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En el primer trimestre de 2024, Tim Andrews, un estadounidense de 66 años, se sometió a un trasplante de riñón de cerdo modificado genéticamente como alternativa para tratar la enfermedad renal en etapa terminal que padecía.
Con un tiempo de espera previsto prolongado para un trasplante de un donante fallecido y sin un donante vivo compatible, el equipo del Hospital General de Massachusetts Brigham se decantó por realizar el xenotrasplante, como se conoce al trasplante de células, tejidos u órganos de una especie animal a un ser humano.
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Leonardo Riella, investigador del Centro de Ciencias de Trasplantes y la División de Nefrología del Hospital General de Massachusetts Brigham, recordó que en estos casos “la escasez de órganos es la mayor crisis que enfrentamos actualmente en el campo de los trasplantes”.
“Nuestra visión es que el xenotrasplante podría ayudar a solucionar esta deficiencia, inicialmente como un puente para que los pacientes dejen la diálisis mientras esperan un riñón de donante humano y, potencialmente, una vez que establezcamos su seguridad y durabilidad a largo plazo, como una terapia definitiva por derecho propio”, aseguró Riella.
De hecho, el hospital en el que trabaja Riella realizó el primer trasplante de riñón porcino a un receptor humano vivo en 2024. Tras 52 días, el paciente falleció por causas cardíacas no relacionadas con el trasplante.
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Pero la historia de Andrews es totalmente distinta a ese primer trasplante. Como cuentan ahora en un estudio liderado por Riella y publicado en la revista académica The Lancet, el hombre de 66 años vivió con éxito con el riñón modificado genéticamente durante 271 días antes de recibir un riñón humano de un donante y sin necesitar diálisis.
Su caso, explicaron los autores, “representa la supervivencia más prolongada sin diálisis después de un xenotrasplante de riñón porcino en un ser humano vivo y la primera transición a un trasplante de riñón humano”.
En un primer momento, Andrews recibió un riñón modificado genéticamente bajo una solicitud de acceso ampliado a un fármaco experimental de la FDA, la agencia de salud pública de los Estados Unidos.
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Aunque el riñón funcionó de inmediato, se generó un episodio inicial de rechazo que se resolvió con tratamiento. Casi seis meses después de la primera intervención, el riñón porcino trasplantado desarrolló un daño que lo llevó a la insuficiencia orgánica, momento en el cual el paciente recibió un riñón humano de un donante fallecido.
De acuerdo con los investigadores, “los hallazgos ilustran tanto el potencial como las áreas de mejora de los xenotrasplantes como puente para pacientes que esperan un riñón humano”.
Riella, investigador principal del estudio, aseguró que “los pacientes son los verdaderos pioneros. Al dar un paso al frente y estar dispuestos a participar en estos estudios iniciales, están haciendo avanzar la ciencia. Sin su confianza y valentía, no podríamos hacer lo que hacemos”.
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