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Un nuevo estudio, publicado en la mañana de este lunes 14 de septiembre, revela nuevos detalles sobre cómo la contaminación atmosférica influye en el riesgo de sufrir enfermedades graves causadas por bacterias. La investigación, en particular, indagó sobre la relación entre la calidad del aire, así como de las condiciones atmosféricas, en las tasas de infección por neumococo, una bacteria que puede provocar neumonía, meningitis o infecciones del torrente sanguíneo.
Como explican los autores de la investigación, que fue publicada en la revista Nature Microbiology, aunque ya existía evidencia de que la ocurrencia de la enfermedad neumocócica invasiva (ENI) estaba relacionada con la contaminación, al presentar, por ejemplo, picos estacionales pronunciados, la interacción entre estas bacterias y los factores ambientales no había sido estudiada del todo.
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La investigación, que hace parte del proyecto Global Pneumococcal Sequencing, analizó más de 59.000 casos de ENI notificados entre 2005 y 2023 en hospitales de Sudáfrica. Estos fueron analizados a través de modelos matemáticos junto con datos relacionados con la contaminación atmosférica, la temperatura y la humedad.
Con esta metodología, entre los hallazgos principales que reporta el estudio, se encuentra una asociación positiva entre la contaminación atmosférica (PM2,5) y enfermedades pulmonares causadas, principalmente, por procesos infecciosos. Según los autores, esta relación variaba en función de la edad, la presentación clínica de la enfermedad y, sobre todo, del serotipo y el linaje.
De acuerdo con el estudio, el mayor riesgo acumulado por la presencia de contaminación fue para personas mayores de 65 años. En contraste, se detectó un efecto más inmediato por este factor en pacientes entre los 15 y 64, aunque esto último podría estar asociado con la prevalencia de VIH.
Por su parte, los autores también señalan que “un periodo de ocho semanas, una humedad relativa moderada y unas temperaturas mínimas frías (4-10 °C) aumentaron el riesgo de este tipo de infección en un 5 % y un 4 %, respectivamente. Por el contrario, las temperaturas máximas cálidas (27-38 °C) se asociaron con un aumento del riesgo de hasta un 10 % en la semana siguiente a la exposición”.
En entrevista con la agencia SINC, Sophie Belman, primera autora del estudio y antigua miembro del grupo Resiliencia en Salud Global (Global Health Resilience, GHR) del Departamento de Ciencias de la Tierra del BSC, actualmente profesora adjunta en la Escuela de Salud Pública de Yale, afirmó que “aunque hemos descubierto que la temperatura y la contaminación atmosférica aumentan en general el riesgo de enfermedades neumocócicas invasivas, como la meningitis bacteriana, nuestra investigación también sugiere que son los subtipos bacterianos que porta una persona los que modulan las tasas de infección”.
En línea con esto, los investigadores también hallaron un vínculo entre el tipo de serotipo de las bacterias involucradas —cabe señalar que hay más de 100 serotipos y cientos de linajes genéticos de la bacteria Streptococcus pneumoniae—, en particular para los serotipos 8 y PCV13. Esto, según los investigadores, indicaría que la contaminación favorecería ciertos linajes de estas bacterias sobre otros.
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Si bien los autores destacan que estos hallazgos dan nuevas pistas sobre la relación entre la contaminación atmosférica y las infecciones bacterianas, estos admiten que se necesitan modelos ajustados a cada región para medir bien el impacto de la contaminación en las enfermedades contagiosas. “Las poblaciones bacterianas responden de forma desigual al entorno. Nuestros resultados sugieren que el cambio climático y la urbanización podrían alterar la dinámica de las enfermedades infecciosas prevenibles mediante la prevención y el control. Cumplir los umbrales establecidos en las políticas sobre contaminación atmosférica sigue siendo una prioridad fundamental para proteger la salud humana”, concluyen los autores del estudio.
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