Tras 22 años de espera, en medio de denuncias de corrupción, cambios técnicos, disputas judiciales, dificultades de financiación y los “palos en la rueda” que puso el Gobierno Nacional, al fin se destraba una de las obras de saneamiento básico más importantes del país y una de las más grandes de Latinoamérica: la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Canoas. Este martes, la administración distrital al fin anunció la apertura de la licitación para seleccionar en junio de 2027 al consorcio que se encargará de su construcción.
El anuncio no es menor. La importancia de la obra es tan grande como su infraestructura, al ser el corazón del complejo sanitario Tunjuelo-Canoas, donde no solo se limpiará el 70 % de las aguas contaminadas que genera Bogotá (casi 5,6 millones de habitantantes), sino el 100 % de las de Soacha (casi un millón). El proceso, que lidera la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), se concretó tras superar varios requisitos, como la estructuración financiera, la obtención de la licencia ambiental y la eliminación de medidas judiciales, que llevaron al proyecto a una larga pausa forzada.
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Aunque la obra se proyectaba inicialmente para 2032, la Alcaldía anunció que la nueva fecha será 2035. El reto ahora será cuplir el cronograma, para tener en ocho años la planta en funcionamiento. Cuando esté terminada la PTAR, y el complejo entre en operación, se dará un paso fundamental en el cumplimiento del fallo del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, que ordenó descontaminar el río Bogotá.
El largo camino hacia Canoas
La propuesta de saneamiento del río Bogotá comenzó a tomar forma en los años 90. En un principio se contemplaban tres plantas de tratamiento (Salitre, Fucha y Tunjuelo), pero la estrategia cambió a comienzos de los años 2000 y terminó concentrada en dos infraestructuras: la ampliación de Salitre y la construcción de Canoas. El fallo del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, que emitió en 2004 la magistrada Nelly Villamizar, convirtió el saneamiento en una obligación para distintas entidades públicas. Dos años después, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), el Distrito y el Acueducto avanzaron en acuerdos para financiar componentes del sistema, pero la definición de las obras, sus costos y el esquema de ejecución tardaron años.
Uno de los primeros pasos fue la contratación en 2009 de las obras del interceptor Tunjuelo-Canoas, conformado por una red 10 kilómetros de tuberías, de casi cuatro metros de diámetro, a 70 metros de profundidad, destinadas a transportar las aguas residuales hacia la futura PTAR. La obra se completó, pero quedó estancada en medio de una disputa sobre la ubicación de la estación elevadora, que debía bombear el agua desde los túneles hasta la superficie. En el proyecto inicial apuntaba a construirla cerca del embalse del Muña, para verter allí el agua tratada, sin mayor costo, y destinarla a la producción de energía. El desacuerdo frente a esta opción enfrentó posiciones sobre el diseño, los costos y la conveniencia sobre el sitio donde se construiría esa infraestructura.
En 2014, el Consejo de Estado ratificó el fallo del Tribunal y exigió acciones a entidades nacionales, regionales y locales. El proceso judicial reforzó la obligación de avanzar con el saneamiento, pero también puso bajo escrutinio las decisiones técnicas y financieras de las autoridades. Su ejecución siguió dependiendo de acuerdos entre varias instituciones y la disponibilidad de recursos. A los problemas de infraestructura se sumaron diferencias sobre cómo construir y financiar la PTAR.
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En 2016, la estructuración del proyecto recomendó profundizar los estudios del tratamiento secundario y evaluar cómo asumir los riesgos económicos y operativos. La planta pasó por nuevas etapas de diseño, y en 2021 obtuvo la modificación de su licencia ambiental, para incorporar la operación hacia el Muña. Para entonces, la iniciativa ya acumulaba años de retraso frente a las primeras fechas anunciadas.
