Es miércoles, día de El Espectador le explica. ¿Qué es el hantavirus? ¿Por qué se desató una ola de miedo que nos hizo recordar a marzo de 2020, cuando empezamos a vivir la pandemia por el covid-19 en Colombia? ¿Qué ha dicho la Organización Mundial de la Salud al respecto? ¿Fue este virus el causante de las ya varias pérdidas humanas a bordo de un crucero? ¿El brote fue catalogado de alto o de bajo riesgo? ¿Por qué los reporteros de El Espectador que escriben sobre los temas de salud a diario aseguran que “la solidaridad le ganó al pánico” en este capítulo que ya estaba creciendo como bola de nieve? ¿Qué se está haciendo desde el Ministerio de Salud y el INS de Colombia sobre este asunto? De todo eso se trata este boletín y para escribirlo, los colegas de la redacción de Salud y de Mundo, también de Bogotá, nos enviaron varios contenidos con los que vamos a responder todas estas preguntas. Comencemos:
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Vamos por partes: ¿Qué es el hantavirus? Esto escribieron los redactores de salud: “Los hantavirus son un grupo de virus poco comunes que se transmiten a los humanos a través del contacto con roedores. Su nombre proviene del río Hantan, en Corea del Sur, donde se identificaron por primera vez en la década de 1970. Aunque existen al menos 38 especies reconocidas en el mundo, solo 24 causan enfermedades en humanos. Aun así, los casos siguen siendo poco frecuentes”.
Ellos, tomando como referencia a la Journal of the American Medical Association, explicaron que “las personas pueden contraer una infección por hantavirus a partir de la inhalación de partículas provenientes de la orina, saliva o excrementos infectados de esos roedores, generalmente ratas y ratones”. Y que “la forma más habitual de contagio es limpiando una habitación cerrada con heces de roedor”. Que “el reservorio principal son algunos ratones silvestres, pero, hasta ahora, no se han detectado en ratas o ratones habituales en las ciudades”.
La enfermedad viene con “síntomas similares a los de una gripe, como fiebre, dolores musculares, escalofríos, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea”.
Entonces “el riesgo de desarrollar una infección es más alto para aquellas personas que deben limpiar, trabajar, jugar o están en espacios con excrementos y orina secos de roedores infectados”. Pero aclararon que “de acuerdo con la revista, en raros casos, la infección puede adquirirse a través de mordeduras o arañazos de roedores o por comer alimentos contaminados”.
Con esto claro, ¿qué fue lo que pasó como para que el mundo entero volviera sobre la angustia y el miedo? El 4 de mayo la Organización Mundial de la Salud (OMS) “informó que tres personas murieron luego de que se reportara un presunto brote de hantavirus en el crucero MV Hondius”. Era un barco que navegaba el océano Atlántico desde Argentina hasta Cabo Verde, en África, y que había zarpado el 20 de marzo con 143 personas a bordo. Una persona más estaba en cuidados intensivos en Sudáfrica. Justo la OMS adelantaba la posibilidad de una “evacuación médica de dos pasajeros sintomáticos, así como la evaluación completa del riesgo” de todos los demás.
Pero ¿por qué es tan delicado este virus? Porque produce “daños en el tejido pulmonar, con acumulación de líquido y problemas graves en su funcionamiento, también afectando al corazón”. La OMS empezaba a despejar dudas para no caer en preocupaciones: descartaba transmisión de humano a humano y dejaba claro que el riesgo para la población mundial era bajo. Para ese instante el dato más preciso era el de “siete pasajeros y tripulantes” enfermos y “otros tres fallecidos”. El 6 de mayo, de la propia voz de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, calmando las aguas de la incertidumbre, dijo en entrevista con AFP que no consideraba que este brote fuera comparable con el inicio de la pandemia de covid-19.
Un par de datos nuevos iban agregando en la información: de acuerdo con Nistal Villán, investigador del grupo de virología de la Universidad CEU San Pablo, citado por El País, “se requiere un contacto estrecho y prolongado con los fluidos de la persona enferma” para que exista la probabilidad de un contagio entre humanos. Y el segundo que hay antecedentes de ello en 1996 en la Patagonia, Argentina. Justo en donde estuvo el barco.
