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Enero se ha convertido en uno de los meses más disputados para el turismo internacional. Mientras Europa enfrenta el impacto del invierno, la inflación y el aumento del costo de vida, América Latina emerge como una alternativa cada vez más atractiva para los viajeros globales. En este escenario, países como Colombia han logrado diferenciarse y ganar protagonismo, no solo por su clima favorable, sino por su capacidad de ofrecer experiencias auténticas y alineadas con las nuevas demandas del turismo contemporáneo.
Desde la perspectiva de OBS Business School, este fenómeno no es casual. “Responde a una combinación de factores económicos, climáticos y culturales que encajan con las nuevas motivaciones del viajero actual”, señalan sus expertos. En el plano económico, la región ofrece una relación calidad-precio difícil de igualar frente a los mercados europeos. Las tasas de cambio favorables, los costos operativos más bajos y la mejora en la conectividad aérea han ampliado el poder adquisitivo del visitante internacional, permitiéndole acceder a alojamiento, gastronomía y actividades experienciales sin elevar su presupuesto.
A este contexto se suma el crecimiento de perfiles como los nómadas digitales y los viajeros de larga estancia, quienes encuentran en ciudades y regiones colombianas —como Santa Marta, el Eje Cafetero o Palomino, en La Guajira— entornos más accesibles, flexibles y compatibles con estilos de vida híbridos entre trabajo y ocio.
Otro factor determinante en el auge del turismo hacia Latinoamérica, y particularmente hacia Colombia, es el papel de las plataformas digitales y el marketing de influencia. Informes de OBS destacan que, en mercados emisores clave como España, el 87,1 % de la población utiliza redes sociales, en un contexto global donde más de 5.300 millones de personas están activas en estas plataformas. Esto ha convertido a las redes sociales en uno de los principales canales de inspiración, comparación y decisión de viaje.
El consumo de videos cortos, reels y vlogs ha transformado la manera en que se construye la imagen de los destinos. Plataformas como TikTok, Instagram y Facebook se han consolidado como ventanas clave para mostrar experiencias en Colombia narradas en primera persona. Hoy, el storytelling personal ha reemplazado a la promoción tradicional, generando relatos más creíbles, emocionales y cercanos. El viajero ya no solo consume contenido, sino que se convierte en prescriptor, compartiendo su experiencia en tiempo real y amplificando el alcance de destinos antes periféricos.
En este proceso de reposicionamiento, campañas como “Colombia, el país de la belleza” han tenido un impacto positivo en el mercado europeo, al amplificar internacionalmente experiencias locales, comunitarias y sostenibles.
Si bien enero coincide con condiciones climáticas ideales en gran parte de Latinoamérica, el atractivo de la región no se explica únicamente por el clima. La diversidad natural y cultural se ha convertido en un activo estratégico para ofrecer experiencias no estandarizadas, que combinan identidad local, contacto humano y naturaleza. En un contexto donde el viajero prioriza la autenticidad, esta propuesta resulta altamente competitiva frente a los destinos tradicionales.
De acuerdo con OBS Business School, el turismo global atraviesa una transición hacia el turismo de experiencias, donde países como Colombia han logrado diferenciarse. A diferencia de mercados maduros que dependen de infraestructuras consolidadas y productos rígidos, Colombia ha desarrollado un modelo más flexible, emocional y participativo. El visitante no solo consume el destino: se involucra en él, construyendo el viaje desde la cercanía, la personalización y el vínculo con el territorio.
Este cambio se ve reforzado por una transformación en los valores del viajero. Datos de OBS indican que el 60 % de la Generación Z y el 53 % de los Millennials prefieren proveedores turísticos con políticas claras de sostenibilidad. Esta tendencia obliga a los destinos a integrar prácticas responsables reales y a comunicarlas con transparencia. Para los expertos, el turismo de experiencias exitoso es aquel que combina disfrute, aprendizaje y conexión personal, alineándose con valores sociales y ambientales.
En América Latina, este enfoque adquiere especial relevancia. Según la CEPAL, el turismo representa cerca del 10 % del empleo regional y hasta el 35 % en el Caribe, lo que subraya su importancia como motor económico y social. En este contexto, el turismo comunitario, las experiencias auténticas y la puesta en valor del territorio permiten una distribución más equitativa de los beneficios y el fortalecimiento de las economías locales.
Colombia, además, cuenta con atributos naturales únicos que refuerzan su narrativa experiencial. Expertos de OBS destacan la diversidad geográfica del país, capaz de ofrecer experiencias difíciles de replicar en otros destinos. Un ejemplo emblemático es la Sierra Nevada de Santa Marta, el macizo montañoso litoral más alto del mundo, donde es posible pasar del nivel del mar a nieves perpetuas en apenas 42 kilómetros en línea recta.
El análisis de OBS Business School es claro: la competencia turística ya no se gana únicamente con infraestructura o precios, sino con la capacidad de diseñar experiencias significativas, sostenibles y emocionalmente relevantes. En ese escenario, países como Colombia no solo compiten con Europa durante el mes de enero, sino que están redefiniendo las reglas del turismo global a partir de la experiencia.
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