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31 Jan 2022 - 8:01 p. m.

Opinión: Adaptar la seguridad a la “normalidad”

La ciudad vuelve a la normalidad en un espacio urbano obstaculizado y caótico. ¿Cómo adaptar el servicio de seguridad a estas condiciones?
Garantizar la atención de los ciudadanos requiere de mejores herramientas de analítica de datos,  y el despliegue de unidades ágiles de respuesta.
Garantizar la atención de los ciudadanos requiere de mejores herramientas de analítica de datos, y el despliegue de unidades ágiles de respuesta.
Foto: Agencia EFE

Febrero de 2022 marcará la reactivación completa de una ciudad que ha vivido con restricciones a la movilidad y al uso de sus servicios por casi dos años. Con el regreso presencial a colegios y universidades se restablece en su totalidad la dinámica urbana en Bogotá. La pandemia parece haber llegado a su fin.

Volver a la normalidad implica un desafío considerable para el gobierno distrital, que debe garantizar la respuesta a las necesidades que demandan los ciudadanos en un contexto caracterizado por capacidades de respuesta insuficientes, equipamientos urbanos que no consultan el desarrollo espacial de la ciudad y una movilidad limitada.

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En los últimos meses ha incrementado la percepción ciudadana sobre la lenta o nula respuesta de la fuerza policial ante llamados de urgencia. También se escuchan denuncias sobre la precaria atención de requerimientos ciudadanos en asuntos como la regulación del tránsito, la atención de emergencias vitales o la prestación de servicios públicos. ¿Cuál es el origen de esta nueva fuente de frustración ciudadana?

En primer lugar, están las causas estructurales. Bogotá ha evolucionado su sistema de respuesta por cerca de seis años en el marco del Centro de Comando, Control, Comunicaciones y Cómputo (C4) alcanzando una base de desarrollo con potencialidades aún pendientes por aprovechar.

Garantizar la atención de los ciudadanos requiere de mejores herramientas de analítica de datos, la desconcentración de los equipamientos urbanos y el despliegue de unidades ágiles de respuesta, localizadas con base en criterios territoriales, tiempos de respuesta y articulación interagencial. Tres factores clave para atender las necesidades ciudadanas.

De otra parte, están las coyunturales. La ralentización del desarrollo de soportes urbanos, la transformación precoz de la malla vial –pensando en una ciudad eternamente confinada– y la apertura de más de 250 importantes frentes de obra, que al final del año serán al menos 500, bloquearon la ciudad de tal forma que la administración debió acudir a la restricción de movilidad más agresiva de la historia.

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Este contexto está lejos de solucionarse, razón por la cual se hace necesario repensar los modelos operacionales de respuesta, de manera tal que quienes deben responder a eventos críticos recuperen el sentido de la oportunidad y la efectividad. En el ámbito de la seguridad deberían analizarse dos asuntos en particular: la viabilidad de los Comandos de Atención Inmediata -CAI- y su aporte al servicio de seguridad, así como el nivel de integración de los servicios de respuesta.

En conversaciones con grupos de ciudadanos a lo largo del año 2021 en el marco del proyecto “Escuchamos a Bogotá” de ProBogotá Región, de forma reiterativa los bogotanos se debatían entre reconocer la importancia de tener un CAI en sus comunidades y la frustración por su poca capacidad operativa y limitada atención al ciudadano.

Lo anterior obliga a evaluar el costo operativo y reputacional causado por el anclaje de dispositivos policiales a infraestructuras estáticas, que no contribuyen a respuestas oportunas y efectivas frente a una alerta ciudadana. La ciudad necesita un nuevo sistema de despliegue policial.

El segundo asunto se enfoca en la respuesta al pedido de auxilio o la alerta de una situación crítica. En un contexto urbano que aumentará su inmovilidad en el corto y mediano plazo es necesario definir una estructura organizativa de respuesta que esté determinada por las restricciones que ofrece el territorio.

En este sentido, deberían desarrollarse Unidades Integrales de Respuesta Rápida adscritas a las estaciones de policía de cada localidad, que combinen diversas especialidades del servicio de policía y otros actores necesarios para brindar respuesta oportuna y soluciones ágiles frente a situaciones que aumentan la sensación de inseguridad y desconfianza entre los ciudadanos.

En una innovación de este tipo juegan un papel determinante las capacidades tecnológicas de observación, respuesta, despacho y coordinación –de la mano del concepto de Ciudad Inteligente–, para lo cual el gobierno distrital y la Policía Nacional deben trabajar conjuntamente en la ampliación de la capacidad de los Comandos Operativos de Seguridad Ciudadana -COSEC- y acotar los territorios asignados bajo su responsabilidad.

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En ciudades como Chicago y Los Ángeles en EE.UU. la respuesta a un pedido de auxilio oscila entre 4 y 6 minutos. En Bogotá oscila desde 7 minutos para un pedido de apoyo policial hasta 27 minutos para un caso atendido por el Centro Regulador de Urgencias y Emergencias –CRUE–.

Mejores tiempos de respuesta frente a pedidos de auxilio ciudadano aumentarán su satisfacción frente a la seguridad y la ciudad, mejorarán su relación con las autoridades, cerrarán espacios para el desarrollo de organizaciones criminales y permitirán el restablecimiento de las dinámicas urbanas ordinarias con menos fricciones y traumatismos.

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