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Para el final del 6 de mayo, ya se sabía que la cepa Andes había sido la responsable de al menos tres muertes. Dos holandeses fueron las primeras personas que fallecieron. El gobierno de Argentina investigó en dónde estuvieron antes esas personas, pues se cree que fueron el primer eslabón de la cadena. El llamado “caso índice” a la hora de hacerle seguimiento al contagio.
Se supo, entonces, que llegaron a Argentina el 27 de noviembre de 2025 y viajaron en carro durante 40 días. Cruzaron a Chile, estuvieron allí por 24 días más. Volvieron a Argentina, fueron a Neuquén (suroeste), doce días después regresaron a Chile. Volvieron Mendoza y luego a Misiones (frontera con Brasil y Paraguay). El 13 de marzo cruzaron por tierra a Uruguay y el 27 de marzo regresaron a Argentina, a Ushuaia, desde donde el MV Hondius zarpó el 1 de abril.
El 7 de mayo se supo que, de acuerdo con los registros del barco, fue el 24 de abril cuando 30 pasajeros abandonaron el MV Hondius. Entonces era necesario un rastreo de todas estas personas para verificar el riesgo de un posible contagio. “Oceanwide Expeditions, la operadora, confirmó haber contactado a todos los 30 pasajeros de al menos 12 nacionalidades que bajaron en Santa Elena entre el 22 y 24 de abril”. En ello, se supo que, de acuerdo con Independent, “se confirmó un caso positivo en Suiza de un hombre que también desembarcó en Santa Elena el 24 de abril y regresó a su país en vuelo”.
Para ese instante el crucero neerlandés MV Hondius permanecía anclado “frente a la costa de la ciudad de Praia, en la isla de Santiago, Cabo Verde”. ¿Qué pasaba en su interior? “Espacios comunes desiertos, cubiertas silenciosas, consumo de infusiones calientes, uso obligatorio de mascarillas, chequeos médicos constantes y la zozobra por no conocer el fin ni las condiciones de su travesía”, le dijeron varios de los pasajeros a Reuters. El rumbo: Tenerife, en España, donde los esperaban bajo estrictas medidas de salud para hacer la respectiva evacuación, no sin antes mantener la vigilancia y trazabilidad del virus:
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Aunque era imposible no escarbar en la memoria y hacer comparaciones, la directora interina de prevención y preparación de epidemias y pandemias de la OMS, Maria Van Kerkhove, recalcó una y otra vez que “esto no es coronavirus, este es un virus muy diferente, lo conocemos (...) Esto no es el inicio de una pandemia como el covid. Se trata de un brote en un barco, en un área confinada con cinco casos confirmados hasta ahora”.
Ya nos explicaban que los pasajeros tendrían que entrar en cuarentenas, si las autoridades de cada país así lo consideraban, una vez salieran del barco, pero para el caso de los españoles, así sería, en el Hospital Militar Gómez Ulla de Madrid. En el barco salieron de Ushuaia 147 personas de 23 nacionalidades, entre ellos 38 filipinos (miembros de la tripulación), 23 británicos, 17 estadounidenses y 14 españoles.
Informaron que la primera víctima experimentó síntomas (fiebre, dolor de cabeza y diarrea leve) y murió en el barco el 11 de abril. Su esposa fue la segunda en fallecer: desembarcó en la isla de Santa Elena (Atlántico sur) con síntomas y tomó un vuelo a Johannesburgo, donde falleció el 26 de abril. Ambos eran holandeses. El tercer deceso (a bordo) fue el de una mujer alemana el 2 de mayo tras presentar síntomas de neumonía.
“El brote en el crucero <i>MV Hondius</i> no debería alimentar el pánico, pero sí debe recordarnos que el turismo de aventura exige algo más que seguros médicos y fotografías espectaculares”
David A. Montero, Doctor en Ciencias Biomédicas y profesor de la Universidad de Chile.
En Colombia, por supuesto, ya se levantaban las banderas de alerta. Se veía muy lejano el asunto, pero vivir en medio de la globalización nos tiene a un vuelo de distancia. O, en este caso, a un crucero de distancia. Ese mismo 7 de mayo el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud (INS) emitieron un comunicado asegurando que, hasta la fecha, no había alerta por presencia de ese virus en el país: “En seguimiento al evento internacional notificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) relacionado con casos graves de enfermedad respiratoria asociados a hantavirus en pasajeros de un crucero internacional, actualmente no se han confirmado casos de infección por hantavirus en Colombia”.
