El acoso sexual no siempre deja huellas visibles, pero sí marca rutinas, decisiones y recorridos. Cambiar de ruta, bajarse antes, evitar ciertas horas, fingir una llamada o aguantar en silencio son estrategias a las que miles de mujeres acuden a diario. Esa experiencia, aunque normalizada, no es aislada: responde a una problemática estructural que se refleja en las cifras oficiales.
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Y es que entre enero y octubre de 2025, la Secretaría de la Mujer atendió 329.562 hechos, de los cuales 196.004 estuvieron relacionados con algún tipo de violencia. Solo en el transporte público y el espacio urbano, entre enero y noviembre, 2.562 mujeres recibieron atención psicojurídica. De esos casos, 160 ocurrieron directamente dentro del sistema TransMilenio y fueron atendidos bajo los protocolos establecidos. A esto se suman 42 situaciones asociadas a afectaciones en salud mental.
Sin embargo, el dato más revelador no está solo en las atenciones, sino en lo que no se denuncia. Según cifras de la Veeduría Distrital, el 52 % de las mujeres en Bogotá ha sufrido acoso sexual, pero apenas el 28 % sabe dónde denunciar y solo el 8 % llega a hacerlo formalmente. Esa brecha entre lo que ocurre y lo que se reporta es el punto de partida de las acciones que hoy adelanta el Distrito para enfrentar el problema.
Estrategias que hoy se implementan en el sistema de transporte
Ante una realidad que se repite a diario, el Distrito ha fortalecido una serie de acciones para prevenir, atender y responder a los casos de acoso sexual. La apuesta no es solo reaccionar, sino construir un sistema que permita identificar riesgos, actuar con rapidez y acompañar a las víctimas.
TM26: el protocolo que activa la atención inmediata ante casos de acoso
Una de las herramientas centrales en la atención de casos de acoso sexual dentro del sistema de transporte es el código de emergencia TM26, un protocolo diseñado para activar una respuesta inmediata cuando se presenta un hecho de violencia basada en género.
El código TM26 funciona como una alerta rápida dentro del sistema. Cuando una persona se siente en riesgo o es víctima de acoso, solo tiene que avisar a cualquier trabajador del sistema,un conductor, un funcionario de estación, personal de seguridad o un policía, y decir que necesita activar el TM26. No hay que llenar formularios ni explicar todo en medio del momento. Con solo dar el aviso, se activa de inmediato la atención: el personal responde, se brinda acompañamiento y se coordina la ayuda necesaria. La idea es que nadie tenga que enfrentar una situación de violencia solo o quedarse sin apoyo cuando más lo necesita.
A corte de noviembre de 2025, 15.889 personas, entre conductores, personal de vigilancia, policías, equipos operativos y gestores territoriales, han sido capacitados en la aplicación de este código, como parte de la estrategia Mujeres seguras en el transporte público.
Durante ese mismo periodo, de los 150 casos de violencias basadas en género que se registraron dentro del sistema, se realizaron 115 activaciones del código TM26, todas atendidas con una efectividad del 100 %, según los reportes oficiales.
El alcance del programa seguirá ampliándose. Para el cierre de 2025, TransMilenio capacitó a 500 personas adicionales, con lo que el número total de personas formadas llegará a 16.068, fortaleciendo así la capacidad de reacción y atención ante situaciones de riesgo.
Sin embargo, la implementación del TM26 no ha significado, por sí sola, una reducción sustancial de los casos de acoso dentro del sistema. Las cifras muestran que, aunque el protocolo ha permitido atender de manera oportuna los hechos reportados, la violencia sexual sigue siendo una problemática persistente en el transporte público. Y es que el alcance del TM26 tiene un límite claro: no está diseñado para prevenir todas las agresiones, sino para responder cuando estas ya ocurrieron.
En ese sentido, la responsabilidad no recae únicamente en TransMilenio. La violencia de género es un problema estructural que atraviesa la ciudad y la sociedad en su conjunto. No obstante, sí existe un reto institucional en seguir fortaleciendo los mecanismos de control, la presencia en estaciones y buses, y el acompañamiento a las víctimas, de manera que la respuesta no se quede solo en la activación del protocolo, sino que se traduzca en mayor sensación de seguridad y confianza para las usuarias.
El TM26 representa un avance importante, pero su impacto dependerá de que vaya acompañado de más pedagogía, mayor visibilidad, seguimiento constante y una articulación real entre las entidades encargadas de prevenir, atender y sancionar este tipo de violencias. Solo así podrá convertirse no solo en una herramienta de reacción, sino en parte de una estrategia más amplia para reducir el acoso en el transporte público.
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Botón de pánico:
En medio de los esfuerzos por hacer del transporte público un espacio más seguro, TransMilenio puso a prueba una herramienta pensada para actuar justo cuando una persona necesita ayuda inmediata: el botón de pánico. Este mecanismo fue implementado como piloto en la estación Universidades–CityU, uno de los puntos con mayor flujo de estudiantes y usuarios jóvenes del sistema, con el objetivo de facilitar la denuncia y reducir los tiempos de respuesta ante situaciones de riesgo.
La idea era ofrecer una alternativa visible y de fácil acceso para que cualquier persona que se sintiera en peligro pudiera pedir ayuda sin tener que explicar lo ocurrido en medio del estrés o el miedo. Al activarlo, la alerta llegaba directamente al Centro de Control, lo que permitía una reacción más rápida por parte de los equipos operativos y de seguridad.
Sin embargo, en sus primeras semanas de funcionamiento, el botón generó confusión. En su momento, este diario conoció que la herramienta había sido activada en decenas de ocasiones de manera errónea, en parte porque el dispositivo estaba expuesto en la estación y no contaba con acompañamiento técnico ni señalización clara sobre su uso. Esto hizo que muchas activaciones no correspondieran a emergencias reales, desfasando las cifras iniciales.
