
Colombia lleva, al menos, una década consolidándose como uno de los destinos favoritos para realizarse procedimientos estéticos, tanto quirúrgicos como no quirúrgicos. En 2016, los pacientes extranjeros que llegaron al país representaban el 18 %, pero en 2025 esa cifra casi se duplicó y llegó al 31,5 %, de acuerdo con el más reciente reporte de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS).
La mayoría son pacientes que viajan desde Estados Unidos, España o Canadá a ciudades como Bogotá o Medellín, principalmente. En 2024, esta última recibió la mayor cantidad de pacientes internacionales desde 2010, cuando la Cámara de Comercio de la ciudad empezó a llevar registros: 23.323, de los cuales 6.771 lo hicieron para procedimientos de cirugía plástica.
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Sin embargo, ese mercado también ha comenzado a extenderse a Bucaramanga. Por las calles de Cabecera, una de las principales zonas comerciales de la ciudad, es cada vez más frecuente encontrar fachadas con las palabras “cirugía plástica y estética”, “armonización facial o corporal” o “centro de estética”. En un recorrido de solo 800 metros, donde siempre ha sido común encontrar restaurantes y tiendas de ropa, ahora se pueden identificar hasta seis negocios relacionados con procedimientos estéticos.
Otros no están a simple vista, sino en reconocidos complejos médicos, como la FOSCAL Internacional, o empresariales, como el Ecoparque Natura, ambos ubicados en zonas del área metropolitana de la ciudad.
Hasta esos lugares llegan pacientes de la ciudad y extranjeros. En 2025, Bucaramanga recibió 41.614 turistas de otros países, de los cuales 662 vinieron a procedimientos médicos, según las cifras del Observatorio de Turismo de Bucaramanga.
Esto no era algo “tan común” hace unos años, afirma Donovan Sánchez, médico y cirujano plástico de la capital santandereana. Cuenta que en los últimos años ha operado pacientes de España, Estados Unidos, Italia y Canadá.
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A estas personas normalmente les ofrecen paquetes posoperatorios con servicios de alojamiento, alimentación, enfermería personalizada y masajes posoperatorios. También traslados desde USD 120 por noche.
“Hay muchas personas que se han ido a vivir a otros países, y cuando vienen a visitar a su familia, aprovechan”, dice Zully Ballesteros, especialista en dermatología y docente de la UIS.
Ballesteros afirma que “la oferta ha aumentado de manera visible. En la ciudad existen más consultorios, tecnologías y personas ofreciendo este tipo de servicios”.
A finales de mayo de este año, la Cámara de Comercio de Bucaramanga le confirmó a Caracol Radio que en Santander hay 3.264 empresas registradas dedicadas a actividades de estética corporal y facial. Pero hay algo que no cuadra: solo 441 cuentan con habilitación para realizar procedimientos de medicina estética con intervenciones clínicas y procedimientos invasivos (desde aplicar inyecciones hasta realizar cirugías).
Las demás no pueden, en teoría, ofrecer ese tipo de servicios. Pero, como se ha visto en otras ciudades, es cada vez más común ver enfermeros, esteticistas, cosmetólogos e incluso personas sin ningún tipo de formación médica realizando estos procedimientos.
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Varios de estos servicios se ofrecen en casas, apartamentos y garajes, y se promocionan en redes sociales.
Una situación bajo la lupa de las autoridades

A finales de julio, el entonces delegado para la protección al usuario de la Superintendencia Nacional de Salud, Juan David Duque, alertó la presencia de lugares clandestinos que están ofreciendo procedimientos estéticos a muy bajo precio, e incluso de manera gratuita, sin tener la habilitación correspondiente, que debe hacer la Secretaría de Salud de Santander.
Esta entidad departamental informó en mayo que realizaron visitas de inspección a 12 centros estéticos o SPA “que se camuflaban para hacer procedimientos invasivos”, dijo en ese momento el secretario Edwin Antonio Prada Ramírez. De esos, solo tres cumplían con los requisitos, a cuatro se les impuso cierre temporal o definitivo, y cinco habían “desaparecido” al momento de la inspección.
Lo ocurrido con esos cinco establecimientos no es un caso aislado. La Secretaria de Salud de Bucaramanga, Gloria Marcela Orduz, explica que reciben quejas y organizan visitas de inspección, pero, cuando llegan a los lugares señalados, estos simplemente ya no existen. “No sé cómo se filtra la información”, afirma.
