
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva no pudo evitar esbozar una sonrisa, que casi se le convierte en risa, luego de lanzarle una pulla al Palmeiras, acérrimo rival de su adorado Corinthians. El tema eran las apuestas en el fútbol. La escena ocurrió en un mitin político, en plena campaña para la primera vuelta de las elecciones que este mismo fin de semana podrían escoger presidente en Brasil. Lula, micrófono en mano, paseando de un lado al otro de la tarima y con la voz totalmente cansada y ronca —producto de la andanada de discursos que ha tenido que dar en las últimas semanas—, intentaba derrumbar un argumento que los clubes de fútbol más importantes del país delinearon en un manifiesto: que sin el dinero de las apuestas deportivas lo que seguirá será el derrumbe del balompié brasileño.
Una semana después de ese discurso se hizo oficial la medida que prohibió la presencia de casas de apuestas en todo el territorio nacional. Esa noche, días antes del anuncio oficial y en medio de la arenga, el dirigente argumentó su sentencia: Brasil fue campeón del mundo mucho antes de que existiera el dinero de las apuestas deportivas. Ahí vino la mofa: “São Paulo fue campeón del mundo tres veces y no tenía apuestas. Santos fue campeón del mundo y no tenía apuestas. Flamengo fue campeón del mundo y no tenía apuestas. Internacional de Porto Alegre fue campeón del mundo y no tenía apuestas. Mi Corinthians fue campeón del mundo, dos veces, y no tenía apuestas”, enumeró Lula antes de lanzarle el dardo al “verdão”. “Lamentablemente, solo Palmeiras no fue campeón del mundo”.
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En Brasil se acaba, por ahora, el mercado legal de apuestas. La medida, catalogada por los opositores como una maniobra electoral en plena campaña, entrará en funcionamiento desde el 6 de octubre, aunque todavía debe ser revisada por el Congreso Nacional en un plazo máximo de 120 días. Sin embargo, el presidente fue tajante en su deseo: “Si de mi voluntad personal depende, voy a acabar con las apuestas en este país”.
Más allá del fútbol brasileño, dicha determinación ha reavivado debates incómodos en las principales ligas a lo largo mundo, aunque en las más pequeñas también. Colombia, donde a la apuesta se le dice “parley”, está fuertemente ligada a este mundo y en los últimos años dicha industria ha crecido exponencialmente. El fútbol, el deporte más influyente, cedió a BetPlay el nombre de sus cinco competencias (Liga, Torneo, Copa, Superliga y Liga Femenina) por un contrato que se estima, pues su valor no es público, en USD 13,2 millones anuales.
Ya se volvió normal que fútbol y apuestas se convirtieron en socios inseparables. El mercado está atiborrado, y este sector es una pata fundamental de la economía ligada al deporte. De hecho, ha revolucionado los ingresos de este ecosistema. No obstante, el riesgo es altísimo y los costos que conlleva el juego y la adicción se han convertido, siguiendo el paso del crecimiento, en un problema de orden social y salud pública.
En Brasil, el debate es especialmente sensible porque las apuestas se instalaron en medio de la mayor expansión económica que haya vivido su fútbol. Los clubes de la Serie A generaron alrededor de USD 2.730 millones en 2025, 32 % más que en 2024, y las casas de apuestas aportaron cerca de USD 197 millones en patrocinios: 7,2 % de todos sus ingresos y, todavía más revelador, alrededor de un tercio de sus ingresos comerciales. Ese músculo coincide con una época de dominio continental: los equipos brasileños ganaron las siete Libertadores disputadas entre 2019 y 2025. Sería equivocado atribuir ese crecimiento a las apuestas —pesan también televisión, transferencias, premios y taquillas—, pero ya son una pieza relevante de esa pesada maquinaria de dinero.
El otro lado de la discusión ayuda a entender por qué Lula llevó el asunto más allá del mercado. Un estudio del Banco Central estimó que, entre enero y agosto de 2024, unos 24 millones de brasileños transfirieron dinero a plataformas de apuestas; solo en agosto, cerca del 17 % de los beneficiarios registrados en Bolsa Família había apostado y cuatro millones de jefes de hogar vinculados al programa enviaron unos 2.000 millones de reales a las apuestas. La preocupación tampoco es exclusivamente brasileña: la Organización Mundial de la Salud considera el juego un problema de salud pública capaz de provocar dificultades financieras, deterioro familiar, enfermedades mentales y suicidio, mientras una comisión de “The Lancet”, revista especializada en medicina, estimó que el trastorno del juego está en el 8,9 % de los adultos que utilizan apuestas deportivas.