Con el paso de los meses y tras el ajuste del protocolo, el panorama se aclaró. De acuerdo con la información entregada por TransMilenio, entre su implementación y el cierre de noviembre de 2025 se identificaron cinco activaciones efectivas del botón, correspondientes a situaciones reales de emergencia. De estas:
- Dos estuvieron relacionadas con presuntos casos de acoso sexual, atendidos bajo el protocolo del código TM26.
- Tres correspondieron a otros hechos, como intentos de hurto, quebrantos de salud y una riña dentro del sistema.
Aunque el número de activaciones fue reducido, el piloto permitió recoger información clave sobre los tiempos de respuesta, la articulación entre dependencias y la utilidad real de este tipo de herramientas en escenarios cotidianos. También dejó en evidencia la necesidad de acompañar estas medidas con mayor pedagogía, control y claridad sobre quién y cómo debe activarlas.
La fase piloto ya finalizó y actualmente TransMilenio evalúa los resultados para definir si el botón de pánico será ampliado a otras estaciones, así como los ajustes técnicos y operativos necesarios para fortalecer su funcionamiento. Entre los retos identificados está justamente evitar activaciones innecesarias y garantizar que el mecanismo sea usado únicamente en situaciones de riesgo real.
Más allá de las cifras, el objetivo de esta estrategia es claro: ofrecer a las usuarias una opción concreta para pedir ayuda, reducir los tiempos de atención y enviar un mensaje institucional de respaldo frente a los casos de acoso y violencia dentro del sistema.
El botón de pánico se suma así a un conjunto de medidas que buscan mejorar la experiencia de viaje, no solo desde la movilidad, sino desde la seguridad y el derecho de las personas —especialmente de las mujeres— a transitar sin miedo por la ciudad, aunque su efectividad final dependerá de cómo se fortalezca su implementación y del acompañamiento que reciba en el tiempo.
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TransMiLabs: escuchar para prevenir
Más allá de reaccionar ante los casos de acoso, el Distrito ha apostado por entender cómo se vive esta problemática en el día a día del transporte público. De ahí nace TransMiLabs, una estrategia participativa que busca construir soluciones a partir de las experiencias reales de quienes usan el sistema.
A través de esta iniciativa se han desarrollado seis espacios de diálogo y análisis, enfocados en temas clave como:
- El acoso sexual en entornos universitarios (CityU).
- Las masculinidades y la corresponsabilidad frente a la violencia.
- La movilidad de personas LGBTI.
- La movilidad del cuidado dentro del sistema.
- El rol de la niñez en el transporte público.
- La violencia sexual desde una mirada territorial.
Estos encuentros han contado con la participación de 1.274 personas, entre ciudadanía, universidades, entidades distritales y actores del sistema de transporte. El objetivo ha sido escuchar, identificar riesgos y construir respuestas más cercanas a la realidad, que no partan solo de la norma, sino de las experiencias cotidianas.
Los TransMiLabs se han desarrollado en articulación con entidades como la Secretaría de la Mujer, la Secretaría de Integración Social y TransMilenio, y han permitido activar ejercicios participativos tanto dentro como fuera del sistema, fortaleciendo un enfoque de género y diferencial en la prevención del acoso.
Más que espacios de conversación, estos laboratorios se han convertido en una herramienta para entender cómo se vive el transporte, qué barreras enfrentan las personas y qué cambios son necesarios para avanzar hacia un sistema más seguro e incluyente.
Atención integral: una respuesta que va más allá del transporte
La respuesta institucional frente al acoso no se limita a lo que ocurre dentro de buses o estaciones. Desde la Secretaría Distrital de la Mujer se ha fortalecido una red de atención integral que busca acompañar a las víctimas antes, durante y después de los hechos.
Durante 2025, este trabajo se ha traducido en:
- 1.897 atenciones psicojurídicas especializadas en transporte y espacio público.
- Jornadas pedagógicas y megatomas en estaciones y portales, orientadas a informar, prevenir y activar rutas de atención.
- Articulación permanente con TransMilenio, la Policía Metropolitana y la Secretaría de Movilidad para garantizar respuestas más rápidas y coordinadas.
A esto se suma la disponibilidad permanente de los canales de atención:
- Línea Púrpura: 01 8000 112 137
- Línea 195, opción 7
- Línea 123, para situaciones de emergencia
Estas herramientas buscan que ninguna mujer tenga que enfrentar sola una situación de violencia.
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El acoso no es normal
Las cifras dejan en evidencia una realidad que persiste y preocupa.
De acuerdo con los datos oficiales:
- El 90 % de las víctimas de acoso callejero son mujeres.
- Más de la mitad son niñas, adolescentes y jóvenes.
- El acoso laboral y sexual sigue en aumento, con un 22 % de mujeres jóvenes que han sido víctimas en su entorno de trabajo.
A este panorama se suma un incremento del 22% en los casos de violencia intrafamiliar y un aumento del 8 % en lesiones personales contra mujeres, lo que evidencia que la violencia de género sigue siendo una realidad persistente en la ciudad.
A pesar de que hay herramientas y mecanismos de apoyo, el desafío continúa siendo el mismo: que las mujeres puedan moverse tranquilas por la ciudad y que pedir ayuda no las ponga en una situación aún más vulnerable.
Erradicar el acoso no depende solo de reaccionar cuando ocurre, sino de transformar comportamientos, fortalecer la confianza en las instituciones y romper el silencio que durante años ha normalizado estas violencias. Porque moverse por la ciudad no debería ser un acto de valentía. Debería ser un derecho.
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