Además, la secretaria explica que desde su cartera solo pueden hacer inspecciones si el mismo propietario del establecimiento público solicita un concepto higiénico sanitario, o si reciben quejas”, agrega Orduz. Su labor también incluye la vigilancia de los prestadores inscritos en el Registro Especial de Prestadores de Servicios de Salud (REPS). Los establecimientos clandestinos, al no estar registrados, quedan por fuera de ese sistema de vigilancia y pasan al de la secretaría departamental.
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Lo mismo pasa con los profesionales que los realizan. Quienes están autorizados deben estar en el Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud, pero esta no es la única condición. Según el Ministerio de Salud, no todos los profesionales de la salud pueden realizar procedimientos estéticos invasivos que impliquen el uso de sustancias modelantes permitidas como el “bótox” o el “ácido hialurónico”.
De hecho, en 2023 el Congreso aprobó la Ley 2316, que busca prohibir y sancionar el uso de sustancias modelantes no permitidas (como los biopolímeros) en tratamientos estéticos. Esa misma ley le encargó al Ministerio de Salud publicar un listado oficial de las sustancias autorizadas y otro con “las instituciones y profesionales habilitados para la realización de estos procedimientos”.
En respuesta, el ministerio publicó un listado compuesto, principalmente, por profesionales de medicina y odontología con formación quirúrgica avanzada. Quedaron incluidos especialistas en cirugía plástica, dermatología (y sus ramas quirúrgicas), cirugía maxilofacial, cirugía plástica facial, otorrinolaringología con énfasis en cirugía estética facial, cirugía oncológica y reconstructiva, y cirugía de mano y de la parte maxilofacial.
Según el Ministerio de Salud, estas son las especialidades que hoy cuentan con una formación académica “que permite el desarrollo de las competencias necesarias para la realización de procedimientos estéticos, médicos o quirúrgicos, que involucren el uso de sustancias modelantes permitidas”.
Eso quiere decir que ni los esteticistas, ni los cosmetólogos, ni los enfermeros, ni los médicos u odontólogos sin formación quirúrgica avanzada están habilitados para realizar cirugías plásticas ni procedimientos como aumento de labios, rinomodelación, lipopapadas, armonización facial, ni ningún otro considerado mínimamente invasivo.
El afán de no envejecer
Pero son, precisamente, estos últimos tratamientos los que más han tomado fuerza en los últimos años. Según la ISAPS, en los últimos años, los procedimientos no quirúrgicos han aumentado un 42 % en el mundo.
Quienes los ofrecen, los promocionan como productos para suavizar líneas de expresión, eliminar arrugas, devolver volumen perdido e incluso “reponer” ciertos tejidos para lograr una apariencia más fresca y juvenil.
Zully Ballesteros afirma que parte del crecimiento de la demanda de estos procedimientos tiene su respuesta ahí. “Hay un mayor interés por la prevención del envejecimiento”, afirma.
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Estos han sido impulsados, en gran parte, por “el auge de los influencers que ha incidido en que las personas quieran parecerse a ciertas figuras”, sostiene la Dra. Ballesteros.
Pero detrás de esa influencia hay motivaciones que pueden pasar desapercibidas. “Las redes sociales se han encargado de mostrarnos que es importante cumplir con los llamados ‘juicios positivos’: verme más lindo, más estético, más delgado, más, más y más”, explica Hernán Ravelo, psicólogo, magíster en Psicología Clínica y docente de la Universidad del Bosque.
Ese comportamiento, agrega Ravelo, no nació con las redes sociales, que han amplificado esa búsqueda de aprobación a través de los ‘likes’, por ejemplo; que funcionan como una forma de validación: “Es sinónimo de que me vieron y les gustó algo”.
Por esto, los profesionales dedicados a la medicina estética coinciden en que es necesario aumentar los controles y que haya una mejor articulación entre las secretarías municipales y departamentales, pues, por ahora, en la práctica, el paciente es el que tiene que verificar por su cuenta si el lugar donde piensa realizarse un procedimiento estético está habilitado y cumple con las condiciones requeridas para brindarle un servicio que no ponga en riesgo su vida.
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