Bogotá ya no es un bastión exclusivo de la izquierda. Ni tampoco de la derecha. Pero sí es un escenario clave, tanto de la movilización como de la gobernanza distrital, que se medirán con el nuevo presidente. Durante el preconteo de votos y posteriormente, se registraron movilizaciones en distintos puntos. Principalmente el sur concentró manifestaciones en contra del resultado electoral, que escalaron a confrontaciones con la UNDMO, mientras que en el norte se contemplaron algunas muestras de simpatizantes del candidato ganador, Abelardo De la Espriella.
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Pese a su histórica inclinación a la izquierda, la segunda vuelta presidencial deja varias lecciones para leer el panorama que se puede dibujar en Bogotá con el nuevo presidente: la ciudad incorporó un nuevo actor político activo de la derecha, que deberá convivir con una oposición y una proyección de ciudad divida política y socialmente. Y en ese caldo de cultivo, el nuevo mandatario podría reajustar las relaciones con Bogotá en la etapa final del alcalde Carlos Fernando Galán y un pronóstico incierto con lo que suceda en las urnas en 2027.
Punto de partida: elecciones 2026
Para dar paso al análisis, veamos los resultados del preconteo de segunda vuelta que dan como ganador a Abelardo de la Espriella. En Bogotá aumentó el número de votantes: mientras en la primera vuelta votaron 4.130.084 de habitantes, en la segunda vuelta ascendió a 4.281.186 votos, es decir que hubo 151.102 votos de más en la segunda vuelta, un incremento del 3,6%.
Aunque Iván Cepeda se impuso en la capital del país con 2.235.514 votos (52,5 % de la votación) y Abelardo de la Espriella obtuvo 1.933.243 (45,4 % de votos de Bogotá), detrás del estrecho margen hay una lectura particular: la ciudad perdió muchos votantes de izquierda con respecto a las elecciones de 2022, cuando en el 58 % de la ciudad votó por Gustavo Petro, y la derecha creció considerablemente al superar el 38% que obtuvo Rodolfo Hernández. En estos datos se encuentra una de las razones por las cuales el progresismo perdió la presidencia.
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Gobernanza: entre oportunidades de acuerdos y movilizaciones
Juan Lozano, docente y experto en política de la Universidad Nacional, plantea que, pese al cambio de Gobierno Nacional, la gobernanza en el Distrito está blindada por la solidez de sus instituciones. A diferencia de la tensa relación y los constantes bloqueos que caracterizaron el diálogo entre el alcalde Carlos Fernando Galán y Gustavo Petro, con la llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia se espera una era de coordinación fluida en proyectos estratégicos de infraestructura y seguridad.
“La gobernanza en Bogotá va a estar garantizada. Hay indicios para creer que tanto el gobierno de Galán como el gobierno eventual de la Espriella podrán coordinarse en temas estratégicos para la ciudad. La base de votantes de la Espriella, que se concentra principalmente en capas de clase media en Bogotá y de clase alta, sí es una base de votantes que, más que los programas sociales reclaman la generación de obras, de infraestructura”.
Para Felipe Jiménez Ángel, analista y experto en temas de Bogotá, hay un margen de incertidumbre a nivel institucional, pues De la Espriella carece de antecedentes en el ejercicio estatal. “Aquí realmente lo que hay es una incertidumbre y nosotros no sabemos el ánimo con el que va a llegar a gobernar el presidente Abelardo. A diferencia de su pasado, es poco lo que conocemos en su faceta como servidor público, que nunca la ha tenido. Y creo que ese escenario va a generar oportunidades y desafíos”.
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Jiménez también prevé una articulación más cercana entre ambos gobiernos. Pero enfatiza en que las necesidades de Bogotá en seguridad, movilidad e infraestructura son técnicas y urgentes, y no admiten más parálisis por diferencias ideológicas. “Tras un periodo de estancamiento en proyectos de envergadura , el éxito de la relación entre la Casa de Nariño y el Palacio Liévano (administración Galán) se medirá en la agilidad para viabilizar recursos y vigencias futuras”, añadió.
Heidy Sánchez, concejala del Pacto Histórico, es consciente de la división que representan los resultados en la capital. Aunque el partido aún espera los resultados del escrutinios, dice: “en términos de lo que tiene Galán proyectado para Bogotá, eso no dista en lo absoluto con un Abelardo. Ellos comparten la misma línea de ciudad de anteriores administraciones como la de Peñalosa”. Sobre las fuerzas del Concejo, dijo: “creo que las fuerzas van a girar hacia allá, hacia el nuevo gobierno”.
Sobre el resultado del preconteo, la concejala aceptó que su partido perdió en localidades en las que antes el Pacto Histórico se imponía: “El relato que instauró tanto Claudia López como Galán en su alcaldía era graduar al Gobierno Nacional como un enemigo de la ciudad, vendiendo a Bogotá como si fuera una isla. Eso caló cuando las decisiones e inversiones nacionales en universidades, el campo y la economía inciden aquí. Nosotros tuvimos más votación en Bogotá, pero Abelardo también subió. Hace cuatro años perdimos únicamente en Chapinero, mientras que en esta oportunidad básicamente el centro ampliado y el norte votaron por Abelardo y el sur votó por nosotros”.
