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Las mentiras de los productos para adelgazar

Aunque los venden como una “cura milagrosa” o un “nuevo descubrimiento” que hará bajar de peso, lo cierto es que en Colombia no hay ningún suplemento para perder kilos o inhibir el hambre; solo son empresas aprovechándose de la idea de adelgazar.

Juan Diego Quiceno
01 de agosto de 2022 - 02:00 a. m.
La industria de pérdida de peso movió más de US$78.000 millones en 2019. / Getty
La industria de pérdida de peso movió más de US$78.000 millones en 2019. / Getty

Seguro en algún momento de su vida ha escuchado de geles reductores, de ungüentos con propiedades “antiguas” que prometen “bloquear” la acumulación de grasa, de suplementos que inhiben el hambre o incluso de parches que si se pegan en la piel quitan el apetito.

En Colombia existe una prevalencia de sobrepeso en adultos del 37,7 % y de obesidad del 18,7 %, según la Encuesta Nacional de Salud Nutricional de 2015. No se suele hablar mucho de lo que esas personas están dispuestas a hacer para adelgazar, de los engaños de los que están siendo víctimas y del peligro que eso atañe a su salud física y mental.

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La industria de suplementos y pérdida de peso se ha disparado en los últimos años. Marketdata Enterprises, firma de investigación estadounidense, reportó que este mercado movió más de US$78.000 millones en 2019. Sin embargo, y “con demasiada frecuencia”, afirma la Comisión Federal de Comercio de EE. UU. (FTC por sus siglas en inglés), “las declaraciones de propiedades saludables de estos productos son falsas o no están comprobadas”. La FTC ha detectado que durante los últimos años ha habido una tendencia en la publicidad de suplementos dietéticos hacia afirmaciones no comprobadas. La ciencia va por un lado y la publicidad parece ir por otro.

Tanto es así que la FTC ha publicado un manual de declaraciones en anuncios que “simplemente no pueden ser ciertas”. Entre ellas, por ejemplo, destacan promesas tan directas como que equis producto “provoca una pérdida de peso de un kilo o más por semana durante un mes o más sin hacer dieta ni ejercicio”, hasta algunas menos claras en números, pero igual de mentirosas como “provoca una pérdida de peso sustancial sin importar qué o cuánto coma” o “bloquea la absorción de grasas o calorías para permitir que pierda una cantidad sustancial de peso”. Todas son falsas y peligrosas premisas que en Colombia también se han identificado en suplementos dietéticos .

En Colombia, afirma el Invima, no está aprobado ningún suplemento dietario para adelgazar o inhibir el hambre. Cualquiera que así lo venda está mintiendo. Es posible que le aseguren que ese producto tiene registro o notificación sanitaria del Invima, incluso es posible que se la muestren, pero entonces ¿por qué lo tienen si están mintiendo?

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“Puede tratarse de productos que, si bien cuentan con registro o notificación sanitaria, se ofrecen con propiedades distintas que no se encuentran aprobadas por el Invima. Es decir, que no se estaría brindando una información veraz respecto a la naturaleza del producto (suplemento dietario)”, respondió la entidad. Una cosa dice la etiqueta que autorizó el Invima y otra la publicidad con la que se vende.

Nada en la publicidad de un suplemento dietario que se venda en Colombia puede decir o sugerir, directa o indirectamente, que sirve para prevenir, tratar o incluso curar cualquier enfermedad o trastorno fisiológico. Si se promueve como “cura milagrosa”, “nuevo descubrimiento”, “innovación científica”, “fórmula secreta” o “remedio antiguo” están mintiendo, dice el Invima. Desconfíe si muestran figuras o imágenes que exageren sus nombres, indicaciones o propiedades, relacionadas con un estado de salud o con anuncios de beneficios terapéuticos o estéticos. Por ejemplo, el antes y después de personas que tienen transformaciones físicas increíbles y por eso falsas o, peor aún, peligrosas.

Tampoco hay nada que funcione, si es que funciona, para todas las personas de manera idéntica y no hay cremas ni parches que produzcan pérdida de peso. Nada que se pueda usar o aplicar en la piel lo hará. En esta lista también se incluyen los suplementos dietarios herbales, que dicen contener una o varias plantas.

