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Así es como indígenas de Putumayo unen sus saberes con ciencia para encontrar desaparecidos

Un piloto de la Unidad de Búsqueda formó durante nueve días a diez integrantes de dos resguardos de Puerto Asís en técnicas forenses y humanitarias. La apuesta es que las comunidades se conviertan en aliadas activas de la búsqueda de desaparecidos en el conflicto armado.

La práctica llevó al equipo hasta el cementerio comunitario, donde descansan abuelos, hijos, madres y bebés, así como personas desaparecidas hace décadas, algunas de ellas traídas por el río. Los siona las recibieron y acogieron según sus propias costumbres.
Foto: UBPD

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Para Albeiro Valdez, la formación llegó a su punto más intenso con la pala en la mano. Después de varios días de clases de antropología, criminalística, topografía e investigación humanitaria, él y nueve compañeros del pueblo siona pasaron a la práctica en su propio territorio, en Puerto Asís (Putumayo), donde los profesionales les advirtieron que, a cierta profundidad, podían encontrar el cuerpo de una persona.

Los diez participantes pertenecen a los resguardos Santa Cruz de Piñuña Blanco y Santa Helena, y forman parte de una experiencia piloto de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD). El proyecto es implementado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), con el apoyo financiero de la Embajada de Suecia.

La comunidad era consciente de que la búsqueda podía traer tristeza y esperanza al mismo tiempo. Albeiro sintió algo difícil de explicar: “Uno como que se siente lleno de alegría de mirar que de pronto pueden estar ahí los restos de una persona que su familia ha estado buscando”, relata. Y continúa: “Es difícil excavar y encontrar un ser humano ahí en esas condiciones”.

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La práctica llevó al equipo hasta el cementerio comunitario, donde descansan abuelos, hijos, madres y bebés, así como personas desaparecidas hace décadas, algunas de ellas traídas por el río. Los siona las recibieron y acogieron según sus propias costumbres.

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En el terreno, el grupo trabajaba junto a una excavación, con guantes de protección azules, botas pantaneras y sombreros. Algunos participantes se agachaban para examinar objetos cubiertos de lodo sobre una lona plástica. Otros observaban en silencio, a pocos pasos de las herramientas.

Allí, entre la tierra húmeda, encontraron evidencias de un cuerpo que pudo haber permanecido enterrado desde los años noventa. Quedaba muy poco de él, pero algunos elementos permitieron reconstruir parte de su historia. La ropa se había conservado y, junto a los restos, apareció un bolso con una peineta, una cuchilla de afeitar, una cuerda y un toldillo, este último asociado a las labores de cosecha de coca. No había evidencia de un ritual funerario.

Las imágenes de la excavación muestran, sobre una lona blanca y cubiertas de lodo, prendas que parecen corresponder a un pantalón oscuro con cinturón, calzado y trozos de tela deshilachada.

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El análisis permitió establecer que se trataba de un cuerpo de competencia de la UBPD. Los aprendices participaron en su recuperación y aplicaron lo aprendido durante los días anteriores. En el mismo cementerio apareció otro cuerpo, pero su historia era distinta y no correspondía a la competencia de la entidad. Posteriormente, en otra práctica realizada en un lugar diferente del territorio, recuperaron un segundo cuerpo que también era de competencia de la UBPD.

En Colombia hay 137.000 personas dadas por desaparecidas, de las cuales 2.360 pertenecen a comunidades indígenas. Ante esta realidad, la propuesta de la UBPD busca promover un diálogo de saberes y dejar capacidades instaladas en el territorio, para que las comunidades puedan seguir participando una vez termine el acompañamiento.

Karen Carlosama, integrante de uno de los equipos, explicó por qué decidió sumarse: “Lo que yo siempre quise es ayudar a reparar el daño que tienen las personas, los seres queridos que no saben en dónde están. En el trabajo que nosotros realizamos ayudamos a eso, a reencontrar familias”.

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Durante nueve días, los participantes aprendieron a medir, registrar, fotografiar, georreferenciar y documentar una misión, así como a leer la tierra y documentar sitios de intervención forense. Lo hicieron a partir de los saberes de un territorio que les ha enseñado que una búsqueda no comienza necesariamente con una pala, sino con la memoria de un abuelo, una historia, un camino o el recuerdo de alguien que sabe dónde ocurrió algo hace décadas.

Parte de esa formación quedó registrada en las fotografías del proceso. En ellas se ve a los aprendices junto a un trípode de medición rojo, acompañados por integrantes de la UBPD. En otra imagen, tres hombres revisan documentos y apuntes sobre una mesa rústica, bajo una estructura abierta con techo de zinc.

Para Magali Chindoy, enlace intersectorial de la Regional Sur de la UBPD, el objetivo es “relacionar los conocimientos del territorio con las herramientas de la investigación forense, la comunidad aporta su memoria, su autonomía y sus saberes territoriales, ancestrales y espirituales; la UBPD y sus conocimientos técnicos”. Esa dimensión espiritual explica por qué los espacios de armonización son imprescindibles antes de las actividades. Para los siona, el territorio está vivo, tiene memoria y orienta tanto la relación de la comunidad con él como el trabajo de la Unidad de Búsqueda.

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En una de las fotografías, ocho personas forman un semicírculo en un terreno de tierra arada. Muchas tienen las manos juntas o sobre el pecho, en una actitud de respeto, mientras las palas permanecen clavadas en la tierra. Marlon Sámchez, antropólogo de la Subdirección Técnica Forense de la UBPD, lo resumió así: “Es una causa común de sanear y dar respuesta a esas familias y, asimismo, sanear el territorio y la memoria de los territorios”.

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Foto: UBPD

Los equipos comunitarios apenas comienzan su camino. El proyecto busca que estas capacidades permanezcan en los resguardos y que sus integrantes continúen participando, junto con la UBPD, en labores de rastreo y documentación. El piloto finalizará en febrero de 2027 y prevé que los equipos contribuyan de manera autónoma a la recuperación de cuatro cuerpos más que esperan ser encontrados por sus familias.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

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