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Orden público: las calles como escenario de oposición
Lozano advierte de un fenómeno que no se puede ignorar en el panorama social de Bogotá: las calles ya no serán exclusivas de la de izquierda. El discurso de Abelardo de la Espriella tiende a empoderar a una ciudadanía de derecha que podría estar dispuesta a movilizarse también. Las movilizaciones en celebración a la victoria en preconteo del candidato en la avenida Boyacá y calle 106 con Séptima, dan cuenta de ello para el experto.
“Ya no solamente tenemos al ciudadano de izquierda movilizado, sino a una ciudadanía de derecha que comienza también a ver en las calles un posible escenario de manifestación. Yo creo que eso sí va a llegar a representar en los próximos cuatro años también un desafío en materia de orden público”, indicó el experto.
Quintero, concejal que ha estado evaluando los escenarios de protesta que se han generado en la ciudad, agregó: “como hemos llamado la atención hace varios meses, existe información de un plan sistemático para utilizar a Bogotá como teatro para desestabilizar y generar vandalismo y en eso no podemos dudar, no se puede permitir”.
Por su parte, la cabildante del Pacto Histórico, cree que la violencia estatal podría tener un repunte. “Durante el gobierno de Petro hubo casi un 60% de disminución de casos de abuso policial por el uso del UNDEMO (antiguo ESMAD). El aumento de la violencia policial va a ser una discusión fuerte con el eventual gobierno de Abelardo. Si las conquistas laborales, la reforma laboral, el incremento del salario mínimo o el fortalecimiento de la educación pública obtenidos en estos cuatro años se ven reversados, la gente va a salir a las calles”.
Lozano, analista, se adhiere a esta idea: “no sería extraño ver situaciones de represión en esta ocasión con el gobierno de la Espriella, auspiciados también por el gobierno nacional, puede generar que en materia de orden público pues haya situaciones que, siendo coordinadas también con el Gobierno, lleguen a choques más fuertes”.
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Seguridad: ¿la “oportunidad de oro” con Abelardo de la Espriella?
Para los analistas consultados, mientras el orden público puede desembocar en nuevos escenarios de protestas, la seguridad urbana sería la gran fortaleza que tendría Bogotá con un gobierno como el que propuso De la Espriella. “Bajo este nuevo panorama, el Distrito ya no podría justificar los problemas de orden público interno endosándole la responsabilidad exclusiva a la Nación. Desde una perspectiva de seguridad de derecha, se anticipa un incremento sustancial en el pie de fuerza y un apoyo logístico en tecnologías de videovigilancia e identificación. No obstante, este enfoque también contempla un incremento en las medidas de control policial ante escenarios de protesta social en las calles capitalinas”, analizó Lozano, docente la U. Nacional.
El análisis de los expertos apunta a que la falta de sintonía entre la Casa de Nariño y el Palacio Liévano generó en parte la crisis de seguridad en la capital. Andrés Nieto, experto en seguridad, dijo: “se abre una oportunidad de oro para Bogotá en términos de seguridad. Si bien Bogotá nunca ha tenido el mínimo ideal de policías para poder cubrir, sí debería avanzar de unos 17.000 que tiene hoy a por lo menos 20.000. Dentro de esos nuevos policías debería fortalecerse el proceso de investigación de Sijín, policía judicial con CTI, infancia y adolescencia”. Nieto plantea que una mejora en las relaciones con la ciudad permitiría avanzar en proyectos como la Cárcel Distrital 2. “El único lote viable para su construcción depende de la gestión del Gobierno Nacional al estar ubicado en los predios de La Picota”.
Para el Nuevo Liberalismo, el enfoque de seguridad podría ayudar a “fortalecer la justicia. Bogotá necesita con urgencia que los ciudadanos vuelvan a confiar en su aparato de justicia para que sientan y estén seguros de que al ser víctimas de un atraco o de un robo, los bandidos van a ser castigados y no va a seguir la impunidad rampante”.
En cuanto al Centro Democrático, la percepción es la misma. Julián Uscátegui, añade: “el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, tendrá también que recapacitar y tomar medidas más fuertes para que haya una estrategia integral que opere bajo un modelo de gobernanza entre el Gobierno Nacional, las fuerzas militares y de Policía para que se den los resultados esperados”.
Una nueva Alcaldía
Juan Lozano, experto de la U. Nacional, advierte que el análisis tiene que tener en cuenta una cosa: la administración distrital va de salida. “El Palacio Liévano tiene fecha de vencimiento debido a que a la administración de Carlos Fernando Galán le resta poco tiempo. El verdadero reto de gobernabilidad a largo plazo para De la Espriella dependerá del resultado de las próximas elecciones locales, pues si el progresismo recupera la alcaldía, la capital volvería a experimentar una fuerte confrontación de poderes”.
Al gobierno Galán ya le queda un año y medio para terminar y en ese tiempo zanjar una relación distinta con el próximo Gobierno Nacional y así tratar de resolver el problema de la seguridad antes de dejar la Alcaldía. Esto, en medio de una tensa relación con sectores de oposición. La derecha, pese a tener menos terreno frente a la izquierda, sigue siendo una fuerza política importante en la ciudad que se hará oír en medio de un proceso electoral local que se vecina y volverá a poner en juego el tablero político de Bogotá y su relación con el nuevo presidente.
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