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“No es solo concreto”: dice ingeniero que revisó escuelas rurales tras terremoto en Pereira

Un experimentado profesional de la Escuela Colombiana de Ingeniería narra la experiencia del equipo con el que viajó a apoyar las tareas de revisiones estructurales en el Eje Cafetero.

Juan Camilo Ramírez Hoyos

18 de agosto de 2026 - 01:00 p. m.
El ingeniero Juan Camilo Ramírez Hoyos (izquierda) y su equipo trabajó hasta tarde, analizando la información recolectada tras las inspecciones en los colegios rurales de Pereira.
Foto: Mauricio Bedoya, Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito
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Soy ingeniero civil y llegué el 15 de agosto a las zonas rurales de Pereira, para diagnosticar el estado estructural de las instituciones educativas. Junto a otros profesores, graduados y aliados de la Escuela Colombiana de Ingeniería, tuvimos la importante misión de evaluar si miles de niños y jóvenes podían retornar a sus clases en más de 55 colegios. No lo hice solo. Esa misión, que me cuesta resumir en pocas palabras, la enfrentamos juntos.

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Llegamos en los vuelos de carácter humanitario y el equipo se instaló hacia el mediodía en una mesa de trabajo con actores públicos y privados: de un lado, la Escuela de Ingeniería y especialistas en estructuras. Del otro, autoridades locales. Tras dos o tres horas de análisis conjunto se definió como prioridad la infraestructura educativa: la evaluación, edificio por edificio, de colegios y universidades, con miras a determinar las condiciones de habitabilidad y permitir la reactivación académica de la ciudad.

Más allá de lo evidente, la tarea de los ingenieros era concertarse en el detalle y ver lo que los ojos inexpertos no pueden apreciar.
Foto: Mauricio Bedoya, Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito

También quedó definida la metodología operativa: seis equipos trabajando en paralelo, en jornadas continuas de 12 horas, de 6:00 de la mañana a 7:00 de la noche, con cierre diario mediante balance conjunto y comunicación constante con las autoridades locales. Con este esquema, la meta para los primeros días en Pereira fue verificar el estado de cerca de 100 instituciones educativas: 100 puertas, 100 comunidades escolares esperando respuesta.

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Ojo de ingeniero en zona rural

La integridad real de una infraestructura después de un terremoto no siempre se puede diagnosticar a simple vista. Solo unos ojos entrenados y la experiencia de años en ingeniería civil pueden ver más allá de los salones, las columnas y las paredes. Nuestro trabajo consiste, justo, en encontrar lo que pasa inadvertido. En el terreno hay que mirar la estructura de manera distinta: entender qué le pasó, cómo fue afectada y en qué condiciones quedó. Es una responsabilidad enorme, porque de ese diagnóstico depende que miles de estudiantes —que muchas veces no tienen otra oportunidad— puedan volver a educarse, a salir adelante, a forjarse un futuro.

Cuando uno llega a un colegio rural entiende que esto no se trata solo de una estructura. Aquí hay niños, profesores, familias y comunidades que dependen todos los días de estos espacios.

Juan Camilo Ramírez Hoyos

Detrás de cada revisión técnica hay una historia. Caminar el interior de los edificios y hablar con quienes a diario los visitaban ha sido la experiencia más dura y sensible que he tenido en mi carrera. Entrecomillo esta frase, porque quiero que quede como la sentí, sin suavizarla: cuando uno llega a un colegio rural entiende que esto no se trata solo de una estructura. Aquí hay niños, profesores, familias y comunidades que dependen todos los días de estos espacios.

El diálogo con las personas que habitan los espacios fue clave en el proceso de inspección.
Foto: Mauricio Bedoya, Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito

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A ese peso hay que sobreponerse para desplegar el trabajo técnico. Una fisura, humedad, deformación o cualquier cambio en un elemento constructivo no se puede interpretar a la ligera. Cada hallazgo, por mínimo que parezca, enriquece la información sobre el tipo de estructura, su antigüedad, las condiciones del terreno, el clima y el uso que ha soportado. Cada señal se tiene que estudiar en el contexto de la estructura completa. Y lo digo así, con claridad, porque es la frase que repito, como mantra técnico, en cada visita: no podemos quedarnos simplemente con lo que vemos. Tenemos que observar, analizar y documentar.

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En las zonas rurales, nuestro trabajo cobra adicional relevancia. Muchas de estas edificaciones están en zonas apartadas, de difícil acceso y con condiciones geográficas exigentes, lo que replantea la capacidad técnica y de asistencia hacia comunidades alejadas de los centros donde se concentran los servicios especializados. Ese, sin duda, es uno de los componentes más importantes de nuestra misión.

