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No reformar la Organización Mundial del Comercio (OMC), el organismo internacional en el que los países definen las reglas del comercio, le puede salir caro al mundo. La falta de acción para modernizar el sistema puede costar hasta un 10 % del PIB mundial para 2050. Esta es una de las principales conclusiones del informe que publicó la organización este martes, en el marco del Foro Público que se realiza en Ginebra, Suiza.
Para este punto, es claro que la OMC necesita cambios, pero el camino para lograr una reforma es cuesta arriba porque debe haber consenso: los 166 miembros que están en la organización, incluyendo a Colombia, deben aprobar cada ajuste. La gran dificultad está en ponerlos a todos de acuerdo en un momento en el que hay múltiples versiones sobre cuál es el problema.
Como contó este diario, para algunos (incluyendo a las grandes potencias, como Estados Unidos) el problema es que la OMC no puede llegar a acuerdos porque es muy difícil contar con el visto bueno de todos, pero para otros, la crisis radica en que es imposible tomar acciones por la falta de voluntad de los grandes actores del comercio mundial. Para los primeros, el camino pasa por permitir que los acuerdos entre países hagan parte de la arquitectura de la Organización, pero para los segundos, en palabras de la profesora emérita de Derecho Jane Kelsey, de la Auckland Law School (Nueva Zelanda), esa opción implica “marginar” todavía más a los países en vía de desarrollo. En un escenario en el que no es necesaria la aprobación de las economías más pequeñas, es mucho menos probable que sus preocupaciones se tengan en cuenta.
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En marzo, el gran objetivo de la Decimocuarta Conferencia Ministerial de la OMC, en Yaundé (Camerún), era establecer la hoja de ruta para avanzar en los cambios que requiere la Organización. Pero ante las considerables diferencias de opinión de los países, los avances en el plan de trabajo fueron limitados.
En la inauguración del Foro Público, un evento anual para revisar los avances y retos en el comercio y proponer ajustes al sistema multilateral, Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la OMC, reconoció que hay un “déficit de confianza” entre los miembros, especialmente por parte de los países en desarrollo. Aunque defendió que los reclamos son legítimos, también dijo que es necesario “dejar de litigar sobre el pasado” para poder avanzar en ajustes que le traigan beneficios a las personas y empresas de todo el mundo. En su concepto, sí es posible una reforma.
“Los países están actuando cada vez más por su cuenta y eso es una amenaza para la organización”, aseguró Guilherme Patriota, presidente del Órgano de Solución de Diferencias de la OMC. El camino para enfrentar esta situación, aseguró, es ajustar y modernizar las reglas comerciales.
Pero para este punto, la postura del sector privado es que hay que pasar del discurso y el análisis a la acción. John Denton, secretario general de la Cámara de Comercio Internacional, advirtió que el gran riesgo es que se siga “hablando y hablando hasta caer en la irrelevancia”. El líder empresarial afirmó que la caída del sistema tendrá un costo, pero que, incluso si no hay cambios en la OMC, las empresas se seguirán organizando para poder operar en un mundo que cambia rápido.
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¿Cuánto costaría no reformar la OMC?
En el primer día del evento, la Organización publicó el “Informe sobre el Comercio Mundial 2026: un momento decisivo para el sistema comercial mundial”. Los economistas de la OMC simularon tres escenarios. En el primero, entre otras cosas, se fortalece el marco multilateral con compromisos más amplios de apertura de mercados, se toman decisiones sobre el comercio y se equilibra la apertura comercial con las preocupaciones de seguridad (recordemos que la seguridad nacional es uno de los argumentos que ha usado Donald Trump para imponer aranceles a diestra y siniestra). En ese mundo, según el documento, el PIB mundial aumentaría 2,9 % y las exportaciones mundiales crecerían 17,9 % para 2050. Los beneficios serían especialmente significativos para los países que están en la categoría de “menos adelantados”.
En los otros dos escenarios las normas comerciales multilaterales se deterioran. En un mundo fragmentado, en el que la cooperación comercial se organiza por bloques geopolíticos, el PIB disminuiría 5,1 % y las exportaciones 18,6 %. Y en un caso más extremo, en el que la cooperación es reemplazada por tratados de libre comercio (TLC), la caída en el PIB sería de 6,9 % y las exportaciones bajarían 26,9 %.
