"Un evento de alta intensidad y corta duración", así definió el IDEAM las fuertes lluvias que se registraron en la tarde del miércoles en el sur y el occidente de Bogotá, así como la Sabana, Soacha y otros municipios de Cundinamarca. Las precipitaciones estuvieron acompañadas de fuertes vientos, granizo y descargas eléctricas que provocaron emergencias en cuatro municipios del departamento.
En Soacha, el alcalde Julián Sánchez Perico confirmó el fallecimiento de un motociclista y dos personas más tuvieron que ser trasladadas a centros asistenciales. En Funza, un vendaval provocó caída de postes, cables y árboles; en Cota, cuatro familias del sector del cerro Manjuy reportaron daños en los techos de sus viviendas y filtraciones de agua; y en Lenguazaque, Bomberos y personal de la Alcaldía atendieron una inundación. De acuerdo con la Unidad Administrativa Especial para la Gestión del Riesgo de Desastres de Cundinamarca, entre el 1 y el 13 de octubre, se han registrado 16 emergencias.
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Y es que las lluvias por ahora no cesarán. Para este fin de semana, si bien se estima que predomine tiempo seco, el Idiger no descarta la probabilidad de lloviznas aisladas. La capital es cada vez más vulnerable al cambio climático.
¿Cuál es el impacto de las lluvias en Bogotá?
Bogotá ya tiene un Puesto de Mando Unificado (PMU) instalado para monitorear esta segunda temporada de lluvias. El director del Idiger, Guillermo Escobar, indicó que por instrucción del alcalde, el PMU fue ubicado en la Terminal del Norte, "para poder garantizar todas las acciones preventivas y correctivas que puedan darse en situaciones de emergencia". Este punto fue escogido, pues la Autopista Norte es uno de los puntos más vulnerables cuando de lluvias se trata, ya que su estructura atraviesa los humedales Torca y Guaymaral, lo que facilita que termine convertida en un canal.
Pero no es el único. De acuerdo con el Idiger, las zonas más propensas a inundaciones se concentran al occidente de la ciudad, ya que están en una zona plana con poca pendiente y baja capacidad para poder evacuar caudales.
Fabio Rubiano Sánchez, ingeniero civil y especialista en Análisis Espacial de la UNAL, encontró también que las zonas más afectadas por las intensas lluvias suelen encontrarse hacia el oriente de Bogotá, cerca de los cerros. Áreas específicas como la calle 205 con Autopista Norte y la zona de Contador han sido identificadas incluso como propensas a tormentas intensas.
Según el experto, hablar del riesgo de inundaciones en determinadas zonas de una ciudad como Bogotá no es tan sencillo. "Este se calcula teniendo en cuenta la amenaza y la vulnerabilidad. Para el caso de la ciudad, la amenaza está asociada con la intensificación de las lluvias, y la vulnerabilidad se refiere a la capacidad de adaptación ante estos eventos”, explicó.
Las consecuencias pueden ser variadas. Desde encharcamientos, deslizamientos, crecientes de quebradas y canales, tormentas eléctricas, granizadas, caídas de árboles y hasta vendavales.
Pero no siempre es a causa de las mismas precipitaciones. De acuerdo con el director del Idiger, al menos 400 toneladas de residuos, escombros y material vegetal que obstruían las redes de alcantarillado han sido recogidas en diferentes cuerpos de agua, especialmente como Torca y Guaymaral.
“Hay una necesidad de crear medidas en la planificación urbana, el diseño de sistemas de drenaje y la concientización pública para minimizar los riesgos asociados con las inundaciones", puntualiza el investigador.
¿Por qué llueve si estamos en el fenómeno de El Niño?
Aunque el IDEAM declaró el pasado 8 de octubre oficialmente el fenómeno de El Niño en Colombia, que se extendería hasta finales del primer semestre de 2027, la presencia de este fenómeno particularmente seco y marcado por incendios forestales no elimina el desarrollo regular de la segunda temporada de lluvias.
De hecho, el Idiger proyecta que durante octubre y parte de noviembre puede traer lloviznas y temporales como fuertes vientos o granizadas, sin que El Niño haya desaparecido.
Riesgos cada vez más intensos
Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), Bogotá es la segunda ciudad más vulnerable al cambio climático en Colombia, después de San Andrés. Dentro del Distrito Capital, las localidades de Usaquén, Chapinero, Santa Fe, Usme, Ciudad Bolívar, San Cristóbal y Rafael Uribe Uribe presentan las áreas más vulnerables al cambio climático debido a su alto riesgo, amenaza, sensibilidad y baja capacidad adaptativa. Así lo analizó el IDIGER, en apoyo con la Secretaría de Ambiente.
Y es que la ciudad ha experimentado eventos climáticos atípicos, como inundaciones más intensas y frecuentes, movimientos de tierra en zonas de alto riesgo, incendios forestales en los Cerros Orientales, islas de calor en áreas urbanas y avenidas torrenciales en muchas cuencas.
Por ejemplo, para el año 2040, el Índice de Riesgo Climático (IRC) prevé un incremento de precipitación hacia el occidente de la zona urbana, lo que aumentará el riesgo de inundaciones en las localidades de Suba, Engativá, Bosa, Kennedy y Fontibón, debido a su proximidad a humedales, riberas de ríos y laderas de montañas.
Esto se traduce en que al menos 6.719 personas y el 30 % del área urbana se encuentran en amenaza de inundación. Localidades que, además, presentan mayores índices de pobreza y densidad poblacional.
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Pero otra de las consecuencias influenciadas por eventos de precipitación son los movimientos en masa. El IRC también alerta que, para este escenario, el mayor riesgo está en las localidades de Usaquén, Chapinero, Santa Fe, San Cristóbal, Usme y Ciudad Bolívar, es decir, justamente en las localidades que presentan un sistema orográfico de montaña.
En cuanto a las avenidas torrenciales, localidades de Sumapaz, Ciudad Bolívar, Usme, Rafael Uribe Uribe y otras cercanas a los Cerros Orientales, presentan mayor riesgo.
Para enfrentar el cambio climático y mitigar las consecuencias, Bogotá cuenta con una Política Pública de Acción Climática-2050 con la que el sector público, las organizaciones y la sociedad se articulan para trabajar en pro de reducir la vulnerabilidad de la ciudad frente a los impactos y riesgos asociados al clima. En 2030 se deberá entregar el primer balance.
Mientras factores geográficos (como la baja pendiente del occidente o la cercanía a los cerros) y la acumulación de escombros en los alcantarillados agravan las inundaciones y deslizamientos, la convergencia de temporales puntuales con el fenómeno de El Niño evidencia la necesidad urgente de fortalecer las medidas de adaptación y planificación urbana antes de que se profundicen los riesgos previstos para las próximas décadas y sean los más vulnerables, los afectados.
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