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Tinder, Bumble, Inner Circle. Descargas cualquiera. Te registras: nombre, edad, signo zodiacal y si eres más de perros o gatos. Subes tus seis mejores fotos, escribes una biografía, la vuelves a escribir y la terminas borrando porque no te convence.
Y empieza el ritual: deslizar. A la derecha es un “me gusta”. A la izquierda es un adiós. Derecha, izquierda, derecha, izquierda. Si querías opciones, las tienes: rubias, pelinegras, pelirrojas; de Chapinero, de Suba, de Kennedy, de Bosa. Todas sonríen, viajan, aman los perros, dicen que fluyen. Derecha, derecha, derecha, izquierda. Dos segundos por cara. Dos segundos por historia. Dos segundos por vida.
Das diez me gusta. Quince. Veinte. De esos, conectas con una. Tal vez dos. Todo arranca igual: “Hola, ¿cómo estás?”. “Bien, ¿y tú?”. Emoji. Stickers. Audios. La conversación avanza. Se pasa a WhatsApp. Hablan por horas. Risas. Planes tentativos. Borras la aplicación.
Y luego, lo inevitable: silencio. Te dejan en visto o dejas en visto. Aparece el “ghosting”. Vuelves a abrir la app. Derecha. Izquierda. Otra vez. Como si el amor fuera un huevo Kinder Sorpresa; esperando que el siguiente movimiento sea el definitivo.
La fatiga en datos
Desgastante, ¿no? Pues esa es la realidad de muchos solteros. De hecho, una encuesta de Forbes Health en 2025 encontró que el 78 % de los usuarios de aplicaciones de citas en Estados Unidos se siente emocional, mental o físicamente agotado por su uso, al menos a veces.
El desgaste atraviesa generaciones: 80 % de millennials, 79 % de la Generación Z, 78 % de la Generación X y 70 % de los Baby Boomers reportan fatiga. Las mujeres dicen sentirse más agotadas (80 %) que los hombres (74 %).
En esa misma encuesta, el 40 % de los usuarios atribuyó su fatiga a la incapacidad de conectar bien con otra persona. Luego vinieron la decepción (35 %), el rechazo (27 %), las conversaciones repetitivas con múltiples “matches” (24 %), el deslizamiento constante (22 %) y el tiempo invertido en la app (21 %). Además, el 41 % dijo haber experimentado “ghosting” y el 38 % reportó “catfishing”.
La cultura del “swipe”: ¿somos reemplazables?
“La cultura del ‘deslizar’ ha hecho que las personas se sientan reemplazables”, dice María Montes, Marketing Latam de Inner Circle, en entrevista con El Espectador. Y cuando el otro se siente reemplazable —o tú te sientes reemplazable— el esfuerzo tiende a caer por gravedad: “Cuando siempre hay otra opción a un ‘swipe’ de distancia, el esfuerzo disminuye, las conversaciones se vuelven superficiales y muy pocas interacciones se transforman en encuentros reales”.
La propuesta de Inner Circle es la de una comunidad curada que busca menos opciones y mejores resultados, alejándose del volumen de otras apps. Cada solicitud se evalúa mediante tecnología y revisión humana bajo tres criterios: seguridad, esfuerzo y mentalidad. Con verificación facial y control manual, aseguran fotos auténticas e información coherente.
En Latinoamérica, agrega Montes, el fenómeno se lee como frustración: “Las personas siguen queriendo conectar, pero están cansadas de invertir energía en conversaciones que no llevan a ningún lado”.
Y aterriza el punto a Colombia: “vemos que las personas se han vuelto más selectivas y mucho menos tolerantes al ‘ghosting’ o a comportamientos de bajo esfuerzo. Lo que realmente conecta son entornos donde las personas se sienten elegidas”.
Sobre el algoritmo, Montes lo define así: “En Inner Circle, el algoritmo está optimizado por relevancia, y no por el acto de deslizar infinitamente”. En la práctica, dice, eso vuelve el entorno “más claro y humano”. Además, reportan que en Colombia los perfiles conectados a partir de estilos de vida similares muestran una tasa de “match” un 28 % mayor.
El impacto psicológico
Para la psicóloga Diana Ducuara, estas aplicaciones son una “vitrina de opciones”. En entrevista con este diario, explica que el problema es la confusión que produce: “Llega el punto donde tú no tienes claro qué es lo que quieres”.