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Lo que dice la ciencia

A mediados de 2021, un grupo de científicos australianos presentó en el Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO por sus siglas en inglés) una investigación en la que analizó los datos de 54 estudios en los que participaron 4.331 adultos sanos con sobrepeso u obesidad. El grupo de investigadores analizó ensayos previos que compararon el efecto de los placebos con suplementos dietéticos herbarios. ¿Su conclusión? La gran mayoría de ellos no tuvieron evidencia de una pérdida de peso clínicamente significativa.

Ese no ha sido el único estudio que se ha propuesto investigar los suplementos dietarios. En 2019 investigadores norteamericanos publicaron un artículo en el Journal of Adolescent Health en el que señalaban que en el Sistema de Informes de Eventos Adversos de la Administración de Drogas y Alimentos de los EE. UU. había un registro de 977 informes de eventos adversos relacionados con un suplemento dietario que afectó a personas de entre 0 y 25 años durante once años (entre enero de 2004 y abril de 2015).

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El 40 % de esos casos adversos se clasificó como “problemas graves”, lo que resultó en 166 hospitalizaciones y 22 muertes. Los productos energéticos o para bajar de peso causaron el 71,8 % de esos eventos, que incluyeron palpitaciones, dolor torácico o taquicardia.

Otra investigación publicada en el New England Journal of Medicine en 2015 estimó que alrededor de 23.000 personas terminaron en el servicio de urgencias cada año, desde 2004 hasta 2013, debido a eventos adversos relacionados con los suplementos dietéticos. Estas visitas resultaron en un estimado de 2.154 hospitalizaciones anuales, con frecuencia en adultos de 20 a 34 años y en niños sin supervisión.

Las recomendaciones de las entidades de regulación en Estados Unidos y en Colombia van dirigidas a desconfiar de los productos que describen procesos de adelgazamiento “fáciles” o “milagrosos”, pero para Paola Sabogal, nutricionista, investigadora y estudiante de un Ph. D. en Psicología, el panorama debe ser más amplio: cuestionar si detrás de la compra de algún producto que promete adelgazar a toda costa se esconde un indicio normalizado de un trastorno de la conducta alimentaria.

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Problema subestimado

En Colombia, según le confirmó el Ministerio de Salud a El Espectador, fueron atendidas 85.715 personas por diagnóstico principal de trastornos de la ingestión de alimentos entre 2015 y 2021. El porcentaje de personas atendidas en los servicios de salud por diagnóstico de trastornos de la ingestión de alimentos ha venido creciendo desde 2015, cuando fue del 8,4%, hasta 2021, cuando marcó 17,8 %. Si bien la cifra es alta y ha tenido una tendencia en aumento, para Sabogal es posible que haya subregistro.

“Los reportes con los que contamos vienen de psiquiatría o psicología, pero un profesional en medicina general o nutrición no va a diagnosticar un trastorno de conducta alimentaria y posiblemente ni siquiera va a hacer la remisión a salud mental. ¿Cuántas personas que van al sistema de salud se están quedando atascadas en la cita general? Muchas se están tratando por fuera del sistema, lo que no nos permite tener información más detallada”, se pregunta Sabogal. Este corto circuito se debe a que los trastornos de conducta alimentaria se mueven en una línea en la que la atención no puede ser solo física, sino también mental.

De hecho, dice Juliana Escobar, nutricionista con estudios en salud mental, aquellas conductas riesgosas que podrían ser indicativos de un trastorno alimenticio son antes que físicas, comportamientos rutinarios que han sido normalizados poco a poco.

Obsesiones como el conteo constante de calorías, macros o proteínas, los sentimientos de culpa y necesidad de compensación: si como esto, debo hacer una hora de ejercicio para “equilibrar”. La dieta que restringe grupos completos de alimentos, los “rituales” que comienzan a ser paso obligatorio para comer: si el plato no lo hago yo, con la medida exacta en gramos de proteínas, no puedo comer. “Es un espectro grande de conductas que comienzan a indicar que hay una relación conflictiva con los alimentos y el cuerpo, que la imagen corporal ha adquirido una dimensión demasiado exigente”.

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La idea establecida culturalmente de que un trastorno alimenticio se ve y existe solo en la extrema delgadez es otro obstáculo que reconoce Sabogal. Ella ha conocido y tratado innumerables casos de personas que nunca tuvieron un peso “extremo” equivalente a una inminencia de muerte: Sigue existiendo, finaliza Escobar, “un enfoque predominante en la báscula, en el peso como elemento primordial o incluso único en el diagnóstico. Eso obvia todo lo que hay en términos de comportamiento”.

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