Aura Rodríguez, directora de Viva la Ciudadanía y coordinadora de la MOE Bogotá, es una de las observadoras más agudas de la antesala electoral en la capital. Desde su cargo viene liderando el equipo que no solo analiza los comportamientos atípicos de las elecciones, sino que alerta los múltiples riesgos que enfrenta la democracia. Producto de esa labor este miércoles presentó el mapa de riesgo electoral y hablamos con ella para conocer sus detalles.
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¿Podría explicarnos cómo se realiza este mapa de riesgo electoral de Bogotá, de cara a los próximos comicios?
Este es un análisis estadístico riguroso del comportamiento electoral en las últimas tres jornadas de Cámara y Senado, evaluando votos nulos, tarjetones no marcados y niveles de participación para identificar alertas en puestos específicos. Cruzamos estos datos con variables de violencia, para determinar en qué sectores la ciudadanía y las autoridades deben prestar mayor atención. El objetivo es fomentar cambios en el comportamiento ciudadano y orientar a las autoridades en acciones preventivas que garanticen un proceso electoral transparente y seguro.
Siguen los riesgos, por ejemplo, en Suba Rincón, Ciudad Bolívar o Bosa. Mediante la plataforma “Pilas con el Voto”, hemos recibido denuncias ciudadanas, donde se identifican posible compra y venta de votos en algunas de las localidades".
Aura Rodríguez
Dentro de ese ejercicio estadístico, ¿cuáles son las principales particularidades detectadas en la capital?
Lo más relevante es que la “media luna del sur” —que abarca localidades como Ciudad Bolívar, Bosa, Kennedy y parte de Usme— presenta comportamientos atípicos en la participación. Existen puestos de votación con una afluencia muy inferior a la media de Bogotá, que en las pasadas elecciones fue del 44%. Estos niveles bajos son preocupantes, pues facilitan la manipulación de los sufragios, el descontrol logístico y una escasa representatividad de los congresistas elegidos. Hacemos un llamado para que la ciudadanía no deje la elección del Congreso en manos del silencio. Si no votamos, le entregamos el futuro a violentos y corruptos.
Al indagar en esos sectores de riesgo, ¿qué tanto influye la violencia en la caracterización de los puestos de votación del suroccidente?
En el mapa nacional, Bogotá está calificada en “riesgo extremo”. Esto obedece no solo al asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe, sino a la altísima competencia, con más de 230 candidaturas en disputa. Además, el 70% de los aspirantes son rostros nuevos. Al no haber ocupado cargos previos, cuentan con menores esquemas de protección y mayor vulnerabilidad. También monitoreamos tasas de homicidio en algunos sectores, en donde podría reforzarse la vigilancia. Así como en otros procesos, en esta ocasión siguen los riesgos, por ejemplo, en Suba Rincón, Ciudad Bolívar o Bosa. Por último, mediante la plataforma “Pilas con el Voto”, hemos recibido denuncias ciudadanas, donde se identifican posible compra y venta de votos en algunas de las localidades y sabemos que estos son delitos que pueden entorpecer la libre elección y decisión.
Lo más relevante es que la “media luna del sur” —que abarca localidades como Ciudad Bolívar, Bosa, Kennedy y parte de Usme— presenta comportamientos atípicos en la participación".
Aura Rodríguez
Llama la atención que Usaquén, en el norte de la ciudad, presente un alto porcentaje de puestos en riesgo medio o alto. ¿A qué se debe esto?
Usaquén es una localidad que históricamente registra una participación superior al promedio, pero allí detectamos lo que denominamos “dominio electoral”. Identificamos puestos donde la votación se concentra masivamente (entre el 80% y 90%) en un solo partido o candidatura. Esto es una anomalía estadística, ya que en una democracia sana se espera una mayor diversidad de expresiones políticas en un mismo punto. Es una alerta para que ciudadanos, partidos y autoridades vigilen estas concentraciones inusuales.
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¿Qué particularidades encontraron en Sumapaz, donde 8 de cada 10 puestos presentan algún nivel de riesgo?
Sumapaz es un caso paradójico: es la localidad que, en promedio, más vota en Bogotá, lo cual es un comportamiento ejemplar. Sin embargo, las alertas surgen por el dominio electoral y por denuncias ciudadanas sobre propaganda violenta contra ciertos candidatos o sectores. También detectamos avisos de trashumancia electoral (trasteo de votos) desde municipios vecinos y un nivel de inscripción de cédulas que supera ampliamente el promedio normal de la ciudad.
Pregunta 6: En el otro extremo, localidades como Puente Aranda, Antonio Nariño, Engativá o, incluso, Kennedy registran un riesgo menor. ¿Qué factores influyen allí?
Bogotá, en general, tiene unos niveles de votación informada, de “voto de opinión”, y eso se ve un poco en estas localidades. Ha sido fundamental el trabajo de pedagogía electoral realizado por partidos y organizaciones sociales con los “primi-votantes”. La observación nos indica que, si un joven estrena su cédula votando, tiende a convertirse en un elector permanente; de lo contrario, suele derivar en la abstención. En estas localidades, la ciudadanía busca más información y encuentra candidaturas que realmente reflejan sus intereses.
