Todos alguna vez nos hemos sentido solos. Pero es una sensación difícil de definir: es un estado que no es precisamente pernicioso, pero se asocia a algo negativo. El no saber estar solo es quizá otro problema, pero, ¿cuándo la soledad empieza a deteriorar la salud mental? Un estudio de la Universidad Manuela Beltrán encontró que la soledad se ha esparcido entre la población estudiantil, siendo otro factor que deteriora la salud mental de los jóvenes.
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La universidad realizó una encuesta a jóvenes universitarios durante el mes de mayo para conocer cómo viven la soledad, qué tan fuertes son sus redes de apoyo, cómo influyen las redes sociales en su bienestar emocional y si buscan ayuda profesional. “Son temas que requieren atención permanente en las universidades”, dice Claudia Yaya, experta del Programa de Psicología de la Universidad Manuela Beltrán.
Hola, soledad
La soledad es, ante todo, una experiencia emocional. No significa lo mismo para todas las personas. Existe una soledad elegida y otra no deseada, lo que cambia radicalmente la forma en que cada individuo se relaciona con su entorno.
“No depende únicamente de cuántas personas nos rodean. Se puede estar acompañado y sentirse solo. Lo importante es la calidad de los vínculos: con la familia, los amigos, las instituciones, el trabajo o la universidad”, añade la experta.
Teniendo esa idea en mente, para la psicóloga, el principal hallazgo del estudio es que la soledad es una realidad frecuente entre los universitarios. El 82,1 % manifestó haber experimentado esta sensación alguna vez y cerca de uno de cada cuatro afirmó sentirla de manera frecuente o permanente, lo que más llamó la atención de investigadoras como Yaya.
Además, más el 50 % de los participantes dijo no contar siempre con una red de apoyo emocional disponible, un aspecto que terminó convirtiéndose en uno de los focos principales del estudio. “También encontramos que el 42 % pasa más de cinco horas al día en redes sociales. Sin embargo, es importante aclarar que las redes sociales no son buenas ni malas por sí mismas; su impacto depende del tipo de uso y del contexto de cada joven”.
Otro dato interesante es que cuatro de cada diez jóvenes ya han buscado apoyo psicológico. “Hace algunos años existía la idea de que el psicólogo era para los locos. Hoy esa percepción está cambiando. El psicólogo es para cualquier persona que enfrenta dificultades, y todos las tenemos. Esto demuestra una mayor apertura hacia el cuidado de la salud mental, aunque todavía persisten algunos estigmas”.
Bogotá registra un aumento de la ideación suicida entre los jóvenes
Medir qué tan solo se sientes los jóvenes es clave para entender otro fenómeno que preocupa en Bogotá: el aumento de la ideación suicida, indicador que, junto al suicidio, ayudan a medir el estado de salud mental de la población capitalina.
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Datos revelados por la concejala Diana Diago indican que suicidios en jóvenes aumentan así como entre los menores de edad, una tendencia creciente en los últimos tres años. Cifras de SaluData, por su parte, señalan que en 2023 se registraron 28.032 casos de ideación suicida; en 2024 la cifra aumentó a 30.209, lo que representa un incremento del 7,8 %. Para 2025, los registros llegaron a 30.667, un crecimiento del 1,5 % frente al año anterior. En comparación con 2023, el aumento acumulado es del 9,4 %.
Las notificaciones por ideación suicida en Bogotá muestran que las personas solteras concentran la mayor cantidad de casos. En 2025 se registraron 24.290 notificaciones en este grupo (15.095 mujeres y 9.195 hombres), muy por encima de quienes viven en unión libre (2.816), están casados (1.746), separados (1.329), divorciados (249) o viudos (203).
Aunque el estado civil por sí solo no explica la ideación suicida, expertos advierten que la soledad, el aislamiento y la ausencia de redes de apoyo, incrementan el riesgo.
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¿Por qué los jóvenes están experimentando más esta sensación?