Explicaron que “de acuerdo con la situación epidemiológica, en Colombia el riesgo de presentación de casos es bajo” y, como medida de prevención, pidieron “mantener una higiene adecuada de viviendas, bodegas y áreas de almacenamiento. Evitar la acumulación de residuos y alimentos expuestos que favorezcan la presencia de roedores. Sellar grietas y espacios que faciliten el ingreso de roedores a los hogares”. Y que para las personas que realicen labores de limpieza en lugares cerrados o con evidencias de infestación por roedores, la recomendación es que se utilicen elementos de protección personal, incluyendo mascarillas.
Ya, en un texto un poco más analítico y con datos de fuentes confiables, Daniela Bueno, de la redacción de Salud de El Espectador, nos contaba que “en América se sabe que la infección puede causar lo que se conoce como “síndrome cardiopulmonar por hantavirus” (SCPH), que afecta a los pulmones y al corazón; mientras que en Europa y Asia se sabe que los hantavirus causan la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), que afecta principalmente a los riñones y los vasos sanguíneos”.
Recordó que “los casos confirmados y analizados corresponden a Andes, el único hantavirus en el que se han documentado casos de transmisión de persona a persona, y que solo circula en Suramérica”. “Que los síntomas pueden manifestarse entre una y ocho semanas después de la exposición”. Y que, de acuerdo con las investigaciones y con ese rango de tiempo, lo más seguro fue que las dos personas holandesas adquirieron el virus antes de subirse al barco, en alguna de las travesías que hicieron avistando aves en sur América.
También nos entregó un dato, con contexto y explicación, que permitía entender mejor toda esta coyuntura para no caer en especulaciones: “Recordemos que en la pandemia por coronavirus se usaba el número reproductivo básico (R0), que indica cuántas personas puede infectar de media un caso durante su fase contagiosa. Para el hantavirus se ha estimado en menos de 1. En uno de los brotes mejor caracterizados, que tuvo lugar en Argentina en 2018, esa cifra fue 1,5”.
“No es insignificante, pero uno de los virus más contagiosos conocidos en humanos, el del sarampión, tiene un R0 de aproximadamente 12-18. En comparación, el coronavirus inicial tuvo un R0 de alrededor de 2-3. Ahora bien, incluso en ese brote de Argentina en 2018, cuando las autoridades implementaron medidas de control como localización, aislamiento y tratamiento de los casos, se observó que el R0 descendió a 0,96, lo que indica que la transmisión prácticamente se detuvo”, contó Daniela Bueno, de El Espectador.
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Como se esperaba, la llegada del navío a Tenerife, en España, desató todo tipo de reacciones. “Los trabajadores del puerto exigen garantías sanitarias”, contó Camilo Gómez Forero en este texto. Pero las autoridades salieron a explicar lo que se haría, como que el crucero no atracaría frente a las costas de la isla de Tenerife, sino que solo fondearía, y que los pasajeros serían trasladados en embarcaciones más pequeñas. Después serían conducidos en autobús a un aeropuerto cercano, explicó la secretaria general de Protección Civil, Virginia Barcones, en la televisión pública. Desde allí volarían a sus respectivos países. “En principio son personas asintomáticas, no necesitan un traslado especial”, explicó.
Para el 9 de mayo, el balance era el siguiente: Según la OMS, ocho personas identificadas con síntomas compatibles con la enfermedad. De esos casos, cinco fueron confirmados como infecciones por hantavirus y tres fallecieron. ¿Qué decían las autoridades de Bogotá? “El mensaje para la ciudadanía es de tranquilidad y de información basada en evidencia. Actualmente no existe evidencia de transmisión activa y sostenida de hantavirus en Colombia ni en Bogotá”, señaló Julián Fernández, subsecretario de Salud Pública. Y que el sistema de la capital, como prevención, mantenía un seguimiento epidemiológico permanente.
