¿Cómo saciamos la sed de El Niño?

Con la llegada del fenómeno de El Niño y el riesgo de sequías más intensas, Colombia necesita prepararse para garantizar el abastecimiento de agua. En esta columna de opinión, el autor plantea la importancia de conocer y aprovechar de manera sostenible las aguas subterráneas, así como explorar la recarga artificial de acuíferos para convertir el agua de las temporadas de lluvia en una reserva para los periodos secos.

Efrén David Gómez Arévalo
(FILES) View of La Concepcion reservoir, located about 10 kilometers south of Tegucigalpa, with its water level reduced to a 30%, on August 15, 2026.
Si bien Colombia tiene un gran potencial hídrico, hay que comprender que el agua no siempre está disponible donde la necesitamos.
Foto: AFP - ORLANDO SIERRA

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El pasado 8 de octubre el IDEAM confirmó oficialmente el inicio del fenómeno del Niño, advirtiendo que podría mantener una intensidad fuerte a muy fuerte hasta el primer trimestre de 2027, que se pronostica como el año más caluroso de nuestra historia.

El Niño es un fenómeno natural que ocurre cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial se calientan más de lo habitual, alterando la circulación de la atmósfera y modificando los patrones de lluvia y temperatura. En el norte de Sudamérica, Colombia y Venezuela, éste fenómeno generará disminución en lluvias y picos históricos en temperaturas; aumentando la presión sobre los ríos, los embalses y las fuentes que utilizamos para abastecernos. La falta de conocimiento detallado de las fuentes de agua que disponemos en el país nos impide prepararnos de la mejor manera, antes de que la disminución de las precipitaciones se convierta en una crisis de abastecimiento.

Nuestra tarea no debe limitarse a buscar más fuentes de agua cuando llega la emergencia, sinó ser previsivos de los efectos del fenómeno natural, y una de esas fuentes, generalmente pasa desapercibida; el agua que se encuentra bajo nuestros pies. Cuando llueve, una parte del agua discurre por la superficie y otra se infiltra en el suelo, almacenandose en los poros y las fracturas de los materiales geológicos. A los sistemas capaces de almacenar y transmitir agua los llamamos acuíferos, los cuales funcionan como una esponja natural, cuya capacidad para guardar y dejar circular el agua varía en cada material.

La importancia de los acuíferos radica en que pueden funcionar como una reserva estratégica de agua que podemos extraer mediante pozos, y así, complementar el abastecimiento de los habitantes cuando disminuyen las lluvias. Adicionalmente, las aguas subterráneas mantienen ríos, lagos y humedales durante los periodos secos; por lo tanto, no debemos verlas solamente como una fuente alternativa para el consumo humano, sino también como parte fundamental del funcionamiento de nuestros ecosistemas.

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Colombia tiene un potencial importante de aguas subterráneas: se estima que, aproximadamente el 75 % del territorio presenta condiciones favorables para almacenar este recurso. Sin embargo, el conocimiento de los sistemas acuíferos del país aún es muy bajo, impidiendonos conocer cuánta agua podemos extraer de manera sostenible. Es fundamental que el estado priorice avanzar en la investigación y el conocimiento detallado de los acuíferos; la extensión, entender cómo se recargan, evaluar la calidad de sus aguas y establecer cuánto podemos aprovechar sin afectar las reservas ni los ecosistemas asociados.

Conocer nuestras aguas subterráneas con anticipación nos permitiría tomar mejores decisiones y desarrollar soluciones de abastecimiento adaptadas para enfrentar las sequías en los territorios, pero necesitamos conocerlas para aprovecharlas responsablemente.

Dada su geografía y tipos de suelos, Colombia tiene la particularidad de experimentar inundaciones durante temporadas de lluvias y, enfrentar escasez de agua en las mismas regiones durante los periodos secos; marcando así, uno de los grandes retos en la gestión del agua en el territorio nacional. La pregunta fundamental sería, ¿Cómo podríamos aprovechar ese exceso de agua que se da en las temporadas de lluvias durante los momentos de sequía?.

Y la respuesta está en ver los acuíferos como algo más que una fuente de extracción; son un reservorio con volúmenes finitos, al que debemos incentivar el ingreso de agua o recarga, para garantizar su sostenibilidad y nuestro abastecimiento. La recarga artificial de aguas subterráneas consiste en facilitar que una cantidad controlada de agua llegue a un acuífero para favorecer su almacenamiento.

En términos sencillos, es una manera de aprovechar la capacidad del subsuelo para guardar agua donde las condiciones geológicas sean adecuadas, de esta manera, parte del agua disponible durante las lluvias podría contribuir a fortalecer las reservas para periodos posteriores. No obstante, llegar a esos sitiales nos requerirá conocer los acuíferos de los territorios, comprobar que el agua no contamine el acuífero y evaluar cómo responderá el sistema.

La idea es pasar de depender exclusivamente del agua que almacenamos en la superficie a aprovechar, cuando sea viable, la capacidad natural de almacenamiento del subsuelo.

El país necesita conocer mejor el funcionamiento de sus aguas superficiales y subterráneas, antes de que se presente una emergencia. Si bien Colombia tiene un gran potencial hídrico, hay que comprender que el agua no siempre está disponible donde la necesitamos: no podemos esperar a que llegue una sequía para empezar a pensar en soluciones. Lo anterior implica invertir en estudios hidrogeológicos, monitorear los niveles de los acuíferos, proteger las zonas donde el agua se infiltra y planificar el abastecimiento de acuerdo con las condiciones de cada región.

Por supuesto, debemos seguir promoviendo el ahorro y el uso eficiente del agua, y también debemos evaluar alternativas como el reúso de agua tratada y la desalinización con energías renovables; ya que no existe una fórmula mágica para mitigar los efectos del Niño, sino un cúmulo de técnicas y metodologías que requieren inversión, decisión e investigación previa.

No podemos controlar los fenómenos naturales del clima, ni es preciso predecir cuándo será el próximo evento de sequía a largo plazo; pero sí podemos mejorar nuestra preparación y reducir nuestra vulnerabilidad a través de la ciencia y la planificación que nos lleven una mejor gestión del agua. La verdadera solución no es solamente encontrar más agua cuando llega la sequía, sino prepararnos desde hoy para garantizar el abastecimiento de mañana.

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Por Efrén David Gómez Arévalo

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