La planta que falta para completar el sistema
El alcalde Carlos Fernando Galán recordó durante el acto en el que anunció la apertura de la licitación, que actualmente todas las aguas domésticas del sur de Bogotá, desde la calle 26 hasta la frontera con Soacha, llegan sin tratar al río Bogotá. De ahí que el proyecto no soporte un aplazamiento más. Canoas está diseñada, como ya se dijo, para tratar el 70 % de las aguas residuales de Bogotá y el 100 % de las del casco urbano de Soacha. Tendrá una capacidad promedio para limpiar 16 metros cúbicos por segundo (casi lo mismo que consume de agua potable toda la ciudad) y recibirá vertimientos de las cuencas de los rios Fucha, Tunjuelo y Tintal. Además, claro está, de las aguas residuales de Soacha. Su operación complementará la PTAR Salitre, que trata cerca del 30 % de las aguas residuales de Bogotá.
La estación elevadora y los interceptores son parte de ese sistema, pero no sustituyen la planta. La estación bombea las aguas residuales hacia la superficie para conducirlas al lugar donde funcionará Canoas. Mientras no exista tratamiento, los vertimientos seguirán llegando al río sin pasar por el proceso completo de depuración. Por eso, aunque se han construido componentes importantes, el sistema de saneamiento sigue sin corazón.
La planta contará con tratamiento secundario mediante lodos activados y desinfección. Según los diseños aprobados, podrá procesar alrededor de 505 millones de metros cúbicos de aguas residuales al año. La entidad calcula que el proyecto beneficiará a más de 9,6 millones de personas no solo en Bogotá y Soacha, sino también en municipios de la cuenca baja del río Bogotá y poblaciones a lo largo del río Magdalena.
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La reducción de vertimientos podría mejorar las condiciones del río Bogotá y de sus afluentes, así como favorecer actividades económicas relacionadas con la agricultura, el uso del suelo y la recuperación ambiental. Las autoridades estiman beneficios económicos cercanos a COP 600.000 millones anuales. Sin embargo, esos efectos dependen de que la planta se construya y opere de acuerdo con los parámetros previstos, y de que las autoridades mantengan otras acciones de control de vertimientos y recuperación de la cuenca. La licitación abre así una etapa decisiva, pero no cierra la historia de los retrasos.
Los candidatos
Actualmente hay cuatro candidatos precalificados para participar en la licitación: APCA Aguas Canoas, Promotora del Desarrollo de América Latina, Unión PTAR de la Sabana y APCA PTAR Canoas (Beijing Enterprises Water Group, Shanghai Chengtou Sewage Treatment y China Harbour Engineering). La EAAB espera adjudicar el contrato en junio de 2027. Después vendrán las fases de preconstrucción, construcción y puesta en marcha, antes de que la infraestructura pueda empezar a tratar las aguas residuales.
Tras 22 años desde el fallo que ordenó avanzar en el saneamiento, Canoas sigue siendo una promesa pendiente para el río Bogotá. La apertura de la licitación es un avance verificable en el camino hacia su construcción; la prueba definitiva será que el proceso contractual no vuelva a quedar atrapado en nuevos aplazamientos y que la planta entre en operación. Solo entonces el proyecto podrá empezar a cumplir la función ambiental para la que fue concebido.
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Jairoval(07497)•Hace 8 horas¿La obra iniciará operaciones en el 2035? (es decir, por allá en el 2040). Realmente no somos un país viable. Tendremos que aguantar una década más la contaminación del río más importante de la capital del país.
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Cordillerano(64187)•Hace 11 horasSi a un comentario a el E.E. le aparece el muy "familiar" aviso «Tu comentario fue enviado y está pendiente de moderación», muy frecuente desde el pasado 7-ago-2026, no es censura, solo una gestión «políticamente correcta" en el manejo de la información
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Cordillerano(64187)•Hace 11 horasEl comentario del día para no ser censurado: felicitaciones por tan solo 22 años para terminar la PTAR, seguramente en lo que resta del siglo se podrán iniciar los trabajos para dar cobertura al 100% de la ciudad. Bogotá y Colombia avanzan, solo un "poco" lento …