Apuestas en el fútbol: un panorama global para entender el fenómeno
Europa permite dimensionar hasta dónde llegó esa relación. Una investigación de Investigate Europe encontró que en la temporada 2024-25, 296 de los 442 clubes de primera división de la Unión Europea y Reino Unido —casi 67 %— tenían al menos un patrocinador relacionado con el juego; 145 exhibían esas marcas en el frente de la camiseta y 14 de las 31 ligas analizadas tenían como patrocinador principal una empresa de apuestas o lotería. La presencia alcanzaba al 95 % de los clubes de la Serie A, 83 % de Bundesliga y 73 % de Ligue 1; mientras España, después de endurecer su regulación publicitaria, estaba bastante por debajo.
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Inglaterra es quizás el mejor laboratorio de lo que significa intentar poner límites sin expulsar al negocio. En 2024-25, los 20 clubes de Premier League tenían alguna relación comercial con empresas de apuestas y 11 llevaban una de esas marcas en el pecho; solo esos contratos de camiseta rondaban los USD 135 millones anuales. Desde esta temporada 2026-27 entró en vigor el acuerdo voluntario que elimina a las casas de apuestas del frente de las camisetas. Sin embargo, no desaparecieron; siguen permitidas en mangas, ropa de entrenamiento y acuerdos comerciales, y una investigación de SBC News encontró que 19 de los 20 equipos mantienen actualmente algún vínculo con una empresa del sector.
La discusión inglesa revela también por qué quitar un logo no acaba con el problema. La Gambling Commission encontró en 2025 que 79 % de los jóvenes encuestados habían visto o escuchado publicidad de apuestas y 47 % recordaban haberla encontrado en eventos deportivos, incluidas camisetas y publicidad alrededor del campo. Al mismo tiempo, el gobierno británico abrió este año una consulta para cerrar la posibilidad de que operadores sin licencia local utilicen clubes como plataforma publicitaria hacia mercados extranjeros, después de detectar deficiencias de debida diligencia y controles contra el lavado de dinero. La pregunta, entonces, dejó de ser únicamente cuánto pagan esos patrocinadores para incluir a quienes exponen y bajo qué controles operan.
Todo ocurre mientras la maquinaria continúa creciendo. H2 Gambling Capital calcula que el volumen mundial de apuestas deportivas, sumando mercados legales e ilegales, llegará a aproximadamente USD 1,66 billones en 2026, después de una década con una tasa de crecimiento anual cercana al 14,6 %. El fútbol es el centro de esa expansión: en 2024 concentraba alrededor del 56 % de los ingresos brutos mundiales de las apuestas deportivas. Y el fenómeno tiene otras aristas que desbordan este artículo, entre ellas la integridad de las competencias: Sportradar detectó 618 partidos de fútbol con patrones sospechosos en 2025. Aquí el foco está en otro frente: qué hacen los Estados ante una industria cuyo peso económico crece al mismo tiempo y tan rápido como sus riesgos sociales.
¿Qué pasa en Colombia con el tema de las apuestas en el fútbol?
Colombia está lejos de las dimensiones de Brasil o Europa, pero el crecimiento es significativo para su economía. Coljuegos estima que en las plataformas legales se cursaron alrededor de USD 17.540 millones en apuestas y juegos “online” durante 2025, frente a unos USD 8.130 millones en 2022: el volumen se duplicó en apenas tres años. Estas cifras incluyen apuestas deportivas, casino, ruleta, póker y otros productos digitales, por lo que no todo corresponde al fútbol. En mayo pasado había 14 operadores autorizados, mientras el Estado ha respondido al mercado clandestino con bloqueos: para agosto acumulaba 58.916 órdenes contra páginas que ofrecían o promocionaban juego ilegal.
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Por el lado del fútbol profesional colombiano la relación de Dimayor y BetPlay está fija, al menos, hasta 2029. Nuestro país no parece encaminado hoy hacia un cierre como el brasileño: la política vigente ha sido licenciar a operadores, limitar publicidad y perseguir el mercado ilegal. No obstante, Brasil, el gigante del fútbol en la región, volvió a poner una pregunta sobre la mesa que también cabe acá: cuando el dinero de las apuestas se integra tan profundamente al fútbol, ¿hasta dónde debe llegar el negocio y desde dónde debe empezar la política pública?

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Sergio Alfredo(27010)•Hace 12 horasLas apuestas es un lavadero de plata del narcotráfico