Millones de personas alrededor del mundo comienzan su día con una taza de café, convirtiéndola en una de las bebidas más consumidas (de hecho, se cree que su consumo solo es superado por el del agua).
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Durante décadas, médicos y científicos han estudiado los efectos que la cafeína —la sustancia psicoactiva más popular del mundo, donde el café es la forma más común de consumirla— tiene sobre el cuerpo.
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Ahora, la Asociación Americana del Corazón, una organización referente en estudios sobre cardiología a nivel mundial, acaba de publicar una declaración científica sobre la cafeína y la enfermedad cardiovascular. El documento fue publicado el lunes 20 de julio en la revista académica Circulation.
La principal conclusión de la declaración, explicó Gregory M. Marcus, presidente del grupo de escritores de la declaración científica y profesor en la Facultad de Medicina de la University of California, apunta a que, para la mayoría de los adultos, “la ingesta de hasta 400 mg de cafeína al día, es decir, el equivalente a cinco tazas de café cafeinado por día (sin azúcares ni ingredientes de relleno agregados), es segura y no aumenta el riesgo cardiovascular”.
Dicho de otra manera: consumir hasta cinco tazas de 230 ml de café cafeinado por día es seguro y parece asociarse a un menor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares para algunas personas.
Sin embargo, advirtió Marcus, “las dosis altas de cafeína, como las que se encuentran en las bebidas energizantes, incluidos los shots energizantes, pueden tener efectos dañinos en el corazón y deberían evitarse”.
¿Qué es lo nuevo que sabemos sobre el consumo de café?
Una de las primeras aclaraciones que hicieron los investigadores que participaron en la reciente declaración científica de la Asociación Americana del Corazón es que estudiar los efectos de la cafeína en el sistema cardiovascular es desafiante. En primer lugar, porque los efectos cardiovasculares pueden deberse a otros compuestos del café que no sean la cafeína, como compuestos bioactivos, o la leche, la crema, los jarabes saborizados o el azúcar.
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Adicionalmente, si bien el café es la fuente principal de cafeína para la mayoría de adultos, el té, el chocolate, los refrescos, las bebidas energizantes e incluso los medicamentos de venta libre y recetados también pueden contribuir a la ingesta total de cafeína. Por estas razones, la reciente declaración científica se centró en el café de cafeína.
Para ser más precisos, la declaración se centró en el posible impacto de la cafeína del café en la presión arterial alta, el colesterol, la diabetes tipo 2, la enfermedad coronaria, el ataque o derrame cerebral, la insuficiencia cardíaca y la fibrilación auricular, entre otras arritmias y afecciones cardiovasculares.
Entre los principales hallazgos, relacionados con el consumo de café con cafeína y las afecciones cardiovasculares, el documento resalta que consumir café cafeinado sin azúcares, saborizantes o crema se asoció a un menor riesgo de sufrir diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas, ataque o derrame cerebral, insuficiencia cardíaca, entre otras.
Frente al uso de azúcar, los jarabes saborizados, la leche o la crema en el café cafeinado, la Asociación resaltó que es posible que reduzcan los posibles beneficios, pero reconocieron que hace falta más investigación para comprender el impacto de estos ingredientes agregados.
A pesar de estos hallazgos, los investigadores advierten que la rapidez con la que las personas procesan la cafeína depende de aspectos como la genética, el metabolismo, la edad y el consumo de cafeína en el pasado. Por eso, cuando una persona consume café cafeinado de forma regular, es posible que pueda desarrollar una tolerancia más alta a los niveles de cafeína.
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Mientras tanto, “otras personas podrían sentir efectos más fuertes con la misma cantidad de cafeína. Entre los efectos a corto plazo de la cafeína, se pueden incluir los aumentos temporales de presión arterial, frecuencia cardíaca, niveles de azúcar en sangre y el estado de alerta. Algunas personas podrían experimentar palpitaciones cardíacas o alteraciones del sueño”.
Siguiendo esa línea, el profesor Marcus aclaró que, “aunque la investigación sugiere que el consumo de cafeína puede estar vinculado con ciertos beneficios cardiovasculares para algunas personas, es importante recordar que no existe una estrategia ‘única’ para un consumo sano de cafeína. Las personas pueden responder a la cafeína de manera muy distinta en función de diversos factores como la edad, los medicamentos, condiciones de salud subyacentes, la genética y la rapidez con la que los cuerpos la metabolizan”.
En otras palabras, lo que puede ser una cantidad razonable para una persona, podría provocar efectos no deseados en otra, como palpitaciones, ansiedad o alteración del sueño. En estos casos, la recomendación del profesor Marcus es prestar atención a la respuesta del cuerpo ante la cafeína y consultar con un médico qué es lo mejor en cada caso.
Aunque la declaración científica se centró en los impactos de la cafeína del café, también incluyó algunos apartes sobre otros productos que también contienen cafeína, como el té, los refrescos y las bebidas o shots energizantes.
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Si bien la Asociación señaló que hacen falta más estudios para conocer los impactos de la cafeína de estos productos en el cuerpo, destacó que el té se asoció a un riesgo menor de sufrir fibrilación auricular, insuficiencia cardíaca y ataque o derrame cerebral, “parecido al café cafeinado”.
Por el contrario, concluyeron que una ingesta mayor de cafeína, como los niveles que se encuentran en las bebidas o shots energizantes, se asocian con daño cardiovascular, como el riesgo aumentado de presión arterial alta o la frecuencia cardíaca irregular. Para hacerse a una idea, los shots energizantes pueden contener entre 40 y 69 mg de cafeína por 30 ml de líquido. Esto es de 3 a 4 veces más cafeína que un café normal.
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