Cada vez es más común ver herramientas de inteligencia artificial que prometen hacer más fácil comunicarse con personas que hablan otros idiomas, sin necesitarlos aprender. Básicamente, se trata de aplicaciones que pueden traducir texto en tiempo real, transcribir conversaciones, generar subtítulos automáticos o incluso producir traducciones de voz con cierta naturalidad. Estas tecnologías buscan derribar la barrera del idioma, acercar personas y facilitar la comunicación global, pero han abierto también una pregunta muy interesante: ¿significa todo esto que el proceso de aprender otro idioma pronto será cosa del pasado?
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Un grupo de académicos del aprendizaje de idiomas asistido por computadora y la lingüística se hizo esta pregunta en un artículo publicado en The Conversation. No dudan de que estas herramientas de IA son útiles para muchas personas, especialmente para turistas o en cualquier situación puramente transaccional, pero definitivamente creen que nunca podrán reemplazar “el valor duradero y transformador de aprender y hablar idiomas más allá de la lengua materna”.
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Hay, en primer lugar, una serie de razones de índole cognitivo. Desde hace mucho tiempo los científicos saben que hablar dos idiomas de manera regular ha demostrado conducir a cambios cognitivos generales que persisten a lo largo de toda la vida. Por ejemplo, el bilingüismo, es decir, hablar más de un idioma, parece tener un efecto protector de largo plazo contra la demencia. Estudios muestran que las personas bilingües suelen retrasar la aparición de los síntomas de demencia hasta por cuatro años en comparación con quienes solo hablan un idioma.
Por eso se dice que el bilingüismo funciona como una “reserva cognitiva”, una especie de capacidad cerebral extra que ayuda a mantener las funciones cognitivas, aunque aún no se sabe exactamente cómo se forma esta reserva.
Investigaciones con adultos jóvenes sugieren que hablar más de un idioma fortalece la sustancia blanca del cerebro (las conexiones entre distintas regiones). En 2017, un grupo de investigadores buscó analizar y confirmar o negar esto usando una técnica de imágenes cerebrales llamada tensor de difusión (DTI), que permite estudiar la microestructura de la sustancia blanca. Los investigadores compararon personas monolingües y bilingües, controlando factores como la inteligencia, la puntuación en tests cognitivos y variables demográficas, para asegurarse de que las diferencias observadas realmente se debieran al bilingüismo.
Tras controlar todos los factores, los científicos encontraron que los bilingües tenían mayor difusividad axial en el fascículo longitudinal superior izquierdo, una vía de conexión muy importante del cerebro. Esto, concluyeron en su estudio, respalda la idea de que el bilingüismo contribuye a una reserva neuronal.
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Saber varios idiomas también podría favorecer la memoria. El recuerdo de eventos específicos, lo que los científicos llaman memoria episódica, suele empeorar con la edad. Una de las razones es que las personas mayores a veces tienen un funcionamiento ejecutivo menos eficiente, es decir, menos capacidad para planificar, organizar y controlar cómo codifican o recuerdan información. Esto puede dificultar que recuerden detalles de forma precisa.
Los adultos mayores bilingües suelen tener un funcionamiento ejecutivo más fuerte que los monolingües, porque controlar dos idiomas requiere atención constante y flexibilidad mental. Por eso, los investigadores plantearon la hipótesis de que los bilingües podrían mantener mejor su memoria episódica en la vejez. Para comprobarlo, un grupo de investigadores comparó en otro estudio a adultos mayores bilingües y monolingües en dos pruebas: tarea de recuerdo de escenas (para medir memoria episódica) y tarea de Simon (para medir funcionamiento ejecutivo, como la capacidad de concentrarse y suprimir distracciones.
Los resultados mostraron que los bilingües recordaban más detalles que los monolingües. Dentro del grupo bilingüe, aquellos que habían aprendido su segundo idioma antes y lo habían usado durante más años obtuvieron mejores resultados. También se confirmó que los bilingües tenían mayor funcionamiento ejecutivo, y que este nivel estaba relacionado con un mejor desempeño en la memoria.
