
“—Tú no tienes nada que hacer con nuestro libros; mamá ha dicho que tú no eres independiente, no tienes dinero, tu padre no te dejó nada, debes suplicar para poder vivir con niños caballerescos como nosotros, ni debes comer la misma clase de comida que nosotros, ni vestirte a costa de mamá”.
“Jane Eyre”, publicada en 1847 por Charlote Brontë (1816-1855) bajo el seudónimo de Currer Bell, ejemplifica la presión de las construcciones sociales en la vida privada: la heroína de esta novela es una muchacha joven, huérfana y pobre que ama profundamente, pero que no puede acceder a su amor, que, entre otras, es correspondido, solo porque su conciencia se estrella con el discurso religioso y colectivo. Está narrada en primera persona, lo que hace que ese “yo” tome aún más relevancia al referirnos a la esfera más allá de lo privado: lo íntimo. Ese compromiso consigo misma hace que la protagonista se enfrente con más vehemencia a la sociedad victoriana y a los discursos morales prefigurados.
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Jane Eyre queda huérfana siendo muy pequeña y se ve obligada a vivir con un tío suyo, hermano de su madre, y su familia. El tío muere y hace prometer a su esposa que cuidará de Jane y que la criará como si fuera su propia hija. Pero la viuda, sus dos hijas y su hijo creen que es un estorbo, una carga y una niña mala. Ella, desde muy pequeña, ha concebido la idea de que tiene que estar marginada solo por ser huérfana y pobre. Luego es enviada por su tía a una institución educativa de caridad, que la forma como institutriz. Allí dura ocho años, seis como alumna y dos como profesora.
Posteriormente es contratada para ser la institutriz de la protegida de un hombre rico, el señor Rochester. Los dos se enamoran, pero él está casado con otra mujer que padece de una extraña enfermedad mental. Cuando Jane se entera del impedimento para su unión, este le propone que vivan juntos en Francia; ella no acepta y decide abandonar la casa a pesar de no tener dinero ni familiares.
El papel de la mujer en la sociedad de la época era limitado: si no tenía dinero, pero sí acceso a la educación, su única alternativa era ser institutriz. Incluso el matrimonio era difícil por no tener recursos.
El temperamento de Jane, a pesar de estar marcado por el maltrato y el abandono, es el de una mujer bondadosa. En ese sentido se refiere Ulrich Schneider al compararla con otra gran novela victoriana, a la que ya hemos hecho referencia en esta Jácara literaria, “La feria de las vanidades”, publicada en 1848: “Allí (en Jane Eyre) la protagonista comparte con la Becky Sharp de Thackeray el destino de una institutriz, que en la época vitoriana se destinaba a las mujeres de buena sociedad sin recursos económicos, diferenciándose de ella, sin embargo, por su impulsivo carácter y su abierta generosidad” (“Realidad social en la literatura inglesa”, en Historia de la literatura, Akal, V. 5, p.231). Y es que, en efecto, el modo de ser de Jane es impulsivo, en especial cuando observa o siente injusticia. Por eso su tía la considera una niña mala y así se lo hace saber al director del colegio.
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Ahora bien, ¿por qué Jane no acepta la propuesta del señor Rochester luego de que su matrimonio no se puede llevar a cabo? ¿Por qué no reclama lo que se le debe como institutriz antes de huir, para quedar sola, desamparada y expuesta a convertirse en mendiga? Porque a pesar de no tener ninguna familia (eso cambiará después) ni nadie que la juzgue o que le impida vivir con su gran amor, es prisionera de las construcciones sociales que conoce y, a pesar de que la sociedad la ha aislado, no puede apartarse de esta.
“Jane Eyre” es una novela que retrata la polémica que se ha propuesto en la introducción de esta sección “La esfera de lo privado”, en el sentido de que su vida privada nunca podrá ser enteramente suya porque la dispone el dictado de esa sociedad victoriana estricta y religiosa. Además, es una obra que refleja varios otros temas a partir de un aparato narrativo dinámico. Por ejemplo, el sentimiento del amor por oposición a la necesidad de autonomía, ya que ella no busca solo el amor romántico: también quiere ser valorada, quiere pertenecer y ser independiente. Asimismo, la prosa expone una crítica a las normas sobre clases sociales de la sociedad victoriana, no solo por Jane, sino por muchos de los demás personajes.
"Jane Eyre" es una expresión del Romanticismo inglés: escenas que reflejan la fuerza de la naturaleza, acontecimientos fantasmales e inexplicables, una niña de solo diez años que pasa la noche abrazada a una muerta, explosión de sentimientos y la eterna tensión entre la razón y la pasión. Pero también es una novela que se acerca al Realismo social al exponer los matices más complejos de la sociedad victoriana.
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