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¿De verdad necesita ir a un servicio de urgencias? Claves para saber cuándo sí y cuándo no

Las urgencias en Colombia están llenas, pero no siempre por casos graves. Entender cómo funcionan, cuándo acudir y qué otras opciones existen puede marcar la diferencia entre una atención oportuna y un sistema colapsado.

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Daniela Bueno
22 de marzo de 2026 - 04:59 p. m.
"Los servicios de urgencias existen para cuidar la vida en los momentos más críticos. Usarlos de forma adecuada es una responsabilidad compartida entre ciudadanos, instituciones y autoridades".
"Los servicios de urgencias existen para cuidar la vida en los momentos más críticos. Usarlos de forma adecuada es una responsabilidad compartida entre ciudadanos, instituciones y autoridades".
Foto: Óscar Pérez
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Durante los últimos meses, la sobreocupación en los servicios de urgencias ha acaparado diferentes titulares en todo el país. El Hospital Universitario de Santander, el San Rafael de Tunja, el Tomás Uribe Uribe de Tuluá y la Fundación Cardioinfantil —LaCardio—, son solo algunas de las instituciones que han reportado altos niveles de ocupación en sus urgencias que superan su capacidad.

Instituciones como el Hospital San Vicente Fundación de Medellín han llegado a reportar niveles de sobreocupación de hasta el 180 % de su capacidad instalada.

LaCardio de Bogotá, por ejemplo, tiene niveles de ocupación que superan el 200 %. “Esto quiere decir que, si tenemos capacidad de tener diez pacientes, actualmente tenemos 20”, explica Mónica Buitrago, líder médica del servicio de Urgencias Adultos en esta institución. Detrás de esa situación puede haber varias explicaciones. Por un lado, cree la médica, hay pacientes que requieren continuar con un manejo intrahospitalario, pero que permanecen en el servicio de urgencias en espera de que su asegurador le ubique una cama dentro de la red de IPS.

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Es decir, llegan a urgencias, los atienden y el médico determina que sí necesitan quedarse hospitalizados (por ejemplo, para observación, cirugía o tratamiento). Pero no los pueden subir a una habitación aún. Para pasar de urgencias a una cama en el hospital, la EPS debe autorizar y encontrar un cupo en alguna clínica u hospital de su red. Hasta que eso pase, el paciente se queda ocupando una camilla en urgencias, aunque ya no esté en una situación “urgente”.

Pero otro punto, y en el que más hacen énfasis los diferentes hospitales y clínicas, es que muchas personas acuden a estos servicios cuando tienen una situación de menor complejidad, que puede ser tratada a través de mecanismos diferentes a la urgencia. “Es un desafío muy importante, en especial para los hospitales de alta complejidad”, agrega Buitrago.

Los hospitales están categorizados según sus capacidades de atención de pacientes por niveles de complejidad, partiendo del Nivel 1, con servicios médicos primarios no especializados; Nivel 2, con algunos recursos especializados y remisión de pacientes; Nivel 3 y 4, compuestos por diferentes especialidades y profesionales multidisciplinarios, soportados con infraestructura física y tecnológica. “La sobreocupación nos trae retos grandísimos, como por ejemplo el aumento en los tiempos de espera o la saturación de los espacios donde deben ser atendidos los pacientes, lo que, por supuesto, afecta su comodidad y privacidad”, dice la médica de LaCardio.

Por esto, el llamado que se viene haciendo desde hace un tiempo apunta a darle un buen uso a este servicio, y para eso hay varias recomendaciones que las personas pueden tener en cuenta y preguntas que hay que hacerse antes de acudir a unas Urgencias: ¿cuándo deben ir los adultos? ¿Cuándo llevar a los niños y bebés? ¿Qué otras opciones tienen las personas para ser atendidos? Acá les contamos.

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¿Cómo funcionan los servicios de urgencias?

En el país, los servicios de urgencias funcionan las 24 horas del día y garantizan atención inicial a todas las personas. “Están diseñados para atender situaciones que ponen en riesgo la vida, un órgano o la función de una persona, y que requieren atención oportuna”, explica Juan Pablo Vargas Gallo, especialista en medicina de emergencias de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Cuando una persona llega hasta allí, lo primero que hace es pasar por el ‘triage’, que es básicamente un sistema de clasificación que indica qué tanto tiempo puede esperar la persona por la atención. “La atención es por la gravedad de las condiciones del paciente, y no por el orden de llegada”, dice Vargas.

A partir de esa valoración inicial, se asigna un nivel de triage que va del I al V: el I corresponde a situaciones críticas que requieren atención inmediata; el II, a casos con alto riesgo de deterioro; el III, a urgencias que pueden esperar un tiempo limitado; y los niveles IV y V, a condiciones de baja complejidad o no urgentes. Esta clasificación permite organizar la atención de forma más eficiente, priorizar a quienes están en mayor riesgo y orientar a los demás pacientes hacia otros servicios cuando no se trata de una verdadera y real urgencia.

Como dato curioso, “triage” procede de la palabra francesa “trier” que se define como “escoger, separar o clasificar”. Se cree que la primera persona que la usó para describir este proceso en la atención médica fue el cirujano militar francés Dominique Jean Larrey, quien durante las guerras napoleónicas organizaba la atención de los heridos según la gravedad de sus lesiones. Antes de él, los heridos solían ser atendidos según su rango militar o simplemente se les dejaba en el campo de batalla hasta que terminara el combate.