No podemos quedarnos simplemente con lo que vemos. Tenemos que observar, analizar y documentar.

Juan Camilo Ramírez Hoyos

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No llegamos para generar más alarma, sino para obtener la mayor cantidad de información técnica, que les permita a las autoridades tomar decisiones para el mejoramiento y la recuperación de la infraestructura educativa rural. No vinimos a decir si una estructura está bien o mal, sino a evaluar, a encontrar información y a aportar elementos técnicos para que la mayor cantidad posible de jóvenes puedan volver, con seguridad, a rehacer la vida que el terremoto les cambió para siempre.

Asistir como testigo de lo que ocurrió en Pereira me ha hecho reflexionar sobre lo que hay más allá del concreto, el acero, los muros o las cubiertas. Cada colegio es un hogar al que cientos de niños y niñas llegan cada mañana. Quizás es el único lugar donde están seguros, donde pueden comer algo en el día, donde les enseñan lo que empezará a definir su vida.

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Cada rincón, cada grieta, cada detalle se tiene en cuenta a la hora de dar un diagnóstico estructural.
Foto: Mauricio Bedoya, Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito

El terremoto no solo destruyó ladrillos, techos y columnas: intentó acabar con la posibilidad de aprender, con las nobles intenciones de salir adelante, con el futuro mismo de una niñez y una adolescencia que ya batallaba a diario con condiciones sociales doblemente difíciles que las de las ciudades. Por eso nuestra responsabilidad es enorme, y nuestra misión, fundamental.

Si podemos ayudar a que un colegio sea reabierto y se convierta en un lugar más seguro para los niños, nuestro trabajo aquí habrá tenido significado.

Juan Camilo Ramírez Hoyos

Nuestra presencia en estas zonas apartadas del campo pereirano va más allá de la simple inspección técnica: es un ejercicio de prevención, conocimiento y acompañamiento a las comunidades. También es ingeniería escuchar, observar y poner el conocimiento al servicio de la gente. Y enfatizo en esta conclusión, porque tal vez sea sencilla, pero es la más profunda a la que he llegado en este proceso: si podemos ayudar a que un colegio sea reabierto y se convierta en un lugar más seguro para los niños, nuestro trabajo aquí habrá tenido significado.

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Ninguno de los que viajamos llegó buscando reconocimiento. Llegamos con un casco, una guía técnica y la certeza silenciosa de que una firma en un formulario puede significar que una familia vuelva a dormir en su casa o que un colegio abra sus puertas de nuevo. Jóvenes y veteranos, profesores y empresarios: todos comparten hoy el mismo apellido, son ingenieros de la Escuela.

Hay que volver a ver llenas las aulas rurales de Pereira. Celebrar la jornada escolar rebosada de estudiantes, docentes y familias que confían en estos espacios. Para eso, los ingenieros lideramos una tarea inadvertida, pero fundamental: observar con ojos técnicos aquello que para los demás solo hace parte del paisaje. Porque muchas veces prevenir comienza por detenerse a mirar.

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Más misiones de la Escuela de Ingeniería

Este fue uno de los primeros equipos que enviaron a la zona del terremoto. Las convocatorias internas continúan para apoyar dónde se requiera.
Foto: Mauricio Bedoya, Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito

La Escuela Colombiana de Ingeniería, durante su misión de apoyo en el Eje Cafetero, contó con drones de última generación para realizar vuelos fotogramétricos en Pereira. Gracias a ellos documentó el estado de uno de los edificios más icónicos cerca del centro de la ciudad, donde se evidencia el colapso total de uno de los pisos, en una zona que —por el riesgo de colapso de la edificación— tiene acceso limitado.

La fotogrametría digital con drones permitió levantar esa información sin exponer al personal que operaba la aeronave. José Ignacio Nieto García, integrante del primer grupo, lo resumió así: “en estos momentos es cuando la formación en alta calidad y exigencia de nivel superior de nuestra universidad tiene sentido y da grandes resultados”.

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La institución continúa revisando los perfiles de otros voluntarios que respondieron a la convocatoria interna, para conformar nuevos grupos, según evolucionen las necesidades en los territorios. Hacemos un llamado a los municipios interesados en establecer contacto con la Escuela y con Asocapitales, para articular esta colaboración. Este primer despliegue no cierra el proceso: lo abre.

* Juan Camilo Ramírez Hoyos, ingeniero civil de la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito

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Por Juan Camilo Ramírez Hoyos

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