A raíz de la temporada de incendios que se vive en varias regiones del país, el Instituto Humboldt emitió un comunicado explicando los factores que aumentan la vulnerabilidad de los páramos y advirtiendo sobre el proceso que se requiere para su recuperación.
Aunque todavía no hay cifras consolidadas sobre la cantidad de hectáreas de páramos que han resultado afectadas por los incendios en los últimos meses, el Instituto retomó los resultados de un reciente estudio adelantado por la Universidad del Rosario en el que se estimó que entre 1985 y 2022 aproximadamente 637.000 hectáreas de páramos, lo que corresponde al 15 % de la extensión total de estos ecosistemas, resultaron afectadas por fuego.
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Para hacerse una idea, esta extensión es similar al área que ocupa el Parque Nacional Natural Sierra de la Macarena o a casi todo el departamento de Caldas. Con cerca de un tercio de su superficie afectada por el fuego, el páramo de Sumapaz ha sido uno de los más perjudicados.
El caso más reciente, referenció el instituto de investigación, fue el ocurrido en el Santuario de Flora y Fauna Iguaque, en Boyacá, donde las llamas que se extendieron por 10 días afectaron cerca de 1.400 hectáreas de esta área protegida cercana al municipio de Villa de Leyva.
Estos datos, aseguró José Muñoz, investigador del Centro de Soluciones Basadas en la Naturaleza del Humboldt, evidencian la necesidad de pasar de una respuesta centrada exclusivamente en apagar incendios a una estrategia basada en el manejo integral del fuego que permita comprender sus causas, comportamiento y efectos sobre los ecosistemas.
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“El reto no es solamente responder cuando aparece el fuego. Necesitamos entender dónde, cuándo y por qué se producen los incendios, qué factores pueden hacerlos más complejos y cómo se recuperan los ecosistemas después de estos eventos. Esta información debe orientar tanto la prevención como las decisiones de restauración ecológica”, explicó Muñoz.
Sobre los factores que aumentan la vulnerabilidad de los páramos a los incendios, el Instituto advirtió sobre el papel que juegan las especies invasoras. En el reciente caso de Iguaque, por ejemplo, la presencia de pastos exóticos, pinos, eucaliptos y acacias facilitó la propagación de llamas.
Estas especies exóticas, con potencial de ser invasoras, “provienen de regiones con una historia evolutiva asociada al fuego. En los ecosistemas colombianos, estas especies producen grandes cantidades de hojarasca y material vegetal muerto, varias logran formar poblaciones densas y pueden mejorar la continuidad del combustible disponible para quemarse durante un incendio”, explicó el Humboldt.
De hecho, algunas de estas especies poseen características que les permiten sobrevivir, rebrotar y colonizar rápidamente áreas afectadas por incendios. En palabras de Muñoz, “En zonas donde existen especies invasoras debemos prestar especial atención a la relación entre cobertura vegetal, cargas combustibles y fuego. No significa que la presencia de estas especies explique por sí sola un incendio, pero sí que puede convertirse en un factor relevante para su comportamiento y para la recuperación posterior del ecosistema”.
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Las áreas de páramo y alta montaña donde confluyen especies invasoras, vegetación susceptible de quemarse y condiciones de déficit hídrico deberían recibir especial atención durante temporadas de menor precipitación, resaltó el Instituto.
Tras las llamas, advierte la entidad, viene una de las decisiones más importantes: cómo debe recuperarse el ecosistema afectado. Como hemos explicado en otras notas, sembrar árboles no siempre es la mejor opción. En el caso de los páramos, el propio ecosistema puede contar con bancos de semillas en el suelo y con especies capaces de rebrotar después del incendio.
“Después de un incendio, la primera pregunta no debería ser cuánto tenemos que sembrar, sino qué capacidad tiene el ecosistema para recuperarse por sí mismo. Hay que evaluar la severidad del incendio, las condiciones del suelo, la disponibilidad de semillas o propágulos de especies nativas en la zona que puedan favorecer la regeneración natural y otros factores antes de decidir si es necesaria una restauración activa”, señaló Muñoz.
El investigador del Humboldt agregó que “restaurar no significa simplemente plantar. En los páramos debemos preguntarnos qué especies corresponden a cada territorio y cuándo es realmente necesario intervenir. La regeneración natural también es una forma de restauración y, en determinadas circunstancias, puede ser la mejor opción”.
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Ante este panorama, el Instituto advirtió que el país debería avanzar hacia un manejo integral del fuego, que articule prevención, conocimiento científico y local, así como preparación comunitaria e institucional, atención oportuna de emergencias y estrategias de recuperación posterior acordes a cada territorio.
“Esto implica fortalecer el monitoreo de las áreas vulnerables, comprender mejor la relación entre incendios y especies invasoras, mejorar la articulación entre comunidades y autoridades y evaluar la recuperación de las áreas quemadas antes de definir acciones de restauración”, concluyó la entidad.
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