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Pero, antes de que un médico haga una valoración en la sala de urgencias, ¿cómo puede una persona saber si necesita acudir a una?

Las señales que hay que tener en cuenta

Aunque no existe una única respuesta, hay señales que pueden orientar a las personas y a sus familias sobre cuándo consultar. Vargas Gallo, de la Fundación Santa Fe, señala que se debe acudir de inmediato ante síntomas como dolor en el pecho, sensación de opresión o dificultad para respirar, así como pérdida súbita de la conciencia, convulsiones o debilidad en un lado del cuerpo.

También es clave consultar en casos de sangrados abundantes o heridas profundas, dolor abdominal intenso y persistente, o fiebre alta acompañada de decaimiento o confusión. De igual forma, se recomienda ir a urgencias tras accidentes de tránsito, caídas importantes o traumatismos severos. Otros signos de alarma incluyen la aparición repentina de síntomas neurológicos, como dificultad para hablar o ver, así como dolores inusuales, como por ejemplo, un dolor de cabeza o abdominal que no se parece a episodios previos o que aparece junto a alteraciones neurológicas, ya que pueden indicar condiciones que requieren atención inmediata.

Con los bebés y los niños hay que tener en cuenta otros criterios que dependen especialmente de la edad del paciente: si son recién nacidos, si tienen entre uno y seis meses, si tienen más de cinco años, o si ya están en la edad adolescente.

“Hay unas poblaciones que son de más riesgo, entre ellos los recién nacidos que van hasta el mes de vida”, sostiene Verónica Morales, líder médica del servicio de Urgencias Pediátricas de LaCardio. “Si estos bebés tienen una enfermedad, pueden empeorar muy rápido y por eso cualquier síntoma, como fiebre o dificultad para respirar, debe ser consultado”, agrega. Esto no implica que deban ir al servicio de Urgencias directamente, pero sí que deben pasar por consulta pronto.

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En Bogotá, por ejemplo, los bebés entre uno y tres meses, e incluso hasta los seis meses, tienen prioridad en épocas de pico respiratorio. “En la ciudad hay circulación de virus en unas épocas muy específicas que hace que estos niños se enfermen y tengan algunas complicaciones”, afirma Morales. Estos picos se presentan dos veces al año: el primero y más fuerte suele iniciar en marzo y extenderse hasta junio; el segundo ocurre normalmente en octubre. Durante estos periodos, esta población es más vulnerable a infecciones respiratorias agudas, que son justamente una de las principales razones por las que acuden a las urgencias.

En esos casos hay que tener en cuenta estos signos en bebés: si está más dormido de lo normal y no responde, si no recibe comida o la vomita, si presenta dificultad para respirar —eso se puede identificar si se hunden las costillas del bebé—, o si se le ponen morados los labios y las puntas de los dedos. Cuando se presente alguno de estos signos, dicen los médicos, un cuidador debe llevar al bebé. “Pero entre más personas tengamos en los servicios de urgencias, más difícil será la operación”, recalca Morales. Si, por el contrario, no presenta estos signos y se trata de un cuadro leve, como una gripe que puede manejarse en casa, las recomendaciones son mantenerlo bien hidratado, administrarle el medicamento para la fiebre si es necesario y hacer lavados nasales en caso de secreción. “Para todo esto, no se necesita acudir a un servicio de urgencias”.

Otras situaciones que sí requieren atención inmediata son los traumas como las caídas, las fracturas o los accidentes o siniestros, aunque en los niños suelen ser menos frecuentes que en los adultos.

“Sin lugar a duda los hospitales podemos hacer más eficiente el sistema de salud a través de la pedagogía para que la población sepa cuándo acudir a consulta externa o a un servicio de urgencias. En algunos casos hemos evidenciado consultas relacionadas con trámites administrativos, como la falta de citas de control en las EPS, la renovación de incapacidades y procedimientos menores como inyecciones o retiros de yesos, enfermedades comunes —como las gripas y diarreas— que no necesariamente requieren una atención de alta complejidad”, explicaba hace unas semanas y en ese sentido Alejandro Marín Valencia, líder de urgencias de adultos del Hospital San Vicente Fundación Medellín.

Las otras alternativas

En algunos casos, las personas que necesitan atención médica optan por acudir a urgencias, ya sea porque requieren una incapacidad laboral con rapidez o porque enfrentan dificultades para acceder a citas con especialistas o a estudios diagnósticos. Sin embargo, esta no es la única vía disponible.

En el país, además de las urgencias tanto para adultos como para niños, hay más alternativas. Si no se ha presentado ninguno de los signos que mencionamos antes, la persona puede hacer uso de las consultas médicas, las citas prioritarias, la atención domiciliaria (si la EPS a la que está afiliado cuenta con el servicio) o las teleconsultas.

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“Los servicios de urgencias existen para cuidar la vida en los momentos más críticos. Usarlos de forma adecuada es una responsabilidad compartida entre ciudadanos, instituciones y autoridades”, resalta Vargas Gallo, de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Por su parte, Mónica Buitrago, de LaCardio, recalca que un uso adecuado del servicio de urgencias es clave para que esté disponible cuando realmente se necesita. “Podemos ayudar a que esté disponible para quienes realmente lo necesiten. De pronto, al utilizarlo en situaciones que no son urgentes, sin darnos cuenta, podemos estar ocupando estos recursos que podrían salvarle la vida a otra persona”.

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