor del subsidio mensual que le dará el Gobierno a las familias damnificadas por el terremoto en Chocó.
La estrategia es tan popular entre los oncólogos que otros dos especialistas reconocen, desde el anonimato, que saben de cuatro hospitales que la han implementado en Colombia, pero prefieren que el nombre de estos lugares no sea público. A la hora de hablar de cáncer nadie quiere enemistarse con MSD.
👩⚕️📄¿Quieres conocer las últimas noticias sobre salud? Te invitamos a verlas en El Espectador.⚕️🩺