La sobreexposición en redes sociales, las características de una ciudad que se configura para aislar a sus habitantes, son algunas claves para entender por qué algunos jóvenes pueden llegar a sentir una sobrecarga de vacío. “Cada generación se relaciona de manera distinta y enfrenta contextos diferentes. La soledad en los jóvenes no puede entenderse de forma lineal; es un fenómeno complejo influenciado por factores familiares, sociales, académicos, tecnológicos y económicos”, dice Yaya.
El estudio de la Manuela Beltrán también muestra que el 57,9 % de jóvenes encuestados permanece entre dos y cuatro horas diarias en redes sociales, mientras que el 30,6 % dedica entre cinco y siete horas, y el 11,5 % supera las siete horas cada día.
Hans Acero, investigador del Programa de la universidad señala: “en la era actual se observa la paradoja de la hiperconectividad: los jóvenes están expuestos a un flujo constante de interacciones superficiales, pero carecen de vínculos íntimos y cualitativos, lo que fomenta una percepción de aislamiento crónico o frecuente en casi el 26 % de los encuestados”.
Yaya añade: “esto favorece comparaciones constantes, la necesidad de validación y distintos miedos que afectan el bienestar emocional”.
A lo anterior se suma todo lo que implica habitar en una ciudad como Bogotá. “Es una ciudad compleja: es una ciudad de todos, pero al mismo tiempo de nadie. Existe mucha migración y movilidad. Muchos estudiantes llegan desde otras ciudades o países y deben enfrentar un duelo migratorio al dejar a sus familias y redes de apoyo para iniciar su formación profesional. La inseguridad, la contaminación y otras condiciones propias de la ciudad también pueden relacionarse con la experiencia de la soledad”, añade.
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¿Qué riesgos tiene no atender esta sensación de soledad?
Cuando la soledad no se trabaja, puede favorecer diferentes afectaciones en la salud mental. Puede derivar en depresión, caracterizada por tristeza persistente, pérdida de interés y sensación de vacío. También puede desarrollarse ansiedad, asociada al miedo al rechazo, la preocupación excesiva o las dificultades para relacionarse socialmente.
“A esto se suman problemas de autoestima, alteraciones del sueño e, incluso, riesgos mayores como el consumo de sustancias psicoactivas o la aparición de ideación suicida.”
Es por eso que, cuando una persona presenta una crisis puede recibir primeros auxilios psicológicos, que pueden ser brindados por profesionales capacitados. El objetivo es contener la situación y orientar a la persona hacia un acompañamiento especializado. Si los síntomas persisten durante tres o seis meses, es importante iniciar un proceso de psicoterapia.
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“Las nuevas generaciones han desarrollado una mayor capacidad para reconocer cuándo necesitan ayuda. Antes existía una fuerte estigmatización y muchas personas no diferenciaban entre psicología y psiquiatría, ahora las barreras son otras, más relacionadas a la salud. El psiquiatra es un médico que puede formular medicamentos y trabaja sobre diagnósticos específicos. El psicólogo, en cambio, no medica. Su función es acompañar a las personas en las dificultades de la vida cotidiana, tengan o no un trastorno mental”, explica la docente.
En psicología no damos consejos ni soluciones; ayudamos a que cada persona comprenda su situación y encuentre sus propias herramientas para afrontarla. Esa comprensión ha hecho que los jóvenes perciban el acompañamiento psicológico como algo cercano, útil y accesible“.
Claudia Yaya, docente de psicología.
La salud mental ya no puede entenderse como un asunto exclusivamente individual. Hoy sabemos que depende de múltiples factores sociales y relacionales.
“La principal conclusión de nuestro estudio es que la soledad debe entenderse como un fenómeno social y emocional que exige fortalecer las redes de apoyo, promover relaciones significativas y consolidar espacios de bienestar dentro de las universidades”.
Los jóvenes nunca habían estado tan conectados digitalmente como ahora, pero eso no garantiza que se sientan acompañados, menos en una ciudad atomizada. En ese espectro, la calidad de las relaciones, el fortalecimiento de los mecanismos de ayuda sigue siendo el principal factor protector de la salud mental.
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