Esa vitrina empuja a fantasear: “la gente hace unos perfiles muy ‘wow’ y cuando se enfrenta a la realidad se da cuenta, pues, que no era tanto lo que le vendieron esa vitrina”.
Ducuara lo aterriza en dos impactos: la dificultad para generar un perfil real de lo que buscas y una sensación de no satisfacción que actúa como una adicción. “Ya salí con una rubia, ya quiero salir con una morena… con una ingeniera, ahora quiero salir con una psicóloga”.
Resultado: “mucho agotamiento y mucha desesperanza de encontrar al ser amado”. Cuando el “ghosting” se repite, dice, “sí afecta la autoestima, la seguridad, la proyección de sí mismo”. Y remata con una frase contundente: “eso genera literal una tusa”. No “una bobadita”. Una tusa. “Yo he tenido personas acá llorando por una persona que conocieron en una app y que la primera cita fue increíble”.
Daily Lover, el cupido colombiano
Si Inner Circle intenta filtrar el exceso del swipe, Daily Lover decidió eliminarlo por completo. Para su fundadora, María Paula Salinas, el punto de quiebre no fue una mala cita ni una experiencia traumática, sino una escena cotidiana.
“Eran como las diez de la noche. Yo estaba acostada, hablando por teléfono con una amiga, estaba en Bumble y me di cuenta de que me demoraba menos de dos segundos por persona”, cuenta. En ese momento vivía en Estados Unidos y la aplicación ya era parte de su rutina.
Hasta que: “wow, me veo como comprando ropa en Shein”.
La frase no fue casual. “Me sentía como en un catálogo. Como si estuviera escogiendo el color del termo que quiero. Con una ligereza que yo decía: realmente no quiero encontrar el amor así”.
No era solo la velocidad del gesto, sino lo que esa velocidad significaba. “Uno pasa personas como si fueran cualquier cosa. Después de que lo entiendes, ya no está tan chévere”.
Cuando regresó a Colombia tras renunciar a su trabajo en agosto, la inquietud empezó a tomar forma. En septiembre, casi por accidente, la idea se volvió concreta. Un amigo le pidió que le presentara a alguien nuevo porque ya estaba cansado de las aplicaciones de citas. Ella publicó una historia ofreciendo organizarle una cita y, en cuestión de minutos, recibió 45 mensajes. “Ahí dije: esto no es un chiste, realmente es una necesidad”.
Así nació Daily Lover, un modelo que no se define como aplicación. “Yo lo llamo Dating as a Service”. ¿Cómo funciona? Todo comienza con un formulario básico y continúa con una videollamada que puede realizar ella misma o una de las dos psicólogas que hacen parte del proyecto. “Nos tomamos el tiempo de escuchar. Nos importa tu historia, de dónde vienes, tus emociones. Eso no lo puedes poner en un formulario”.
La diferencia es estructural. “Es un proceso cien por ciento humano”. No hay algoritmo ni inteligencia artificial decidiendo compatibilidades. Aquí la afinidad no parte de la foto ni del radio de distancia, sino del estilo de vida.
“El factor físico es importante, pero no es lo primero que vas a ver”. Cuando la cita a ciegas ocurre, siempre presencial, ya existe un marco común. “Si te sentaste a tomarte un café con alguien es porque tienen proyectos de vida parecidos, valores similares, estilos de vida similares”.
En las entrevistas, hay una palabra que se repite: sobresaturación. “Buenos partidos sí hay”, dice. Pero también describe un desbalance en la experiencia digital. “A las mujeres su Bumble está sobresaturado. Escogen cinco hombres y tienen que hablar con los cinco. A los hombres les pasa lo contrario: dan diez matches esperando que una responda”.
A ese desgaste se suma el entorno de redes sociales. “Instagram es un catálogo de ventas. Todo el tiempo estás viendo a la niña perfecta, al hombre perfecto”.
Incluso el coqueteo cambió de formato: “Hoy la gente no pregunta ‘¿cómo la conquisto?’, sino que ‘te reacciona a la historia con un fueguito’“.
Por eso, quienes llegan a Daily Lover suelen tener una intención distinta. “No tengo afán, pero la próxima persona que entre a mi vida quiero que tenga intención, propósito, que tenga las cosas claras”, le dicen en entrevista a María Paula. El problema del swipe, resume, es que “es demasiado accesible sin intención emocional”.