El costo de oportunidad, lo que dejaría de ganar el mundo si no hay cooperación comercial, es de entre 5 % y 10 % del PIB real mundial, dependiendo del escenario. Robert Staiger, economista jefe de la OMC, en una rueda de prensa en Ginebra, en la que participó El Espectador, explicó que para los países menos desarrollados es todavía más grave: la cifra puede llegar hasta el 25 %.
Los desafíos del sistema multilateral, argumenta el informe, son consecuencia de sus logros. En las últimas ocho décadas el comercio mundial se disparó, por ejemplo, el intercambio entre economías en desarrollo pasó del 9,8 % del comercio mundial en 1995 a 24,6 % en 2022.
La directora general de la Organización Mundial del Comercio habló de la importancia de reconocer que hay partes del sistema que sí han funcionado, para así poder enfocarse en «arreglar» aquellos que lo ameritan.
En la nueva realidad, la cooperación se ha vuelto más compleja por cuatro factores: los cambios en el poder económico; la intervención gubernamental y las preocupaciones por igualar las condiciones comerciales; los cambios en el comercio impulsados por la digitalización y el aumento de las tensiones geopolíticas. El 72 % del comercio mundial de mercancías se sigue realizando bajo las condiciones de nación más favorecida (una regla que exige a los países miembro tratar a todos por igual), aunque la cifra ha caído desde el 80 % que se registraba en 2022.
Staiger aseguró que el esfuerzo para lograr una reforma “vale la pena” aunque sea un proceso difícil y que toma tiempo. “El informe, al explicar en detalle cómo se suponía que debía funcionar el sistema, el valor que todavía proporciona y la historia de cómo los miembros reaccionaron y respondieron a desafíos anteriores, puede ayudar a generar una base de conocimiento que les permita a los miembros hacer un mejor trabajo en la difícil tarea de reformar el sistema”, dijo.
El desafío para los miembros de la OMC, sostiene el informe, es adaptar la cooperación basada en normas a una economía que cambió profundamente desde la Ronda de Uruguay (terminó en 1994 y dio origen a la OMC), pero preservando la “apertura, previsibilidad y equidad”.
Si bien el documento no propone un modelo de reforma, porque como explicó Staiger esa tarea depende de los miembros, sí identificó áreas en las que es necesario adoptar normas comerciales. Entre otras cosas, plantea la necesidad de “recalibrar” compromisos para que estén alineados con la realidad económica; fortalecer la transparencia sobre los subsidios que entregan los países en el marco de políticas industriales y actualizar las reglas para un mundo en el que crece el comercio de servicios, datos, tecnología e inteligencia artificial.
Pinelopi Goldberg, profesora de la Universidad de Yale, afirmó que es necesario establecer criterios para definir cuáles son los países en desarrollo, pues actualmente la lista es muy “heterogénea” e incluye estados que han crecido considerablemente (por ejemplo, China estaba en la lista de países en desarrollo, pero en 2025 dijo que renunciaba a ese estatus).
Sobre la situación de los subsidios, Andrew Wilson, secretario general adjunto de Política y director global de Políticas de la Cámara de Comercio Internacional (ICC), comparó la situación de las empresas que compiten con compañías ampliamente subsidiadas por el Estado con los deportistas en 1999, cuando el ciclismo profesional estaba en crisis porque los ciclistas que se dopaban estaban compitiendo y, en algunos casos, ganando.
El debate sobre el futuro de la reforma será uno de los temas centrales del Foro Público que comenzó este martes en Ginebra, pero hay otros. En la conferencia ministerial de Yaundé quedó pendiente la aprobación de la moratoria para el comercio electrónico, una medida que le impide a los países cobrar aranceles por las transmisiones electrónicas, es decir, por el envío de contenidos o datos a través de internet.
La moratoria se había extendido cada dos años desde 1998, pero en la conferencia ministerial de este año Estados Unidos quería volverla permanente, mientras los Estados de África, el Caribe y el Pacífico proponían prorrogarla por dos años y países como Brasil pedían establecer un comité para hacer un debate más profundo. Al final, ante la falta de un acuerdo, la moratoria venció en marzo, aunque un grupo de países se comprometió a mantenerla.
Pese al vencimiento de la moratoria, como explicó a El Espectador y a otros medios un funcionario de la OMC en Ginebra, hasta ahora ningún país está imponiendo aranceles a las transmisiones electrónicas. El debate sobre la pertinencia de impedir que los países impongan tarifas al envío de contenidos y datos a través de internet, especialmente en tiempos de la inteligencia artificial, sigue abierto.
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