Corferias es el puesto de votación más grande del país. ¿Por qué se mantiene bajo vigilancia especial en el mapa de riesgo?
Concentrar tal volumen de cédulas genera riesgos inherentes en el manejo del material electoral y en los escrutinios finales. Aunque la Registraduría ha tomado medidas para descongestionarlo, persisten mitos ciudadanos: personas que creen que pueden votar allí sin inscripción previa o utilizando el pasaporte. Esta confusión aumenta el riesgo de anomalías, por lo que mantenemos una observación permanente en este punto junto a medios de comunicación y testigos.
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¿Cómo contribuye el combate a la abstención a reducir estos riesgos electorales?
Estamos convencidos de que es mejor decidir a que otros decidan por nosotros. En Bogotá, casi 60 de cada 100 personas no votan. Es clave entender que cuando ejercemos este derecho, le quitamos poder a los corruptos y a quienes cometen delitos electorales. Estamos candados de esa apatía. La política nos afecta a todos diariamente, desde el pago del IVA hasta las decisiones sobre recursos públicos. Tenemos el derecho a decidir qué pasa con nuestros recursos, qué pasa con las decisiones públicas y votar es justo hacer parte de esas decisiones. Votar es asumir conscientemente la responsabilidad sobre nuestro futuro y resolver nuestras diferencias mediante mecanismos pacíficos en lugar del conflicto. Eso es lo que necesita este país, que nos apropiemos de tomar decisiones y de las consecuencias de esas decisiones; que tengamos claro que no todos tenemos que pensar igual y que la diferencia también se puede resolver en las urnas.
La observación nos indica que, si un joven estrena su cédula votando, tiende a convertirse en un elector permanente; de lo contrario, suele derivar en la abstención".
Aura Rodríguez
Retomando la calificación de “riesgo extremo” por violencia en Bogotá, ¿cómo dimensionar este nivel para quienes cuestionan dicha categoría?
Comparativamente, Bogotá registra un elevado número de homicidios y agresiones contra líderes sociales y políticos en el marco del proceso electoral. Por la magnitud de la ciudad, a veces estas particularidades se diluyen, pero hemos documentado ataques a sedes de partidos y amenazas mediante panfletos o grafitis. Lo que hemos visto es que justamente la diferencia político partidista está llevando a que la violencia y las agresiones entre personas aumente. Ante la violencia, la respuesta debe ser la participación masiva; votar fortalece la democracia y ayuda a cultivar la cultura política necesaria para superar el uso de la fuerza.
Para el Distrito, encargado de garantizar la tranquilidad de la jornada, ¿cuáles son las recomendaciones de la MOE?
La prioridad es la pedagogía electoral. Muchos votos se anulan por “analfabetismo electoral” o por no comprender el sistema de marcado. Es vital informar que en Bogotá habrá tres tarjetones y explicar la diferencia entre listas abiertas y cerradas. Asimismo, las autoridades deben vigilar el constreñimiento al elector; las empresas no pueden obligar a sus empleados a votar por una opción específica. El voto debe ser siempre libre y secreto.
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Comparativamente, ¿Bogotá ha mejorado o empeorado en este mapa de riesgo?
Aura Rodríguez: Creo que se han hecho grandes esfuerzos para ir superando problemas. Los riesgos se han transformado. En 2015 teníamos más de 120 puestos de votación a la intemperie; hoy son menos de 30, lo cual mejora la seguridad de las urnas ante imprevistos climáticos. Otra cosa interesante es que cada vez hay más representatividad en las localidades ¿Sabían que cinco localidades concentran más del 50% de la votación de toda la ciudad? No obstante, la participación sigue siendo insuficiente: 44 de cada 100 ciudadanos es una cifra baja. Como aspecto positivo, los partidos ahora hacen campaña en toda la ciudad y no solo en sus fortines tradicionales. Sin embargo, sigue apareciendo atipicidades. El gran déficit sigue siendo que el trámite de las diferencias aún se da, en ocasiones, por vías violentas. Hay mayor cultura política y de participación, pero hay que seguir mejorando. Todavía nos falta mucho y, sobre todo, en la tarea de cómo mostrar a las nuevas generaciones que vale la pena este ejercicio de votar.
¿Qué mensaje final envía a la ciudadanía, a los candidatos y a las autoridades?
A las autoridades les pedimos vigilancia extrema, transparencia y que todos los sistemas sean auditables, con acceso garantizado a los formularios E-14. A los partidos, que realicen campañas basadas en propuestas claras y lleguen a todos los públicos. A los ciudadanos, un doble llamado: si son jurados, capacítense y asuman su rol con altura; si son militantes, participen como testigos electorales para cuidar el proceso. La democracia está en nuestras manos; nos corresponde vigilarla, participar y protegerla.
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