Ese mismo día Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud, OMS, publicó una carta en español dirigida a la población de Tenerife: “Quiero hablarles de ser humano a ser humano; se lo merecen”. Entonces en este espacio publicamos unos apartados de ella, porque en el fondo, era para el mundo entero: “Sé que están preocupados. Sé que cuando escuchan la palabra ‘brote o epidemia’ y ven un barco acercarse a sus costas, afloran recuerdos que ninguno de nosotros ha logrado superar del todo. El dolor de 2020 sigue siendo real, y no lo minimizo ni por un momento…”
“…Pero necesito que me escuchen con claridad: esto no es otro covid-19. El riesgo actual para la salud pública derivado del hantavirus sigue siendo bajo. Mis colegas y yo lo hemos afirmado sin ambigüedades, y lo repito ahora. El virus a bordo del MV Hondius es el hantavirus de los Andes. Es grave. Tres personas han perdido la vida, y nuestro corazón está con sus familias. El riesgo para ustedes, en su vida cotidiana en Tenerife, es bajo. Esta es la evaluación de la OMS, y no la hacemos a la ligera…” “…Tenerife ha sido elegida porque tiene la capacidad médica, la infraestructura y sé que la humanidad necesaria para ayudarles (a los pasajeros y tripulación) a llegar a un lugar seguro”.
Este capítulo de la historia se fue escribiendo, entonces, con prudencia, y más que el pánico, ha primado la solidaridad. Sergio Silva Numa, editor de Salud, lo resumió en el texto que publicó el pasado fin de semana, así: “Aunque en medio de ese esfuerzo circularon muchas noticias falsas y hasta hubo políticos que se opusieron, triunfó el trabajo en conjunto por la salud global”.
Lo de España no fue solo solidaridad y abrir las puertas de sus fronteras, se trataba de algo 100 % coordinado con una veintena de países. La ministra de Sanidad, Mónica García, informó que 23 países se habían puesto de acuerdo para permitir que sus ciudadanos regresaran a sus lugares de origen apenas desembarcaran del crucero en el que hubo un brote de hantavirus (virus Andes). Que siete aviones militares o chárter despegaron a lo largo del día del aeropuerto de Tenerife Sur con 94 personas de 19 nacionalidades que estaban a bordo del crucero.
“Solo uno, un francés, empezó a presentar síntomas durante el vuelo de regreso a su país, pero aún es pronto para saber si tiene virus Andes: al igual que sucedió con el covid-19, requiere de pruebas PCR que confirmen su diagnóstico. Las sospechas sobre las otras dos pacientes que, al parecer, habían tenido contacto con la mujer que falleció en Johannesburgo tras bajar del barco, indican, por el momento, que no hay razones de preocupación: ambas, por ahora, han dado resultados negativos para el hantavirus”. En resumen, como lo dijo la OMS, no había riesgo alto y era necesaria la solidaridad para que estas personas, que estaban encerradas en el barco, pudieran salir, ser atendidas por profesionales de la salud de alto nivel si era necesario y, además, porque también había allí personas en duelo. Un acto de humanidad.
Citando a Julián Fernández-Niño, subsecretario de Salud de Bogotá, nos recordó que “los brotes por norovirus (como ese) son muy frecuentes en cruceros y se presentan todos los años. Su mayor complicación es una gastroenteritis, es decir, nada para preocuparse ni para aplazar las vacaciones de mitad de año”. Sin embargo, en este caso las muertes y la intervención de la OMS, elevó la atención de todos. El 11 de mayo, finalizó el desembarco del MV Hondius y el buque emprendió su ruta hacia Países Bajos. Hasta el momento el único dato nuevo era que la ministra de Sanidad de España, Mónica García, “informó que uno de los pasajeros españoles aislados en el Hospital Gómez Ulla dio positivo provisional” y se encuentra aislado en un hospital.
Y las autoridades de Estados Unidos comunicaron sobre una persona con síntomas, sumada a otra con un resultado positivo débil: “Estamos en continua colaboración con todas las autoridades y todos los países implicados en los vuelos que salieron para ir siguiendo minuciosamente, de manera epidemiológica, el estado de salud y la evolución de todas estas personas”, afirmó la ministra. De este asunto, que seguiremos atentos, tan pronto y se tengan noticias, les contaremos, pero, por ahora, en manos de la ciencia y con la seguridad de su información, no se trata de una enfermedad de la que nos tengamos que preocupar en el resto del mundo.
Un dato adicional: cuando terminamos de escribir este boletín, 1.700 personas estaban confinadas en un crucero en Francia por un “brote de gastroenteritis”. De nuevo, la información que circulaba en redes sociales, mucha sin verificar, pretendió relacionar a los dos barcos, pero ya las autoridades de Burdeos dejaron claro que se trataba de un asunto estomacal y que nada tenía que ver con el hantavirus. Estaremos atentos a lo que suceda para contarlo en todas nuestras plataformas. Nos vemos el próximo miércoles.
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