Al ir de viaje, lo último que una persona desearía es presentar complicaciones de salud y acudir a urgencias, pero los riesgos pueden ser más comunes de lo que creemos. Es por ello que, en esta temporada de vacaciones, entidades, instituciones y profesionales del sector piden atender sus recomendaciones y tener en cuenta varias medidas de prevención.
El Ministerio de Salud, por ejemplo, emitió hace poco un comunicado en el que hizo un llamado a vacunarse contra la fiebre amarilla 10 días antes de viajar, especialmente a quienes van a ir a zonas de alta transmisión de la enfermedad, frente al aumento de movilidad por las festividades de San Juan y San Pedro.
El Minsalud recordó que desde septiembre de 2024 Colombia enfrenta un brote de fiebre amarilla que ha dejado 201 casos confirmados y 89 fallecidos. “En lo corrido de 2026 se han reportado 52 casos en Tolima, uno de los territorios con mayor riesgo de transmisión, y un caso adicional en Villavicencio, en el departamento de Meta”, apuntó.
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Actualmente, 162 municipios del país están clasificados como de muy alto riesgo. Son territorios con condiciones ambientales favorables para el mosquito que transmite la fiebre amarilla, como temperaturas entre los 26 y 33 °C, niveles de humedad entre el 70 y 90 % y ecosistemas de bosque tropical intervenidos por actividades agrícolas y ganaderas.
Andrés Monroy, médico especialista en medicina interna de la Fundación Cardioinfantil (LaCardio), asegura que antes de viajar la ciudadanía debe informarse sobre el sitio que va a visitar y qué enfermedades podría adquirir allí, con el fin de adoptar medidas como la vacunación. En ello concuerda Jairo Pérez, médico especialista en medicina interna y en infectología, quien también se desempeña en LaCardio, y agrega que existen riesgos diferenciales dependiendo del destino.
“Lo ideal es que las personas consulten a su médico de cabecera y le pidan recomendaciones de acuerdo con el sitio que vayan a visitar. Algunos les van a sugerir que verifiquen si ya tienen la vacuna de la fiebre amarilla. Si no tienen inmunidad o vacuna para hepatitis A y para fiebre tifoidea, les van a decir que consideren ponérsela, así como les van a recordar que la vacuna contra la influenza debe aplicarse una vez al año”, dice Pérez.
El infectólogo, además, resalta que hay riesgos específicos durante esta temporada de la Copa Mundial de Fútbol de 2026. En varios países de las Américas, incluidos los anfitriones del torneo (México, Canadá y Estados Unidos), ha habido un aumento de casos de sarampión. Un informe de situación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que entre las semanas epidemiológicas 1 y 19 de 2026 se han confirmado más de 20.000 casos y 25 muertes por esta enfermedad en la región.
El sarampión es altamente contagioso y su transmisión puede ser mayor en espacios con alto flujo de personas. Es por ello que la OPS ha advertido sobre la importancia de aplicarse la vacuna al menos dos semanas antes de desplazarse, pues una sola persona infectada, dice la Organización, puede contagiar hasta 18 personas no protegidas. “Al viajar a otros sitios del mundo a donde llegan visitantes que usualmente no están vacunados para estos gérmenes se pueden contraer ciertas patologías. Eso es lo que pasa específicamente con el sarampión”, menciona Pérez.
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Por su parte, Monroy explica que, además de enfermedades prevenibles mediante la vacunación, es muy frecuente que los viajeros contraigan infecciones gastrointestinales y enfermedades diarreicas. La mejor manera de prevenirlas, dice, es consumiendo alimentos seguros, evitando exponerse a los potencialmente contaminados y que acumulen bacterias. “La comida en la calle puede parecer muy buena, pero hay que escoger puntos donde se verifique una adecuada manipulación de alimentos”. Es importante lavar todas las frutas y verduras (en lo posible, quitarles la cáscara), así como evitar consumir carnes y mariscos crudos.
El médico internista también subraya que se debe tomar únicamente agua potable. “Asimismo es clave, sobre todo antes de comer, la higiene de manos con agua y jabón, o en su defecto con un desinfectante de más del 70 % de alcohol”, detalla. Otra infección que se suele adquirir en vacaciones es la otitis, debido a las bacterias que se pueden encontrar en las piscinas.
Las lesiones son comunes en estos espacios, como en las playas, donde los turistas están expuestos a golpes y raspaduras que pueden infectarse si no se limpian y desinfectan adecuadamente. Por esa razón es recomendable llevar un botiquín de viaje con material de curación, como gasas, tijeras, alcohol y vendas, además de instrumentos como el termómetro y medicamentos como analgésicos y antiinflamatorios.
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Monroy resalta que, aunque muchos de estos eventos pueden manejarse con medicamentos y resolverse sin mayores complicaciones, algunos requieren atención especial. Una señal de alerta es que los síntomas de una infección persistan o se agraven durante las primeras 24 a 48 horas, pese al tratamiento. Por ejemplo, una gastroenteritis que provoque vómitos persistentes, deshidratación e impida retener alimentos, una fiebre que no ceda o una infección respiratoria que se acompañe de alteraciones en el estado de conciencia, somnolencia, cambios en la coloración de los labios o dificultad para respirar.