En su modelo, el ghosting se reduce porque la cita ya está organizada. Ella propone el lugar, coordina la fecha y la hora; las personas solo deben llegar. No hay excusas.
Hasta ahora han organizado 120 citas; más de 95 personas han seguido hablando y ocho parejas continúan juntas tras los primeros cuatro meses de Daily Lover.
Hoy el servicio opera en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga, además de Madrid, España, y combina citas individuales con eventos presenciales.
“Estamos volviendo a ir despacio”, afirma. En medio de una vida cada vez más digital, percibe que muchas personas quieren apagar el teléfono y sentarse frente a alguien. “Vivimos una vida digital y una personal, y creo que estamos regresando a equilibrar eso”.
Para ella, el problema no es la tecnología en sí, sino la forma en que convirtió la búsqueda de pareja en un proceso de consumo rápido. Su apuesta parte de una convicción sencilla: que las conexiones humanas no se deslizan, se conversan.
Pero incluso cuando la intención es genuina y el encuentro vuelve a lo presencial, persiste una pregunta más profunda: ¿quién está realmente del otro lado de la pantalla?
Cuando el amor también necesita prueba de humanidad
A la fatiga del swipe y la sobresaturación se suma una inquietud más reciente: la duda sobre si al otro lado de la pantalla hay una persona real.
En Colombia, el 53% de los encuestados en un estudio de World afirma que hoy es más importante que en años anteriores tener claridad sobre quién está del otro lado de una interacción digital. No es un detalle menor: el 66% asegura que se siente más dispuesto a mostrarse tal como es cuando tiene la garantía de que está hablando con una persona real y no con un bot.
En un entorno donde abundan perfiles falsos, mensajes automatizados y contenido generado por inteligencia artificial, la autenticidad dejó de ser un valor romántico para convertirse en una condición básica de confianza.
De hecho, la inteligencia artificial no solo está mediando las relaciones: también las está transformando. Según cifras de Kaspersky, el 10% de los colombianos ha tenido una relación con un “compañero virtual” impulsado por IA.
Estas parejas digitales pueden sostener conversaciones fluidas, recordar detalles personales y adaptarse a los gustos del usuario, generando una conexión emocional que muchos viven como genuina.
Además, el 31% de los usuarios en la región afirma que usaría IA para encontrar a su pareja ideal en aplicaciones de citas. Pero esa misma tecnología abre nuevas vulnerabilidades. Al menos el 21% de los colombianos que buscan pareja mediante plataformas digitales ha sido blanco de estafas románticas, que incluyen catfishing, envío de enlaces o archivos maliciosos, solicitudes de dinero y robo de identidad.
“Cuando usamos plataformas de parejas virtuales o aplicaciones de citas, no solo compartimos gustos o intereses, también estamos poniendo información muy personal y emocional en manos de estas tecnologías”, advierte María Isabel Manjarrez, Investigadora de seguridad del Equipo Global de Investigación y Análisis de Kaspersky.
¿Hacia dónde van las citas?
Las apps no van a desaparecer. Según Market Intelligence de AppTweak, Tinder fue la más descargada de 2025 con 63,7 millones de descargas. El mercado de las 500 apps de citas más populares creció un 4,1%.
Sin embargo, la tendencia es volver a lo presencial. “Las apps dejarán de ser el destino final para convertirse en un puente hacia la vida real: bares, gimnasios, cenas y grupos sociales, donde las personas solteras se conectan a partir de intereses compartidos y experiencias reales, y no a través de un deslizar infinito dentro de la aplicación”, dice Montes.
Para quienes están en búsqueda del amor, el uso de las aplicaciones puede ser parte del camino, pero no debería convertirse en la única vía ni en una reacción impulsiva. La psicóloga Ducuara recomienda no llegar a ellas “desde el afán” o “por despecho”, estados emocionales que pueden distorsionar las expectativas y aumentar la frustración.
También sugiere ampliar los escenarios de encuentro: “También nos demos la oportunidad de socializar y estar en otros espacios”. La clave, insiste, no está en demonizar la tecnología, sino en entender desde dónde se usa. Porque, como ella dice, “la app no tiene nada de malo como tal, sino qué expectativa tengo hacia ella”.
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