26 Nov 2020 - 2:00 a. m.

“Que no nos cierren en diciembre”, el clamor de los comerciantes

Aunque no han anunciado nuevas cuarentenas, en el comercio está el temor. Sin embargo, mantienen la esperanza de vender y recuperarse de este año tan complejo. Así se preparan para la temporada.
Diego Ojeda

Diego Ojeda

Periodista

Las calles de San Victorino, ícono del comercio bogotano, vuelven a experimentar aglomeraciones de compradores atraídos por los precios bajos, quienes se suman a la concentración de vendedores informales. El sector volvió a ser concurrido y, de nuevo, a más de un taxista le da pereza “ir por allá”. Pero, por extraño que parezca, lo anterior podría verse como buen indicador para el comercio, que busca recuperarse de los meses en los que sus ventas se fueron al piso y en los que a muchos les tocó cerrar sus negocios. Pero la pandemia continúa y el mensaje se mantiene: no bajar la guardia y mantener los protocolos de bioseguridad.

Desde esta “nueva normalidad”, los comerciantes se preparan para la temporada que esperan con más ansias: diciembre. Como lo explica uno de los empresarios del Gran San, Carlos Martínez, dueño de una marca de ropa fabricada con cannabis (cáñamo), en estos últimos meses se puede vender casi lo mismo que se vende en el resto del año. No obstante, por las noticias que llegan desde otras partes del mundo, persiste el temor de que una nueva cuarentena o una medida similar frene su recuperación en esta época. Es por eso que uno de sus principales clamores, más allá de alivios tributarios o facilidades crediticias, es que no cierren. “La expectativa es que no vayan a cerrar, porque ahí sí nos quiebran”, manifiesta Martínez, quien coincide con la petición que hace Juan Esteban Orrego, director ejecutivo de Fenalco Bogotá.

Ante tal incertidumbre, El Espectador consultó a la secretaria de Desarrollo Económico, Carolina Durán, quien dijo que desde el Distrito no se quiere cerrar, porque saben que Bogotá no aguanta más restricciones de este tipo. “La capital necesita continuar abierta”, detalló. La funcionaria explica que, de momento, “la capital va bien”, pues aunque se siguen presentando contagios (hay 215 casos activos por cada 100 mil habitantes), las muertes están por debajo de otras ciudades de Latinoamérica (95 por cada 100 mil habitantes).

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Sin embargo, el panorama podría cambiar drásticamente, por lo que un eventual cierre dependerá de si los bogotanos continúan respetando las medidas de autocuidado y atendiendo recomendaciones como quedarse en casa si presenta síntomas asociados al COVID-19. De ahí que uno de los principales compromisos de los comerciantes en Bogotá para la temporada de fin de año es el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad en los centros comerciales y el interior de los establecimientos.

Según la gerente de mercadeo del centro comercial Santafé, Ximena González, “es fundamental ofrecer una experiencia de compra segura, cumpliendo todos los protocolos de bioseguridad y extendiendo algunas fechas de descuentos para mantener el distanciamiento y evitar las aglomeraciones”. Una apuesta similar es la que se ha implementado en el Gran San. Su gerente, Yansen Estupiñán, sabe que uno de los compromisos es no generar aglomeraciones, ya que en diciembre acostumbran recibir más de 10 mil personas por hora. No obstante, este año solo tienen permitido un aforo de 4.200.

“Vamos a tener controles y a incentivar para que las personas compren todo durante todo el día. También promoveremos nuestros madrugones virtuales para que, por medio de las plataformas, se animen a comprar, garantizando que es seguro, que las prendas les llegará y que cada marca que sale en nuestras redes sociales tiene respaldo de la administración del centro comercial”, comenta.

Sumado a esto, en la puerta tendrán controles con un software que les permite conocer el aforo en tiempo real. Tan pronto se pone en rojo, se impide el ingreso y se hace campaña para que quienes ya compraron salgan para liberar el cupo. Aunque factores como las limitaciones en el aforo y el impacto económico de la pandemia (sobre todo el aumento del desempleo y la pobreza) sugieren que las ventas no serán las mismas que las del año pasado, y cifras como las presentadas por Credibanco indican que la caída no sería tan drástica.

De acuerdo con esta empresa colombiana dedicada a sistemas de pago, el confinamiento causó que el número de las transacciones en el país cayera -35 % con relación a los dos primeros meses del año. Más adelante, en junio y julio, ya con una cuarentena sectorizada, la cifra se consolidó en -30 %. Con el inicio de la apertura económica y el aislamiento selectivo, la reducción fue del -12 %. “Con entusiasmo vemos que el consumo se ha dinamizado y los indicadores del mercado se aproximan a los que teníamos antes de la coyuntura del COVID-19”, asevera Diego Quesada, vicepresidente de transformación del negocio de Credibanco.

Desde la Cámara de Comercio de Bogotá se plantea otro elemento que ayudaría: el pago anticipado de la prima. Esto no solo incentivaría el consumo, sino que les permitiría a las personas hacer sus compras con tiempo. “Los productos exentos de IVA, como son juguetes, vestuario, útiles escolares, electrodomésticos, insumos agrícolas y computadores son un abanico de posibilidades que se abre para que los consumidores aprovechen y que esto ayude a la dinámica de la economía”, comunica la Cámara.

Los comerciantes se alistan y están comprometidos a ofrecer todas las alternativas para que no se sienta tanto el impacto de la pandemia. Solo falta que los ciudadanos pongan de su parte y no olviden que del autocuidado depende como se viva la Navidad.

¿Y los informales?

Pese al reto en bioseguridad, impedir el comercio informal no es una opción, pues con una tasa de desempleo del 20,5 % seguro más personas acudirán a esta labor para obtener ingresos. Libardo Asprilla, director del IPES, lo sabe y por eso anuncia el plan para mitigar el riesgo de contagio en diciembre.

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“Haremos la Feriatón Navideña interviniendo las zonas de mayor aglomeración, como San Victorino y el Parque Nacional”, explica. La idea es, con las alcaldías locales, organizar a los vendedores en zonas donde se pueda controlar el cumplimiento de las medidas de bioseguridad, como uso del tapabocas, el distanciamiento y la desinfección de manos. Solo en San Victorino, por ejemplo, se espera organizar a unos 400 comerciantes informales.

No obstante, esto no deja de ser una tarea compleja, pues con tanta gente y tras largas jornadas de trabajo se podría bajar la guardia, por lo que se reitera el mensaje del autocuidado. Las apuestas del IPES para el último mes también buscan beneficiar a las plazas de mercado. Teniendo el buen referente del Fritanga Fest, esperan desarrollar un concurso, esta vez, con el ajiaco.

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