Riesgos por el calor
De acuerdo con la OPS, en entornos como los del Mundial, con actividades multitudinarias dentro y fuera de los estadios, también pueden aumentar los riesgos por eventos relacionados con el calor. De hecho, un informe del World Weather Attribution (WWA) señala que el torneo estará caracterizado por altas temperaturas, que con frecuencia alcanzarán o superarán los 30 °C en zonas meridionales e interiores de Estados Unidos y México.
En estos contextos es fundamental evitar afecciones como los golpes de calor, que se generan debido al sobrecalentamiento del cuerpo. Monroy cuenta que, con frecuencia, los pacientes reportan esta situación en una etapa avanzada, cuando ya están presentando síntomas como náuseas y vómitos, confusión, respiración rápida, entre otros. “A veces las personas minimizan la importancia de la deshidratación, cuando realmente debe haber una actitud completamente preventiva, y no esperar a sentir calor o sed para tomar agua, especialmente en lugares con temperaturas mayores a los 25 °C, incluso a los 30 °C”.
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Otra de sus recomendaciones es evitar exposiciones prolongadas al sol, sobre todo para personas que pueden ser más susceptibles, como niños o adultos mayores. Algunas medidas de prevención pueden ser usar ropa delgada, de un material que permita mayor transpirabilidad y no aumente la temperatura corporal.
Jorge Bustos, médico especialista en cardiología de LaCardio, agrega que las altas temperaturas tienen efectos particulares dependiendo del estado de salud de los viajeros: “La enfermedad no se va de vacaciones. La enfermedad continúa”. Para quienes tienen afecciones cardiovasculares, un golpe de calor implica un proceso agudo y puede causarles alteraciones como un desequilibrio hidroelectrolítico y trastornos en los niveles de sodio y potasio. En los casos más graves, estas complicaciones pueden llevar a la muerte, generalmente por arritmias cardíacas.
¿Cuáles serían las señales de alarma que indican que es necesario acudir a un centro médico? Monroy afirma que presentar una temperatura muy elevada, que definitivamente no logra bajar a pesar de hidratarse, de estar en reposo y en un lugar con sombra. “Sobre todo si esto está acompañado de síntomas neurológicos, como que el paciente tenga dolor de cabeza severo, adormecimiento, confusión o esté pensando muy lento. En esas situaciones sería fundamental asistir a los servicios de urgencias”, advierte.
Cuidar la piel
Alexandra Bernal, cirujana plástica oncóloga de la Fundación Santa Fe de Bogotá, explica que en vacaciones suele haber más exposición al sol, por lo que la piel recibe más radiación ultravioleta. Más allá de procurar “no quemarse”, se debe proteger la piel todos los días, incluso si el cielo está nublado.
“En vacaciones, muchas personas se relajan con los cuidados, y ahí es cuando más errores ocurren: olvidan reaplicar el protector, no usan sombrero o creen que solo el mediodía es riesgoso. La realidad es que la radiación puede afectar incluso en la sombra y en jornadas largas al aire libre. También conviene recordar que el calor por sí solo no daña igual que el sol, pero sí puede empeorar la resequedad, la sensibilidad y la inflamación de la piel”, asegura la especialista.
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Su recomendación es usar todos los días bloqueador con factor de protección solar (FPS) 30 o más, aplicarlo 15 a 30 minutos antes de salir y reforzarlo cada dos a tres horas. “En la práctica, incluso un FPS muy alto deja pasar una pequeña parte de radiación, y por eso no existe un bloqueador perfecto. Un FPS 30 bloquea aproximadamente el 97 % de los rayos UVB y un FPS 50 cerca del 98 %. Por eso, los productos que prometen “protección total” pueden ser engañosos. La diferencia entre SPF 50 y 100 es mínima, y lo más importante no es el número, sino el uso correcto”, explica.
La médica también sugiere medidas complementarias, como el uso de barreras físicas: sombreros, ropa de manga larga y gafas con filtro UV, así como evitar la exposición en horas pico, entre las 10:00 a. m. y las 4:00 p. m. Bernal advierte que, de no asumir este tipo de cuidados, el daño de los rayos ultravioletas es acumulativo. Mientras que a corto plazo aparecen quemaduras, enrojecimiento, manchas temporales, sensibilidad e irritación, a largo plazo la exposición repetida puede generar arrugas prematuras, pérdida de elasticidad, textura áspera, manchas oscuras y envejecimiento visible de la piel.
Pero lo más grave es que aumenta el riesgo de cáncer de piel, pues la radicación ultravioleta daña el ADN de las células cutáneas. Con los años, esa afectación puede ocasionar lesiones precancerosas y cánceres como carcinoma basocelular, carcinoma espinocelular y melanoma. Por eso, concluye Bernal, “la prevención no es solo estética, sino también de salud”.
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