Aunque la investigación sobre bilingüismo ha crecido en los últimos años, la mayoría de los estudios se han centrado en funciones ejecutivas (como la planificación, la atención o la memoria de trabajo, algunos de los cuales ya mencionamos), dejando de lado otros beneficios cognitivos, como la creatividad, la empatía o la comprensión social. En 2019, el informe “Cognitive Benefits of Language Learning” de la British Academy (la principal institución del Reino Unido dedicada a las ciencias sociales y las humanidades) buscó contribuir a llenar ese vacío.
Para elaborar el gran informe de revisión, los investigadores combinaron distintas fuentes de información: revisaron estudios académicos internacionales y británicos, analizaron literatura no académica como publicaciones de docentes o contenidos en redes sociales, y realizaron entrevistas con educadores, responsables de políticas, empleadores y el público general. El objetivo era generar un panorama completo sobre cómo el aprendizaje de idiomas impacta la mente y la sociedad, y qué implicaciones tiene para la educación y la política pública.
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Entre los hallazgos más importantes, se encontró evidencia de que aprender idiomas puede mejorar la creatividad y generar beneficios en otras áreas del aprendizaje, aunque la mayoría de los estudios se han hecho con personas aprendiendo inglés como segunda lengua, por lo que se sugiere más investigación dentro del contexto británico. El informe destaca que programas de aprendizaje de idiomas dirigidos a adultos mayores podrían ayudar a construir reserva cognitiva, es decir, fortalecer el cerebro frente al envejecimiento.
Se sabe que aprender un idioma activa entonces redes cerebrales que se ven afectadas con la edad, lo que podría retrasar el deterioro cognitivo y mantener habilidades como la memoria, la atención y la flexibilidad mental. Por último, los investigadores insistieron en que para fomentar el aprendizaje de idiomas es importante demostrar beneficios concretos y aplicables, como mejoras en otras materias escolares, desarrollo de creatividad y habilidades para resolver problemas.
Todo esto habla de unos evidentes beneficios cognitivos, pero los científicos en The Conversation fueron un poco más allá y hablaron de los beneficios sociales.
Una manera diferente de ver el mundo
“La identidad importa tanto como el contenido. Conocer a tus suegros, presentarte en el trabajo, dar la bienvenida a una delegación o hablar ante un público escéptico implica confianza y capital social. El humor, los modismos, la formalidad, el tono, el ritmo y el lenguaje corporal moldean no solo lo que dices, sino también quién eres. El esfuerzo de aprender un idioma transmite respeto, confianza y la disposición a ver el mundo a través de los ojos de otra persona”, dicen los académicos.
Cuando se aprende otro idioma, no solo se amplía la mente y la memoria, sino que también se desarrollan habilidades sociales y culturales. Permite entender mejor a los demás, adaptarse a diferentes contextos, construir relaciones más sólidas y comunicarse de manera más empática. Visto de esa manera, aprender idiomas no es solo un ejercicio intelectual: es una forma de conectarse con el mundo, de apreciar otras formas de pensar y de relacionarse con personas de distintas culturas.
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“Creemos que aprender idiomas es una de las formas más exigentes y gratificantes de trabajo profundo, que desarrolla resiliencia cognitiva, empatía, identidad y sentido de comunidad de maneras que la tecnología apenas puede replicar”, señalan los académicos en The Conversation. Cada idioma lleva consigo una cultura y una historia, y al dominarlo, se puede conectar con otros grupos y comunidades. Esto crea un vínculo más profundo con la sociedad y refuerza la idea de pertenencia, algo que la tecnología, por muy avanzada que sea, apenas puede replicar.
Entonces, de nuevo, ¿cuál es el valor de aprender otro idioma cuando la IA puede manejar frases turísticas, conversaciones casuales y navegación urbana?, se preguntan los académicos. Y responden: “La respuesta, en nuestra opinión, no está en encuentros fugaces, sino en cultivar capacidades duraderas: la curiosidad, la empatía, una comprensión más profunda de los demás, la remodelación de la identidad y la promesa de un crecimiento cognitivo duradero”.
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